La Secretaría de Salud determinará las medidas que se implementarán próximamente para hacer frente a la crisis sanitaria y sus efectos en el país y que estarán vigentes hasta el 30 de abril.

El Gobierno de México ha decretado el estado de emergencia sanitaria nacional por la epidemia del nuevo coronavirus. La noticia se produce poco después de que la Secretaría de Salud confirmara que el número de infectados con el SARS-CoV-2...

Es un paquete microscópico de material genético rodeado de una capa de proteína y sólo mide una milésima parte de un cabello humano.

Sin embargo, este letal virus, llamado SARS-CoV-2, ya se ha propagado a casi todos los países del mundo y ha contagiado a más de medio millón de personas desde que fue identificado en China en diciembre de 2019...

Petróleos Mexicanos (Pemex) informó que opera en fase de máxima emergencia ante la epidemia del coronavirus en el país.

El precio de la mezcla mexicana de exportación se desplomó este lunes a su peor nivel desde junio de 1999, tras cotizarse en 10,37 dólares por barril, lo que representó una caída del 20,23 %.

Hace un año, la mezcla mexicana de exportación se vendía en 60,47 dólares por barril de petróleo, lo que implica una caída...

En el estado de Nueva York se han confirmado 253 nuevos casos fatales durante las últimas 24 horas.

En EE.UU. este 30 de marzo se han registrado 163.429 personas contagiadas de coronavirus, según los datos de la Universidad Johns Hopkins, mientras que el total de casos de fatales ha alcanzado los 3.008.

EE.UU. se convirtió el pasado viernes en el primer país en superar los 100.000...

*El sistema financiero, economía de pillaje y la política de la Reserva Federal

*La apuesta del esquisto a EUA le sirve solo para amenazar, no para competir

*Pandemia (fabricada), guerra bacteriológica, ¿quién juzgará a los asesinos?

Por Salvador González Briceño

“Las películas nos han robado nuestros sueños. De todas las traiciones esta es la peor”: F. Scott Fitzgerald.

A la Memoria de Alejandro Nadal Egea.

Muchas son las interpretaciones que han visto la luz en los medios de comunicación dominantes en el mundo sobre el Coronavirus (Covid-19), su profusa propagación y las temibles consecuencias. Por distracción o especulación profusa, difusa y también confusa. Pero todo suena exageración y principalmente, uso del miedo para la manipulación.

La principal característica es que se trata de un ataque virulento, raro e inaudito. La pandemia aparece principalmente en el contexto donde los países desarrollados tratan de negar, a toda costa, la debacle en puerta. Es decir, una crisis económica que conlleva lastres generados por el neoliberalismo y la globalización. Así como la disputa por el poder hegemónico global y multilateral.

Entre las causales, las últimas, destaca la rapacidad del sector financiero especulativo por arriba de la economía real, con millonarios créditos baratos para unos cuantos —los bancos, “tan importantes que no pueden quebrar”—, y las políticas de la Reserva Federal que imprime dólares a toda máquina. Medidas para sostener una economía de pillaje, como ocurre en los países desarrollados, a beneficio siempre de una cúpula y un crecimiento económico ficticio.

Contra Natura, pero con el coronavirus pretenden hacernos creer —quienes controlan el miedo— que la madre naturaleza se volvió, de golpe y porrazo, contra sus depredadores los humanos. Un procedimiento tan oscuro que asemeja más “arma de destrucción masiva” creada en laboratorios, que algo normal.

Es decir, el presunto origen chino del virulento agente y el increíble contagio por el murciélago, como plaga que corre a la velocidad de la luz dirigida a países específicos resulta, más que otra cosa, un asunto criminal de ordenanza occidental.

Porque curiosamente los contagios alcanzaron a más de 100 países en unas cuantas semanas. Un fenómeno “científico” creado con fines económicos y propagado para desestabilizar y dominar utilizando el miedo como estrategia social.

La pandemia amenaza

Pues bien, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró “pandemia”, fue porque el Covid-19 rebasó los límites de contagio “natural”. Se volvió amenaza para la humanidad, por los fallecidos en países específicos como China, Irán, Italia y España.

Es decir, una crisis a modo para causar desastre a los “enemigos geopolíticos” de Occidente; para golpear a países incómodos, la vieja Europa incluida hoy enemiga del Brexit. A Irán. Y a China también, por la fortaleza económica y la competencia global para el ya añejo predominio estadounidense.

Basta minar el avance de China, país que pronto conquistará el mundo con la Nueva Ruta de la Seda. Una iniciativa para generar inversiones millonarias en infraestructura a su paso por los países de la ruta, acción incluyente de amplio alcance, aún dentro de la modalidad neoliberal-conservadora de la globalización occidental.

Sin dejar de lado, desde luego, los avances económicos conseguidos a la fecha en los mercados otrora controlados por la fuerza única del dólar, y donde el viejo esquema de la guerra fría era lo importante. Ruta de contención moderna del control estadounidense, por China como fuente del poder mundial, uno de los brazos de la multipolaridad internacional que avanza hoy.

Otra de las ideas es que el motor asiático ha recomprado tanto la deuda pública de los acreedores, en las actuales condiciones de baja de acciones por las bolsas del mundo causa de la pandemia, que o bien recompra las propias o adquiere otras del bloque occidental. Como que a río revuelto… Sin dejar de lado, renglón aparte, que empresas chinas destacan en sectores de punta por encima de las gringas.

Esto es, que el golpeteo a empresas de origen chino en términos de producción, exportación y por tanto de ganancias, como lo pretendió Donald Trump mediante la “guerra comercial” desatada, que solo trajo dolores de cabeza a Washington y sus multinacionales, que más pronto que tarde salieron perdiendo.

Basta recordar que a Trump se le olvidó que la economía globalizada funciona vía las cadenas de valor, en donde las chinas son altamente competitivas en calidad y precio nada fáciles de aniquilar, como era la idea inicial del presidente del “América primero”.

Por cierto, los últimos meses Trump hizo de todo para debilitar a la economía china, pero solo consiguió fortalecerla. China regresó golpe a golpe a la economía estadounidense, en áreas visibles como telecomunicaciones, robótica, vacunas anticoronavirus incluidas, etc.

La defensa financista

Lo dicho se puede medir también en los mercados financieros, que han resentido el impacto de la pandemia; en las bolsas de los países del mundo, principalmente Wall Street, que han sufrido dos fuertes caídas dadas las expectativas de inversión y ganancia (coronavirus, depresión, caída de los precios del petróleo, etc.) que están por los suelos.

Otra de las interpretaciones es el rescate del sistema financiero —sobre todo estadounidense—, tanto de grandes empresas como de bancos para evitar su quiebra. De ahí que la Reserva Federal (Fed) como ente privado, haya decidido bajar las tasas de interés al máximo, de entre el 0 y el .25 por ciento.

Una jugada maestra para, entre otros fines, evitar el resquebrajamiento de la economía estadounidense en forma de crisis estructural, al punto del estallido por su extrema fragilidad: deuda, deflación, dinero fíat, falta de crecimiento, alta concentración de riqueza y abandono de trabajadores y clase media, pobreza social, sistema escolar deprimido, etc.

La economía de este país, por cierto, no se recupera desde la crisis bursátil del 2008-2009, cuando la llamada flexibilización cuantitativa rescató a los “grandes inversionistas” para evitar su inminente caída, pero nada más. Salida en falso que mejoró nada la economía real. En ese contexto aparece hoy la salvación, la pandemia para evitar una depresión superior a la de 1929.

No es novedad que, en teoría el modelo de producción de capital —capitalista en esencia, aún en su fase imperialista-especulativa— no se salva de las inevitables crisis cíclicas, así le dé mil vueltas. Peor ahora que la volatilidad financiera desde Wall Street es alentada desde las medidas adoptadas por la Fed.

Otro de los impactos de la pandemia se refiere a los energéticos. Pronto, desde las caídas bolsistas del mes de marzo, la amenaza alcanzó al mercado petrolero, cuando los productores no pudieron acordar sostener cuotas de extracción-exportación, y de ese modo mantener niveles aceptables de precios internacionales de barril de petróleo.

En esto, por cierto, tanto Arabia Saudí como Rusia —ni siquiera la OPEP y menos los EUA—, le apuestan a ganar más que perder, por no decir que pueden controlar el mercado. Al contrario, para Trump que le apuesta todo al petróleo esquisto, pero solo sirve para amenazar a los principales productores, no para competir. Ni para el abasto de sus propias necesidades, esa máquina que es la mayor consumidora del mundo, menos para controlar el mercado mundial. Por ello insiste en invadir a Venezuela.

El miedo, el shock

Sobra recordar que —entre otros de los impactos descritos hasta ahora— gracias a la manipulación mediática sobre la pandemia Covid-19, la población mundial ha entrado en una etapa de shock, de miedo literal donde avanzan las compras de pánico, hasta de víveres. El miedo como estrategia de dominación y de control, para los fines a los que haya lugar, según las políticas del decadente imperio estadounidense.

Suena el run-run que se trataría de obligar a la población del mundo a vacunase —sin importar a nadie la cifra de los caídos—, con una dosis cuya incrustación serviría para colocar bajo la piel el chip —el sello de la bestia—, como lo han orquestado los pregoneros del viejo Nuevo Orden Mundial (NOM).

Vieja idea, porque ya se acabó la era del control unilateral, del predominio del complejo militar-industrial de los halcones guerreristas, del Pentágono y todos aquellos grupos promotores de las guerras. Los del viejo orden mundial comandado por el hegemón dominante a la caída del bloque soviético; ese país, EUA, ya no existe de cara al pujante orden multilateral frente aquellas potencias que están dando la batalla como China y Rusia, India, Irán y otros.

Baste señalar por ahora, que entre los presuntos implicados creadores y propagadores del coronavirus, destacan personajes como Bill Gates, asiduo promotor y defensor del viejo NOM mencionado. Este personaje anticipaba ya en 2015, sobre el peligro de un microbio “altamente contagioso”, más agresivo que una guerra, al tiempo que afirmaba: la “comunidad internacional” no estaría preparada para una “pandemia”.

Así, en una de esas “charlas TED” (bajo el eslogan: “ideas que vale la pena difundir”), Gates anticipaba “algo parecido a lo que ocurre ahora” con el Covid-19. entonces hablaba de la amenaza, de una virulencia “altamente contagiosa” que metería al planeta en apuros.

Algo capaz de “matar a 10 millones de personas, (y) no serán misiles sino virus”, el cofundador de Microsoft como gran adivino. “Puede ser —advertía entonces— un virus en que las personas se sientan lo suficientemente bien al estar infectadas, como para subirse a un avión o ir al mercado, y sucedería que pronto se extendería por el mundo, muy rápidamente”.

En este sentido, agregó Gates: “Es momento de poner todas nuestras buenas ideas en operación, desde imaginar escenarios, pasando por la investigación sobre vacunas y el entrenamiento a trabajadores. No hay necesidad de provocar pánico… pero hay que empezar a actuar”.

Y concluía así: “Se ha invertido muy poco para detener epidemias. No estamos preparados para la próxima epidemia”. (Fuente: https://tinyurl.com/vu45pgf). ¿Cuántos más de esos inversionistas asesinos estarían detrás del coronavirus? ¿Cuántos más de ellos, laboratorios e investigadores, serán los generadores de esta guerra de “destrucción masiva” moderna?

No de gratis se menciona al coronavirus, como creación de países desarrollados ha sido propagado con fines geopolíticos. En donde EUA es el primer señalado —otro, Israel—, imperio en decadencia dispuesto a empuñar un arma en contra de la competencia de la multipolaridad.

La disputa geopolítica

Fiera herida, o pataleos de un imperio decadente. Donde, entre otras cosas, la pandemia sirve para contener la inminente caída del imperio, desde adentro por factores internos. La pandemia es uno de los métodos. Solo uno de los tantos que utiliza el imperio estadounidense en su lucha por sobrevivir, en un mundo que dejó de ser unipolar y avanza hacia la multipolaridad.

La disputa está en todos los escenarios geopolíticos. Trump, con su tesis de América Primero, avanza en su lucha por la conservación de su liderazgo y control por todos los métodos, mediante la guerra en todas sus expresiones y con el apoyo de los medios de comunicación controlados desde Washington.

EUA, ahora, no tiene más aliados que Gran Bretaña. Otros como Israel, Japón, Canadá, Australia, entre los más, son condicionales. La mayoría de países, entre otros como la Unión Europea, rechazan las decisiones estadunidenses. La disrupción de Trump en el escenario global no tiene el consenso, menos porque ha roto la arquitectura jurídica internacional construida al menos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Por ello, a los países que disputan la hegemonía del decadente imperio, Rusia y China, se suman otros como India, Irán (Cuba y Venezuela por Latinoamérica), más los que proceden cauta o soterradamente y no actúan abiertamente por las amenazas estadounidenses, como el bloqueo económico o la guerra como tal en Medio Oriente.

Es el caso de países como Alemania, Francia, etcétera, así como aquellos otros golpeados con la guerra, países que han sido invadidos para arrebatarles sus recursos naturales. En el terreno geopolítico, las disputas están en los frentes de batalla. Entre las principales potencias, la guerra es por todos los medios, terrenos y formas.

Estados Unidos, como la principal amenaza para el mundo. Aliado del terrorismo, el imperio estadounidense es el principal promotor, que financia y capacita y mueve los hilos de los grupos más violentos y útiles para sus fines. Sin olvidar el apoyo que recibe de países como Arabia Saudí o Israel en estos menesteres. Escenarios que cambiaron, principalmente a partir del 11 de septiembre de 2001.

Terrorismo de Estado. Con todos los artilugios de la guerra. Lo del Covid-19 es guerra biológica o bacteriológica. Ahora cabe preguntar: ¿Quién juzgará a los asesinos? ¿Quién los llevará al banquillo de los acusados?

Solo no hay que olvidar que la madre Natura tampoco calla. Ah, pero el cambio climático no existe. Como por decreto presidencial de los principales países contaminantes del mundo: EUA y China también. (18-20 marzo 2020).

*) Director de geopolítica.com, @sal_briceo.

 

*El mundo se enfrenta a una suerte de Estado de excepción, ¿prefabricado?

*Johnson & Johnson, en el Evento 21, pidió financiamiento de los gobiernos

*Golpear a los enemigos, enmascarar la crisis o solo para bajar las tasas

Por Salvador González Briceño*

Siguiendo la lógica de la guerra fría, inventando al enemigo por causas imperiales anglosajonas.

En la guerra todo es ciber

Para Occidente, con Estados Unidos y Gran Bretaña en el frente mundial de batalla —los otros aliados, de la llamada “coalición internacional” son socios de segunda, instrumentos para legitimar acciones: Alemania, Francia, Canadá, Australia, etc.—, a partir del 11 de septiembre de 2001 (11/S) no hay tregua en ningún continente, ni paz.

Llegó la hora de la guerra continua, perpetua, sin importar las modalidades —formas o expresiones— bajo las cuales desarrollar la lógica criminal de la guerra fría remasterizada, rediviva, moderna; de acabar con un “enemigo”, ahora tipificado “terrorista”. Países, los agredidos, cuyos recursos naturales —reservas energéticas— merecen ser objeto de robo e invasión militar, de guerra, pues.

Entre ellas, todas modernas, destacan la ciberguerra —todo ciber: ciberataque, ciberguerra, ciberterrorismo, ciberespionaje, ciberguerra económica, etcétera— y el bioterrorismo o las guerras biológicas y bacteriológicas. Expresiones cotidianas ya de la guerra; entre la lógica de la guerra fría y la invención del “enemigo” por causas imperiales.

El precepto: cualquier ataque dirigido contra países o regiones enteras, con armas —esas sí— de “destrucción masiva”, como bacterias y virus, no importa que el daño a la naturaleza ni amplias capas de la población, así mueran.

Para llevar a cabo —verbigracia— las guerras biológicas, basta con que el conocimiento científico exista —a estas alturas tanto laboratorios como países desarrollados poseen patentes y los experimentos necesarios—, como sucede con el negocio de los virus cuyos ataques en territorios o países catalogados “enemigos geopolíticos”, son de temible actualidad.

Desde luego que, detrás de todo, se encuentran siempre las empresas corporativas globales, como las grandes farmacéuticas que cuando se lo proponen activan los negocios de la mano de los gobiernos o congresos afines, como las ventas masivas de antídotos y protectores: es el caso de vacunas mecanismo de control. La muerte, fructífero negocio de grandes ganancias desde la geopolítica imperial.

Nada nuevo. En la guerra y la historia humana las enfermedades causadas por gérmenes siempre han estado presentes, como las relacionadas con patógenos de origen animal; baste por ahora el ejemplo de la conquista española en América, y la devastación de población originaria, a causa de las enfermedades traídas del viejo continente.

En Armas, gérmenes y acero, Jared Diamond asienta que: “Todas las historias militares que glorifican a los grandes generales simplifican en exceso la prosaica verdad: los vencedores de las guerras del pasado no fueron siempre los ejércitos que disponían de los mejores generales y las mejores armas, sino que a menudo fueron simplemente aquellos que portaban los gérmenes más desagradables para transmitirlos a sus enemigos”. (p.225).

El corona-virus

Dirigido contra los enemigos geopolíticos, ¿el coronavirus es casual? Tratándose de armas de destrucción masiva, por cierto, los expertos no están en los países pobres, solo las víctimas. Ningún virus, por cierto, convertido en arma bacteriológica puede desarrollarse en cualquier laboratorio. En algún lugar, con investigaciones y patentes. Tampoco pudo existir ni expandirse per se, de modo natural.

El coronavirus no es tan diferente a sus antecesores. Salvo por su letalidad. Un arma mejor preparada, eficaz. Sucedió en 2002 con el ZH, en 2004 el SARS, en 2005 la gripe aviar, en 2009 la gripe porcina, en 2014 el ébola, en 2016 el Sica; y el más peligroso ahora este 2020, el coronavirus. ¿Cuántos de ellos tienen registro de patentes y en qué país o países? En los desarrollados como los EUA, Alemania, Gran Bretaña o Israel, claro.

Pandemia no declarada, para evitar la histeria colectiva mundial y acelerar compras masivas de víveres, mascarillas y enlatados. Las cifras (al martes 3) son: 92 mil 722 contagios, de los cuales 3 mil 155 han fallecido, en 77 países. Solo en China, son 80 mil 151 casos, con 2 mil 943 decesos.

Los países afectados en seguida son: Corea del Sur con 5 mil 186, de los cuales son 28 decesos. Italia con 2 mil 502 y 79 fallecidos. En Irán son 2 mil 336 casos, de los cuales 835 decesos. Japón con 268 casos y 12 decesos.

Países con nuevos casos mortales: China, Irán, Italia, Corea del Sur, Francia, Estados Unidos; así como Marruecos, Letonia y Ucrania anuncian casos por vez primera. Datos con respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La polémica

De la mano de la epidemia, la emergencia, la propagación y las víctimas, la polémica y confusión está en los medios de comunicación. Un debate reciente surgió a raíz de la publicación en redes sociales, de señalamientos concretos sobre la autoría del coronavirus, financiamiento y laboratorios implicados, fueron pronto calificados de Fake News. Pero no deja de ser interesante.

Los temas son:

  1. Se dijo, pero se niega que Bill Gates sea el dueño del coronavirus.
  2. Que la Fundación Bill & Melinda Gates financió al Instituto inglés Pirbright, mismo que registró el virus “ahora convertido en pandemia”, se dice que es falso.
  3. El centro Pirbright sí investiga, pero no trabaja el coronavirus.

Se acepta que dicho instituto trabaja en el virus de la bronquitis infecciosa, coronavirus que infecta a las aves de corral, así como otro virus que infecta a los cerdos. Al igual, Gates financió en 2003 la investigación del “virus de la peste de los pequeños rumiantes”. Y el 26 de febrero la Fundación ofreció 10 millones de dólares para fondos emergentes y apoyo técnico para luchar contra el 2019-nCoV en China y en África.

A su vez, la OMS aclara que coronavirus es “una extensa familia de virus, algunos de los cuales pueden ser la causa de enfermedades humanas como el resfriado SARS…”, como la que apareció en el sureste de China en 2002.

De igual manera, sobre el “Evento 201”, organizado por la Universidad Hopkins y el Foro Económico Mundial, ocurrido en Nueva York el 18 de octubre de 2019, un ejercicio pandémico de alto nivel del Instituto John Hopkins, para la seguridad de la salud, fue una junta de epidemias de emergencia y tuvo lugar justo seis semanas antes de que el primer brote de coronavirus se reportado en Wuhan China.

Las aclaraciones sobre estos temas están en: https://tinyurl.com/tq7zgbj. Salvo que en el video no aparece la defensa de Adrian Thomas, del laboratorio Johnson & Johnson, quien en el Evento 21 propuso buscar financiamiento de los gobiernos del mundo y desarrollar la vacuna contra el coronavirus; de propagadores a creadores de la vacuna.

Por lo mismo y pese a los desmentidos, la coincidencia o la casualidad persisten. Negocio para unos pocos. no obsta que en los últimos 30 años el negocio de las vacunas creció un 30 por ciento. La fama de las farmacéuticas que ganan millones de dólares, sin importar secuelas.

Sobre el origen

Pese a la insistencia, hay reportes indicando la improbabilidad de que el origen sea el murciélago, incluso chino. Precisión aparte, también que el contagio sea de humano-humano, en tanto la propagación del nCov-2019 es menor que la gripe común (rinovirus). Con todo y, los coronavirus humanos, son los responsables del 40 por ciento de los resfriados, catarros comunes y resfriados leves.

El caso es que ahora el mundo se enfrenta a una suerte de estado de excepción. Todo suena a virus de laboratorio. Pues no hay respuesta clara a, por ejemplo, la expansión mundial del coronavirus tan acelerada. ¡En poco tiempo la propagación alcanzó a 71 países! ¿Así actúa la naturaleza?

Se dice que es causal por una humanidad concentrada en grandes núcleos y los viajes rápidos, menos de 24 horas, alrededor del mundo.

Las dudas siguen. Todo comenzó el 8 de diciembre, con un paciente al que se le diagnosticó neumonía atípica. El 31 del mismo mes China reportó nuevos casos de la enfermedad. Apenas el 9 de enero del 2020 se identificó el agente del brote.

La cepa de Coronavirus se identificó “nuevo Coronavirus”. El día 11 ya moría la primera persona. La secuencia descubierta describe que el ARN se compone de cuatro moléculas: A de adenina, G de Guanina, C de Citosina y U de Uraclio.

En otros momentos algunas cepas de coronavirus han causado crisis. De la misma naturaleza es el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV), por el que fallecieron 349 personas de 5,970 casos infectados, en 2003. El síndrome respiratorio de Medio Oriente (MERS-CoV), que causó 912 muertos de 2,494 contagiados, comenzó en 2012.

Se dice que algunos coronavirus son zoonóticos; es decir, que salen de los animales a los humanos. Con todo y los zoonóticos son enfermedades que llevan tiempo afectando a una misma especie, es por mutaciones que “de repente”, se vuelcan contra los humanos.

Con esa información, se ha investigado que el ARN del nuevo virus se parece mucho al de una cepa que afecta a los murciélagos, los llamados de herradura. Y precisamente en cuánto se diferencian unos de otros es que se presume cuándo infectó a humanos. No es literal.

Aún con esa información no se puede culpar al murciélago, pues el tema no es simple: se requiere un “intermedio”, una suerte de huésped que dé cobijo al vicho entre el murciélago y los humanos, y todavía no se ha identificado al dichoso huésped. Sin el huésped la transmisión persona-persona no es eficaz.

Entre otros procesos igual complejos, que antes bien generan zozobra. Dicen los científicos que se está trabajando en la vacuna. Situación rara —¡no hay para la gripe común!—. De tal manera que, a los infectados, solo les resta guardar reposo, recomendación de las abuelitas. No hay cura, el consuelo es que no todos los contagiados fallecen. Miles han sobrevivido.

La humanidad está en situación de pasmo. No sabe a lo que se enfrenta, ni lo que le espera. Hay incertidumbre. Mientras la pandemia crece, laboratorios trabajan para encontrar la cura. Entre tanto solo resta el cubrebocas, así no sea ninguna garantía. El uso es más bien para un respiro del orden psicológico, no tanto preventivo efectivo o para evitar el contagio.

En los medios de comunicación crece la especulación. Sin dejar de lado, también, que si en el camino la humanidad se tropieza por accidente con las pruebas de que esto ha sido creado y difuminado en sitios o países específicos, tampoco faltarán los culpables. Y las razones bien podrán ser marcadamente geopolíticas.

No vaya resultando que se trata de un distractor para alcanzar algún fin, y sea bajo la modalidad de “guerra bacteriológica”, un recuerdo para los “enemigos distantes”. Destacan los enemigos de Occidente, países como China, Corea del Sur e Irán.

Para consuelo, sin embargo, China está acercándose al control del virus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pues en la región de Hubei está “cayendo”, según su director general Tedros Adhanom. “Las autoridades (chinas, dijo la OMS) anunciaron el jueves (27 de febrero), la cifra de 29 muertos, el número más bajo en un mes”.

Sobre el impacto económico

Claro que pierde la economía china. En los primeros tres meses, China ya paga la factura por 280 mil millones de dólares (según Capital Economics), del total de sus exportaciones por 2,494,230 millones, o 2.4 billones de dólares, o 13.45 por ciento global (datos de UN Comtrade). Afecta productos como celulares o vestidos (BBC Mundo).

“En el caso de los aparatos tecnológicos se espera que la venta de smartphones caída un 50% hasta marzo, de acuerdo a un estudio de Canalys. Por el momento Apple ha informado que el suministro de celulares iPhone estará limitado a nivel mundial.

“El sector textil también se vería afectado. Un análisis de Credit Suisse señala que las ventas de grandes grupos textiles como Inditex, dueño de Zara, y H&M caerían 2.8% y 1% respectivamente en este trimestre”. (Fuente: https://tinyurl.com/wtht8fc).

Otro sector es el turismo porque los viajeros chinos gastan alrededor de 270 millones de dólares. En tanto las restricciones de aerolíneas pierden unos 20,300 millones de dólares este año, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).

Por su parte, el Deutsche Bank calcula que la epidemia restará 0.3 por ciento en 2020, así como Moody´s mide el impacto rebajándolo de 5.8 a 5.3 porcentual este año. En tanto para “el banco estadounidense Citi, la actividad económica está volviendo a la normalidad y estará en torno al 45 por ciento de su capacidad previa a la epidemia, lo que lleva a pensar que el coronavirus estará bajo control a finales de marzo”. (Cit.: https://tinyurl.com/u2csz6e).

Las bolsas del mundo caen. La Reserva Federal reduce en medio punto porcentual la tasa de interés. Para seguir emitiendo billetes de la maquina impresora. Dizque para contrarrestar el impacto del virus, no obstante claro es para evitar el quiebre de empresas al igual que las mismas bolsas del mundo.

¿Quién pierde? No solo la economía china. Pierde el mundo. Pronto veremos si esa suerte de Estado de excepción fue geopolíticamente creada para golpear a los enemigos. Para enmascarar la crisis o solo para bajar las tasas. No falta tanto. En tanto bules y fake news quedan al descubierto. (2-4 de marzo de 2020).

*) Director de geopolítica.com, @sal_briceo.

 

*En el cruce de caminos destaca el reconocimiento de la Unión Europea que el fin debe ser otro, sin saber cuál.

Por Salvador González Briceño*

Mientras las corporaciones multinacionales continúan el proceso depredador de la Naturaleza, destruyendo lentamente al hombre de la faz de la Tierra, países enteros —ricos y pobres, del Norte y el Sur— y hábitats completos de recursos finitos —de aire, mar y suelo—, están hoy en peligro de extinción.

Cuando los voceros de los hombres más ricos salen a decir que el futuro es incierto y peligroso, y no saben qué hacer, es porque aquéllos conducen por todas las vías de la ciencia aplicada, al mundo hacia el Apocalipsis.

Sin embargo, ante una voracidad e ineptitudes sin medida, ahora es más que urgente emprender soluciones alternas, sociales y populares de alcance mundial para construir el Nuevo Mundo desde abajo, cuidando a la Madre Tierra en su conservación, si se quiere resiliente y sustentable, para la generación de lo necesario para la reproducción del hombre mismo sobre su hábitat natural.

Lo que sigue es un llamado a TODOS en general, personas solidarias sin distinción de país, raza e idiomas, para erigir un gran acuerdo hacia la reconstrucción, para la recuperación del Planeta tierra en todas sus formas de preservación, para rescatar lo rescatable y no llegar cuando sea demasiado tarde.

—I—

Al reloj cósmico le faltan, según el último ajuste de los científicos que velan su tic tac —anunciado a mediados de enero—, menos de dos minutos para el Apocalipsis. La destrucción de la Naturaleza, provocada o acelerada, es la causa, con un actor en cuenta.

La interpretación es que el fin del mundo se acerca. ¿Qué o quién acelera la tragedia de grandes proporciones para la humanidad? El capitalismo que, en su forma actual de imperialismo es el destructor, porque aplasta todo lo que cruza en su camino.

Al desarrollo de las fuerzas productivas —había descrito Marx en El Capital, crítica de la economía política, a mediados del siglo XIX—, y sus correspondientes relaciones sociales les toca una contradicción que, llevada al extremo, deriva en acciones destructivas de la Naturaleza y la propia fuerza humana que le dio vida.

Esto es, que el desarrollo capitalista es tan contradictorio y polarizante de las relaciones sociales, al impulso mismo de la ciencia aplicada en forma de tecnología (las fuerzas productivas), que conlleva la destrucción de todo lo existente, Madre Tierra y al hombre mismo.

Si este resultado quedaba claro hacia los orígenes del capitalismo, entre los siglos XV al XIX, más lo es ahora que, en los siglos XX y XXI ha alcanzado sus expresiones extremas, rasantes y peligrosas contra las fuerzas que le dieron vida y fortaleza.

La contradicción de la producción de valor y su respectiva apropiación por unos cuantos —cada vez más concentradores, en forma de riqueza—, ha llegado al extremo de la voracidad destructiva de todo lo que existe: las grandes mayorías que lo crearon con su esfuerzo y bajo condiciones dadas.

Porque la Naturaleza tiene recursos finitos, y su carácter resiliente no le alcanza al acelerado rompimiento de todos los procesos de autogeneración o sustentabilidad, un discurso —este último— que está más en el escritorio que en la realidad.

—II—

¿Quién llevará a cuestas —conciencia o karma, según se vea— la destrucción de la humanidad? ¿Quién está en la cumbre del imperio actual, y en su declive continúa amenazante?

En otras palabras, ¿qué le deben los hombres, la humanidad, pues cualquier estallido nuclear afectará a todo ser viviente a la elite del poderío económico y militar estadounidense, que en plena decadencia imperial impactaría con un estallido atómico?

¿Acaso el ajuste de cuentas no es a la inversa y al mundo es a quien le deben los Estados Unidos, desde que su conducta por su proceder imperial —violento y rasante— se fortaleció a finales de la Segunda Guerra Mundial?

Porque lo justo será que el imperio se hunda solo y no les cobre a manos llenas al resto de todos sus extremos. Pues por su poder imperial, con la fuerza en armas y el dinero, EUA ha saqueado al mundo; lo ha destruido, explotado, violentado, con las peores tácticas y estrategias de la guerra, siempre con sus falsas banderas a nombre de libertad y democracia.

—III—

Caminos que se bifurcan. Para Borges se trata de Ficciones, pero vueltas realidad en el mundo como en las Mil y una noches. La prosa del anecdotario comienza con la Historia de la Guerra de Liddell Hart, página 242.

Y cierra con la concepción del Universo de Ts’ui Pên, quien: “A diferencia de Newton y Schopenhauer —dice Borges—, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades”.

Es decir, que las posibilidades de que, por ejemplo, el destino del imperio estadounidense corra la misma suerte que el resto de los imperios es más simple que la bifurcación de opciones temporales; porque todos los imperios terminan en derrumbe. Todos sin excepción.

Evidencia de largo plazo

Una buena muestra es el ensayo de Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias. Un análisis de cinco siglos de aquellas potencias que se resisten a una lógica que termina ineludible, infranqueable: “La historia del auge y caída posterior de los países líderes del sistema de grandes potencias desde el progreso de Europa Occidental —esto es, de naciones como España, los Países Bajos, Francia, el Imperio Británico y, en la actualidad, los Estados Unidos— muestra una correlación muy significativa a largo plazo entre capacidades productivas y de aumento de ingresos, por un lado, y potencial militar, por otro”. (p.11).

El equilibrio es lo “mejor”, pero siempre se corre el riesgo del desface. “…Yendo a la guerra, o dedicando una gran parte del «poder fabril» de la nación a gastos en armamentos «improductivos», se corre el riesgo de erosionar la base económica nacional, especialmente frente a estados que concentran una parte mayor de su renta en inversión productiva para el crecimiento a largo plazo” (p.837). Dependerá, a final de cuentas de la «habilidad y experiencia» con que se consiga navegar en la «corriente del tiempo», como de la “inteligencia” de cada Estado.

Como irrefutable resulta el precepto mencionado supra, de la “ley del valor” de Marx, base y sustento del desarrollo posterior en su obra, hasta el capital financiero y todas sus expresiones. Con todo y a los “críticos” de siempre nunca les alcanza el criterio ni el estudio suficiente, de la historia o las teorías económicas, para denostarlo y solo descalifican tratando de ocultar con ello sus cimientos.

Pero ahora más que nunca, cuando las contradicciones del capitalismo se agudizan al extremo, es cuando toman mayor vigencia, tanto sus bases teóricas como los desarrollos posteriores de continuadores de aquél portentoso análisis.

Incluso aquellos no precisamente declarados marxistas, como el estudio sobre las ondas largas —teoría del ciclo económico largo—, del ruso Nikólai Kondrátiev (asesinado por Stalin en 1938), quien puso al descubierto con bases estadísticas que el capitalismo pasa inevitablemente por crisis cíclicas.

Hasta Joseph Schumpeter le dio fuerza a la teoría con nuevos estudios, en su libro sobre los Ciclos económicos, de 1939. Para no olvidar a Ernest Mandel y su ensayo: Las ondas largas del desarrollo capitalista. La interpretación marxista, escrito en 1980.

Y ahora la economía estadounidense está al punto del fin de un ciclo largo, cuya crisis será —lo hemos dicho en otras ocasiones— mucho mayor o de dimensiones más profundas que la debacle de 1929 en el siglo XX.

Es decir, que la caída del imperio vigente está a un tris de que suceda (en 2020 o 2021). Cuanto antes mejor, y mientras el mundo se proteja previendo el hundimiento, también para evitar el impacto del derrumbe lo más posible. Con todo y las afectaciones no serán pocas, ni el arrastre menor.

El asunto es que no se trata, reflexión aparte, solo de la caída del imperio en vigor, sino del derrumbe de una concepción del mundo y de la humanidad, del proceso civilizatorio occidental; situación de crisis de grandes dimensiones.

Porque el mundo está ahora, dicho en otras palabras, bajo asedio de un proceso de transición sin igual, inédito, destructivo y depredador. El dilema es que, dentro del capitalismo bajo el desarrollo imperialista estadounidense, no hay claridad de hacia dónde, para dónde encaminar al mundo. Todo lo contrario, hay confusión y con ello sensación de caos.

Porque el capitalismo ha llevado a todas las fuerzas al extremo, como a la naturaleza humana a no encontrar salidas al menos fáciles. Porque el molde vigente durante más de cinco siglos, el capitalismo que surgió desde principios del siglo XV hasta este XXI, ya se acabó. Y no de ahora, pero hoy la evidencia está a la vista del mundo. Y una parte importante de ese mundo “occidental”, la vieja Europa, así lo reconoce.

¡Hagan sitio!

En 1973 se estrenaría la película “cuando el destino nos alcance”, dirigida por Richard Fleischer, basada en la novela de 1966 ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, de Harry Harrison (1925-2012) —cuyo nombre real era Henry Maxwell Dempsey—, el mundo volvió a recrear la tesis del británico Thomas Malthus (1766-1834) en su Ensayo sobre el principio de la población de 1798.

La idea básica de Malthus, como se sabe, pasa por referir que la sobrepoblación provocaría la extinción de la raza humana para el año 1880, pues el ritmo del crecimiento en la población es de carácter geométrico en tanto los recursos lo hacen de manera aritmética. Por lo que el hambre traería la pauperización gradual de la especie humana, hasta la extinción. Dejó de lado que también la tecnología se desarrolla, pero ya en su tiempo recibió fuertes críticas.

No obstante, le recreación de H. Harrison apuntaba en ese sentido, además de sumar la “industrialización del siglo XX”, el “hacinamiento”, “la contaminación”, y el calentamiento global debido al efecto invernadero. Gran parte de la agenda todavía vigente y que sale a relucir en cada ocasión de la reunión entre potencias.

“El apocalipsis, para el 2022 —¡¡¡ya casi!!!, la obra es de ficción—, un futuro distópico en que la ciudad de Nueva York con 40 millones de personas” (¡en 2016 poseía 8.55 millones de personas), donde una “elite mantendría el control político y económico”, por encima de las mayorías empobrecidas y sin alimento. Un mundo bajo la amenaza de la destrucción por los factores añadidos, y la exposición al “desastre ecológico”, sin salida alguna.

Gran mensaje. Pero el mundo recuerda las aportaciones previas del alemán Oswald Spencer, en su La decadencia de occidente, de 1918 vol 1, y 1923 vol 2. En su obra Spencer desarrolla el hilo conductor de la cultura, porque la historia es un conjunto de culturas —Antigua, Egipcia, India, Babilónica, China, Occidental— como cuerpos individuales que atraviesan por las etapas de: juventud, crecimiento, florecimiento y decadencia.

En dicho proceso, como el ser vivo que tiene un ciclo vital con un fin determinado, cada etapa tiene una serie de rasgos distintivos que se mantienen en todas las culturas, lo que él llama la “morfología de las culturas”. Y, ya para su entonces, la Occidental se encontraba en su etapa final y decadente.

No faltó la crítica que puso en evidencia que la tesis de Spengler se mueve entre la dicotomía de Cultura y Civilización. Y su construcción no deja de pecar de categoría “pura” en el sentido hegeliano (más bien kantiano), en donde los eventos históricos trascienden a las categorías que devienen “metahistóricas”.

Lo que cabe señalar aquí sobre este autor es lo siguiente: que ya a principios del siglo XX, no faltó quién, desde otra visión y no precisamente la catastrofista del crecimiento poblacional o siquiera del cambio climático, creía o buscaba una explicación a la tesis de la decadencia de Occidente.

¿Catastrofismo?

Porque en el fondo, así sea a la vuelta del siglo, los caminos se bifurcan, se cruzan, así los rumbos parezcan rieles neciamente paralelos. Recordemos que aún el historiador Arnold Toynbee coincidió con Spengler en su idea fundamental de que “la civilización entró en colapso” ya desde el siglo XX. Desde que sendas guerras mundiales mostraron la incapacidad de enfrentar los desafíos. (Alfonseca, Manuel, en El Debate, “La decadencia…, 11 enero 2018. En: https://tinyurl.com/vqkwuq9).

Con todo y, para Toynbee, el colapso de la civilización no significa desaparición, pues tendría unos siglos por delante en la llamada historia universal, no sin cierto “estancamiento cultural”. Esta coincidencia muestra que, si ya el mismo Spengler logró “detectar” la decadencia de la civilización, es porque había comenzado antes que ahora. Sea un asunto cultural, cíclico o simplemente de los mencionados ciclos largos del desarrollo capitalista industrial.

Baste por ahora referir que Zbigniew Brzezinski —el estratega de inteligencia de varias administraciones de EUA y primer responsable de la Comisión Trilateral—, deberá estar revolcándose en su tumba.

Su desarrollo sarcástico por El gran fracaso, sobre “el nacimiento y muerte del comunismo en el siglo veinte”, derrumbe al que contribuyeron todas las expresiones políticas y económicas internacionales de su tiempo —incluida la santa Iglesia Católica—, fue eso: Una orquestación, un contubernio que sorprendió a propios y extraños, tanto a las fuerzas internas —políticamente Gorbachov se mostró tan confiado como ingenuo, respecto a la contraparte estadounidense— como al mundo en general.

Y la destrucción del “enemigo” de todo el periodo de la guerra fría, que justificó geopolíticamente asuntos como el armamentismo nuclear, la carrera espacial y el desarrollo militar-industrial del Pentágono y la OTAN como su brazo exterior, entre otros, se quedó sin competidor y erigió hegemón e imperio a Estados Unidos. Al grado de creerse el garlito del llamado El fin de la historia y el último hombre, de Francis Fukuyama.

Hoy esa cantaleta llega a su fin, con el reconocimiento de uno de los baluartes de la llamada occidentalización. Comenzó por la Unión Europea, pero le pega al imperio estadounidense, aunque reniegue. Como dicta el refrán popular: “A confesión de parte relevo de pruebas”.

A Europa (la desUnión Europea) ya se les cayó el llamado orden Occidental. Crisis de valores, crisis de identidad, crisis del orden liberal occidental por motivos económicos, pero también geopolíticos.

Las causas son las siguientes: 1) El desorden geopolítico mundial de la posguerra, mejor conocido como guerra fría creó un escenario que ya cambió; 2) La globalización neoliberal ya hizo su contribución al destruir las economías y polarizar las fuerzas, inclinando la balanza hacia un reducido sector de la sociedad, el concentrador de la riqueza; 3) La debacle de EUA como hegemón a la caída del bloque soviético es más que evidente; 4) La influencia de la Unión Europea en el mundo está más que ausente, antes clave para el llamado mundo Occidental, y; 5) Un Donald Trump, presidente de EUA, siempre disruptor y desafiante del orden mundial establecido, y por lo mismo hoy puesto en jaque, incluso retador de los poderes establecidos.

Europa se desoccidentaliza

Así quedó, por fin tímidamente establecido, en la 55 Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania —edición anual 2020 de mediados de febrero—, donde se abordó el tema precisamente bajo el eslogan “desoccidentalización”. Con un informe que pone el dedo en la llaga: “El gran rompecabezas; ¿quién recogerá las piezas?”.

Más que realidad virtual: Evidencia. El rompecabezas europeo, con el Brexit de por medio, bajo la presión de los Estados Unidos de América (EUA). Con una idea deprimente que asume “alguien” debería “recoger las piezas”, la pedacería. Pero quién: ¿Alemania, Bélgica, Francia o España?

En otras palabras, lo que se anunció en la 55/CSM pone la alerta sobre la llamada crisis del orden liberal mundial, etiqueta la crisis de identidad “Occidental”. De cara a la competencia perdida frente a las potencias en cuestión: China, Rusia e India.

¿Estamos asistiendo a un cambio de época, a un nuevo modelo mundial de identidad aún impreciso e indeterminada? De entrada, estamos viviendo el declive geopolítico estadounidense, esa potencia que en su resignación a morir puede arrastrar al mundo hacia una escalada nuclear de proporciones apocalípticas.

Pero cabe la cuestión: ¿Qué queda de Occidente tras el abandono de una fracción de Occidente? La división y con ello la pérdida de identidad. Comienza con la unidad forzada llamada Unión Europea (desUE) —hoy fracturada por el Brexit— y su endeble moneda única, el Euro.

¿Son los europeos, renegados de sus propias raíces? Contra su voluntad sí lo son. La verdad es que hoy están claramente divididos desde su matriz capitalista, geoeconómica y geopolítica, porque los intereses nacionales, privados de cada país, pasan por encima de naciones y pueblos, aún colgados de las decisiones de EUA.

No obstante, el reconocimiento público de que Occidente —aquí desde el punto de vista europeo—, está en caída libre. En plena crisis, la vieja Europa tiene un futuro tan incierto como negro. Saben lo que eso significa, pero no cómo salir librados. Menos tras el Brexit. Pero el mundo está igual o peor.

Para la UE, el rompimiento es con sus siempre aliados los estadounidenses —el principal bastión Occidental—, un exabrupto. Porque los estadounidenses no lo ven así, para ellos la alianza atlántica sigue en pie; pues el orden liberal que cuestionan los europeos está vigente. La política del avestruz.

Lo cierto es que, desde la llegada de Donald Trump al poder, sus confrontaciones contra el mundo —pasando por las presiones a sus socios europeos en temas como las aportaciones económicas para la OTAN—, han corroído el orden mundial establecido con el “América primero”.

Conclusión

¿Hacia dónde apunta el asunto? Al reconocimiento de la crisis del orden liberal Occidental, y a un pretendido alejamiento del mismo por parte de la vieja Europa, hoy a prueba con el tema presupuestal para los próximos siete años, ya sin la Gran Bretaña por el Brexit; un asunto del que difícilmente saldrán consensuados, porque todos quieren lo que pocos ponen: dinero.

¿Quién está detrás —al menos señalados— de la crisis Occidental, y generando la desoccidentalización? Porque la costumbre estilo guerra fría es culpar algún competidor, así sea el de siempre. Lo cierto es que se trata de la crisis de un proyecto civilizatorio. No lo dicen, pero lo es.

¿Qué diría —volviendo a— Brzezinzki? Acaso: “La caída de un proyecto civilizatorio, el derrumbe occidental en toda su expresión capitalista e imperialista” —versión última en su forma de capital corporativo, financiero y especulativo rapaz—, vigente durante cinco siglos… (sic).

O acaso sería: ¿“Occidente, el tremendo fracaso; debacle y caída de los imperios británico y estadounidense”? Con un capítulo sobre “el peligro de hundir al mundo y la humanidad consigo”. Título indigno de un lastre “civilizatorio” de características apocalípticas.

Para la Historia, o lo que quede de ella, tras la crisis «civilizatoria», o de la cultura Occidental con un imperio ante el espejo de sus antecesores. El resto del mundo debe hacer lo propio: Buscar alternativas —no bajo el paraguas de la UE—, antes que sea demasiado tarde, se bifurquen los caminos y nos llegue la extinción como cuenta por cobrar. Cabrá recordar: ¿Quién le debe a quién? ¿Quién, el deudor? Que cargue los costos del caos y nadie más. Faltaba más. (22-23 de febrero de 2020).

*) Director de: geopolítica.com, @sal_briceo.

 

Por Salvador González Briceño*

*Los demócratas, tontos útiles para el segundo periodo del actual gobierno

“Primero lo de Rusia, Rusia, Rusia: fue todo una mierda”. Así lo expresó Donald Trump el pasado miércoles (5 de febrero), tras el juicio político fallido del impeachment demócrata en su contra, que culminó tras meses de indagatorias, desde el 24 se septiembre. El 13 de noviembre iniciaron las audiencias públicas en contra del mandatario, y la líder demócrata Nancy Pelosi fue quien encabezó la ofensiva.

Resulta que, por el caso ruso, el fiscal especial Robert Mueller en marzo de 2019 no encontró evidencia alguna, de la presunta conspiración “criminal contra Rusia”, en la llamada intervención electoral. Conclusión rechazada, que "la campaña de Trump o alguna de las personas relacionadas con ella, conspiraran o se coordinaran con Rusia en sus esfuerzos por influir en las elecciones del 2016 en EE.UU.".

Pero por ello Mueller no exoneró a Trump de “obstruir a la justicia” y el caso quedó como “delito abierto”. Pero tampoco ahora los demócratas han alcanzado su objetivo de destituir a Trump por ambos delitos de: “abuso de poder, y obstrucción al Congreso”.

Porque el Senado en votación mayoritaria lo absolvió 52 a 48, a su favor en la primera acusación y 53 a 47 en la segunda. La votación de la Cámara Baja, de control demócrata, el 4 de diciembre pasado, fue a favor de la destitución por 230 contra 197 por abuso de poder y 229 contra 198 por obstrucción.

El delito principal, porque presuntamente Trump retuvo la cantidad de 391 millones de dólares en ayuda a Ucrania, a fin de presionar —el “favor” se solicitó telefónicamente, el 25 de julio, según “informante anónimo”— al presidente de ese país, Volodimir Zelenski, para que iniciara una investigación en contra de Joe Biden y su hijo Hunter, éste como miembro del consejo directivo de una empresa energética ucraniana, en tanto su padre fungía como vicepresidente de Obama.

Claro que Trump estaba acusando sin pruebas a Biden, a cuento de que sería —como lo es—, posible candidato demócrata en el proceso electoral a culminar el próximo 3 de noviembre, en tanto el propio presidente en funciones va tras la reelección. Sacarlo de la jugada electoral.

Así, los republicanos, que tienen en control del Senado (53, pero se requerían dos tercios, 67 votos para la mayoría), calificaron de “juicio injusto”, “caso incoherente”, y se pronunciaron negándose a citar testigos para la presentación de “pruebas” en un proceso que no se aproxima “ni un poco” a la justificación para destituir a un presidente en la historia. El tercero: el primero fue y el segundo Clinton.

“Rechazo a las incoherencias”, se pronunció Mitch McConnell, el líder de la mayoría republicana en la Cámara Alta, en referencia al proceso demócrata. En tanto para el senador republicano Mitt Romney, que apoyó el impeachment, se trató de “un asalto flagrante contra nuestros derechos electorales y nuestra seguridad nacional”, un “terrible abuso de la confianza pública”, expresó al cabo del proceso de votación.

Sin embargo, el impeachment fallido dejó en claro algunos aspectos como los siguientes, tanto de la política interna como exterior, con acento geopolítico.

Los demócratas dieron pie al proceso de juicio a Trump a pesar de tener claro no contar con la mayoría en el Senado, y el impeachment no procedería al final, como fue.

El juicio caminó también pese a que la presunta injerencia rusa en las elecciones del 2016 nunca pudo probarse, por lo demás un largo proceso en contra de Trump y desgaste para las relaciones entre ambas potencias.

Era claro que, de no proceder la destitución de Trump, el proceso culminaría fortaleciéndole con rumbo a las elecciones de noviembre próximo, y por tanto tiene acento de “acuerdo interno” entre demócratas y republicanos. Un ardid para alentar el apoyo para el republicano, pues es claro que entre unos y otros no existen cambios ni posturas políticas de fondo.

Luego entonces, los demócratas no tenían, desde el principio del impeachment, la certeza de ganar las elecciones a Trump, a sabiendas que buscaría la reelección.

Queda claro, aparte, que el candidato Trump seguirá con su característica campaña de agravios que alienta el segregacionismo y con eso la polarización en la propia sociedad norteamericana.

Hacia afuera, lo primero que salta a la vista es que alguien, o algunos —el Estado profundo, entre otros, tenían en mente el descarrilamiento de la presidencia de Trump—, y aún sin las pruebas suficientes acusaban a Rusia de intervenir en las elecciones internas, como para que ganara la candidata demócrata Hillary Clinton.

De igual manera, que no importó acusar sin pruebas al otrora principal “enemigo” de la guerra fría, señalado porque en el fondo se presumía y suena real, a que Trump simpatiza con Rusia y particularmente con Vladimir Putin. Un asunto que ahora suena coherente.

Pero se dejó de lado, y llama la atención ahora tras el impeachment, que se cae la postura de acusación a Rusia de su presunto injerencismo e intervencionismo. Claro en otros que es Estados Unidos quien en política exterior aplica acciones desestabilizadoras, para un mundo que se empeña enfilar a sus intereses, y por eso promueve golpes de Estado, derrocamiento de gobiernos y violencia con su presencia militar extranjera.

Llegando inclusive al uso de métodos destructivos, actividades terroristas, con instrumentos como la CIA, USAID, Pentágono y la propia OTAN. Por ejemplo, el propio Trump asumió haber dado la orden de asesinar al general contraterrorista iraní Qasem Soleimani, con el ataque dron en el aeropuerto internacional de Bagdad, Irak, el pasado 3 de enero. Acto reprobable por cobarde y desestabilizador en la región, no solo con Irán.

Lo cierto es que, con razones débiles del impeachment contra el presidente Trump, el “juicio final” devino en su fortalecimiento como candidato a la reelección. Ahora nada contendrá a los republicanos, y Trump contribuirá más a dividir a la sociedad de su país, con sus posturas racistas y xenófobas de campaña.

Nancy Pelosi resultó pieza útil. Y el Partido Demócrata dejó carta abierta al presidente para otros cuatro años al frente de la Casa Blanca, pese aquellos del sector conservador tradicional que no lo quiere más y el anterior proceso le apostó a Hillary Clinton.

La intromisión rusa en las elecciones del 2016 nunca fue probada. Tampoco Trump salió del todo limpio. Queda claro, que tanto la política interna como externa de EUA está enfilada hacia un mismo fin hegemónico. Un juego de espejos geopolítico con fines reeleccionistas para Trump. (8 febrero 2020).

*) Director de geopolítica.com. @sal_briceo.

 

*Urge un Gran Acuerdo, para una Nueva Política de Seguridad Pública

Por Salvador González Briceño*

Para la sociedad mexicana, antes —desde que se declaró la “guerra contra el narcotráfico” en el 2006 por Felipe Calderón— como ahora —que le compete al gobierno de la Cuarta Transformación (4T) encabezado por Andrés Manuel López Obrador—, atender el problema de la inseguridad pública es una prioridad.

Además de una, la primera, responsabilidad de los gobiernos, sea o no haya sido, adoptada siempre como política pública de seguridad pública para brindar seguridad, tranquilidad y paz para la sociedad, atendiendo aquellos factores generadores de violencia, sea por causales internas o externas.

Desde luego que, para la aplicación de una política eficaz y conseguir buenos resultados, la responsabilidad de atender el asunto en todas sus aristas es de todos:

1) del gobierno y las políticas públicas en los tres niveles, federal, estatal y municipal;

2) del poder judicial, los cuerpos policiales y

3) de la sociedad en general.

Es claro que a los gobiernos anteriores no les interesó. La acción de atender un asunto de violencia al interior de la sociedad, con más violencia desde los cuerpos policiacos, pero sobre todo militares, no dio resultados. En las estadísticas se reflejó siempre el aumento de la cifra negra por los crímenes.

El actual, gobierno de Morena y la 4T, cambió la forma, más no el fondo. Determinó aplicar la política de “abrazos, no balazos”, pero a más de un año no se tienen los resultados esperados, ni deseados por todos; como tampoco quedan claras las bases que la problemática requiere para resolver la inseguridad.

Porque no se dice, pero claramente son medidas insuficientes, de forma, más no de fondo. Al menos eso queda cada vez más claro. El actual gobierno carece de una política integral de seguridad pública, es un déficit de la 4T que le puede costar la continuidad en el poder presidencial, si es que pretende un plan transexenal.

Es decir, las medidas adoptadas hasta ahora como:

1) Presencia militar territorial de la Guardia Nacional, así fuese en todo el país, lo cual no se consigue todavía;

2) Atención a los jóvenes por ser la “base social” del crimen organizado, mediante becas para la educación, la capacitación para el empleo y la seguridad médica, principalmente. Sin olvidar la atención a madres solteras o personas de la tercera edad.

Esto no es una política integral. Se trata solo de algunas acciones para intentar atender el problema, no para resolverlo. Así se lo proponga.

Lo único cierto: es claro que al actual gobierno le sigue faltando un diagnóstico completo sobre la situación del país —¿o lo tiene?—, como todo lo que implican la inseguridad y la violencia, cómo ha impactado o desestabilizado a la sociedad, a los mexicanos para una redefinición de una política de seguridad pública eficaz.

Hasta ahora, se están dejando de lado aspectos como los siguientes:

  • Redefinir el papel del Poder Judicial de la Federación, desde su instancia suprema —la SCJN—, hasta los jueces de distrito. Digamos que partir de una revisión del sistema de procuración de justicia en su conjunto, incluidos los alcances del nuevo sistema penal acusatorio, para acotar la posibilidad de cometer irregularidades (corruptelas) que se contrapongan a la búsqueda de la justicia (contra la injusticia y la impunidad: crímenes sin resolver y asesinos libres, sin castigo) en el país.
  • Una revaloración amplia de los alcances de la descomposición social, como las familias desintegradas, generada durante al menos los últimos tres sexenios, que comprendieron los últimos gobiernos neoliberales, como la situación de: las madres solas, padres solos, familias enteras desplazadas, jóvenes sin padres, familias sin patrimonio; enfermos que requieren tratamiento psiquiátrico y psicológico, como aquellos padres, madres e hijos que necesitan readaptarse socialmente.
  • La penetración del negocio de las drogas en la sociedad, no se hubiese dado sin la colusión y el contubernio de autoridades locales como las policías municipales, bajo el control de bandas ex profeso de negocios de alto impacto, en recursos para los promotores y en salud para los consumidores. Las investigaciones en este tenor son de amplia exigencia.
  • La profundización de las indagatorias en el marco del sistema financiero, un trabajo que le compete tanto a la Fiscalía mediante la SEIDO, como a la SRE, por el alcance de las redes delincuenciales a escala internacional, no solo nacional. Para seguir las pistas del dinero.
  • Los acuerdos, los que existen o en su caso replantear el tema de la persecución de los delitos, con países vecinos como los propios EUA que es el mercado consumidor más grande del mundo. De la mano del control del flujo de armas desde el norte hacia el sur, por la frontera con México.
  • El tema de la legalización de las drogas, no solo de la marihuana, para quitar el leitmotiv a las bandas delincuenciales el multimillonario negocio.
  • Por último, sin que el tema se agote —solo por ahora—, escudriñar toda posibilidad, como la que a ojos vistas ocurría con gobiernos anteriores, que la actividad estaba perfectamente “acotada”, para evitar todo tipo de violencia e inseguridad para la sociedad (sin que eso suponga que el problema no debe atacarse de raíz, que es lo mejor).
  • Este gobierno, de la 4T, puede y tiene posibilidades de entrarle a fondo para resolver (por aquello que no tiene compromisos con nadie), así sea comenzar sentando las bases en tanto varios de los puntos señalados requieran más tiempo que un sexenio.

Entre otras.

Acciones como éstas son las que si bien no para lo inmediato o mediato, sí coadyubarían para modificar la inseguridad en el largo plazo.

Es por ello que urge comenzar aplicar, por ejemplo, modelos de rescate social desde las colonias, los barrios, los pueblos y las comunidades, por no decir que en todos los rincones del país. Y comenzar cuanto antes. Proponer, incluso, un Gran Acuerdo Social Incluyente para la seguridad pública.

Solo así se conseguirá sentar las bases para una Nueva Política de Seguridad Pública, a iniciarse sin demora. Ese es el llamado. No dejar las cosas para la inmediatez o el interés político.

Hay que seguir ejemplos como el de Colombia, y otros países que han tenido resultados, donde la paz se logra solo con políticas de fondo, profundas, que incluyen la participación de la sociedad organizada, de todos los sectores sociales sin distingo, bajo el compromiso de los gobiernos para conseguir rescatar la paz y la tranquilidad.

Éste, como otros problemas que la 4T dijo atender, es el principal. Duele por los vicios en materias como la corrupción o la impunidad. Es el vacío que queda cuando no se hace justicia a las familias, cuando no se castiga a los responsables de los delitos —sean autores materiales o intelectuales—, lo que genera el limbo de impunidad y la decepción de las personas.

Porque pese al actual gobierno, continúan la impotencia y la impunidad, porque la violencia no para y los delitos siguen cometiéndose.

Siguen la inseguridad y la violencia; permanece la dupla o contubernio entre autoridades y delincuentes. Continúan las pugnas entre los poderes establecidos y los poderes fácticos, entre policías y ladrones; entre aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar y los delincuentes. Razón por la cual continúa la inseguridad pública y va en picada.

No debemos olvidar que, como sociedad, tenemos el deber —todos, medios de comunicación también— de encender los focos rojos, de llamar la atención de los gobiernos y de las autoridades que procuran justicia, para que la corrupción y la impunidad no sigan.

Si no se cambia lo hecho hasta ahora, con la inseguridad en pie, el actual gobierno pagará políticamente de cara a sociedad. Porque la seguridad pública es el primer compromiso de gobierno, la principal demanda.

Ningún cambio a fondo se puede instalar —como lo ha prometido el gobierno de la 4T—, en tanto este asunto siga generando la descomposición latente. Un problema que, como la medusa de las mil cabezas, tiene muchas aristas obligadas todas de atender.

Las cosas se complican cada vez. Y no porque las estadísticas sigan registrando que los crímenes por la violencia van in crescendo —salvo el paréntesis por el coronavirus, cuando la violencia hace un paréntesis—. Es claro que el contubernio entre autoridades y delincuentes sigue en pie.

Es claro que las estructuras delictivas, ahí en donde se desarrollaron durante varias décadas, como es el caso de los estados de la República donde los gobernadores son como sultanes (los jeques de la política mexicana; caciques, mejor dicho), siguen intactas. A lo mucho se perdió influencia, porque no es lo mismo tener que no tener el poder.

Pero las estructuras están ahí, porque si bien se cortaron algunos hilos que son parte de la corrupción, y que por la impunidad se han castigado a muy pocos (los asesinatos se cuentan por miles, en tanto los criminales por decenas en las cárceles), cuando no siguen operando para desestabilizar al actual gobierno creando violencia, confrontaciones en los estados.

Pero éste no se ve, o no se quiere ver. Salvo que la inseguridad continua. Sin dejar de lado que la derecha está irrumpiendo de manera coordinada, organizada y permanente para minar la credibilidad de la 4T, mediante guerra sucia mediática.

Claro que la justicia y la seguridad es asunto de todos. Salvo que el contubernio sigue ahí. Lo mismo de los medios de comunicación comprometidos que de los periodistas. Esa es una parte del trabajo de los periodistas desplazados, los denunciantes de los actos de corrupción desde el poder, en algunos estados.

Las cosas se complican en situaciones como esta de la pandemia.

Denuncias de corrupción por periodistas comprometidos

¿Quién o quiénes están haciendo las denuncias por corrupción de la clase política en el país? ¿Qué ha hecho o está haciendo el poder judicial por atender las denuncias en la materia?

Los periodistas comprometidos con la verdad. Aquellos que denuncian deben ser atendidos y protegidos por el sistema de justicia.

¿Por qué, pese a la corrupción, hay servidores públicos que continúan impunes? ¿Qué hacer contra aquellos que desvían los recursos del pueblo, o de quienes siguen coludidos con el crimen organizado? El cambio de gobierno debe atender estos temas.

Mientras tanto, es por lo anterior que, en lo sucesivo, una parte del trabajo de los periodistas que se encuentran en situación de desplazados, fuera de sus estados de origen —del hogar, la familia y el trabajo—, como muestra de sus denuncias por las cuales están en condición de perseguidos, o amenazados.

Escrito 25 de marzo de 2020.

*) Director de geopolítica.com, @sal_briceo

Por Salvador González Briceño*

*Practicar el diálogo, principal característica de la democracia 

Crisis política en El Salvador. Asomó la tëte autoritaria del presidente Nayib Bukele, al introducir policías y militares a la sede de la Asamblea Legislativa el pasado domingo 9 de febrero. La reacción de las dos fuerzas opositoras no se hizo esperar: del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

No faltaron los calificativos a la acción, tanto internos como externos, de autogolpe o golpismo al poder Legislativo alentado desde la instancia presidencial, por tratarse de dos poderes.

¿Bajo qué argumento?, de no aprobar en calidad de urgente la petición presupuestal de más de 100 millones de dólares para el Plan de Control Territorial para combatir de la Mara Salvatrucha.

Y Bukele se rebeló en el nombre de Dios, desde la sede del legislador, tomada como púlpito. Curioso, el pretexto religioso o Biblia en mano —actos chocarreros para ganar apoyos populares; nada qué ver el nexo religión/política—, como lo hizo en su momento la autoproclamada presidenta Janine Añez en Bolivia.

El golpismo en América Latina no ha quedado atrás pese al siglo XXI. Todo lo contrario, desde que Estados Unidos de América (EUA) mete las narices acá, y sigue tratando a Latinoamérica como “patio trasero”, Doctrina Monroe decimonónica rediviva en la era Trump.

Sí. Washington está, siempre, atrás de cualquier acción golpista en la región, en todo aquel país que intenta una ruta propia —nacionalista, independiente o alejada del injerencismo de la Casa Blanca—; y basta con que los gobiernos rompan los hilos de control y acceso a las empresas gringas a los recursos naturales locales, para prorrumpirlo. Más que pretexto.

La derecha, característica aparte de los gobiernos de ese matiz ideológico-político, para acabarla, está siempre dispuesta a vender la patria a intereses externos, principalmente norteamericanos, con tal de obtener migajas. Y Bukele se está comportando como tal.

Molesto porque la Asamblea Nacional no le avaló en febrero —declarado improcedente— el préstamo del Banco Centroamericano de Inversión Económica (BCIE) por 109 mdd, el presidente asomó la irrupción constitucional.

Con dos artículos en la mano: el 167 de su Carta Magna para convocar a sesión extraordinaria del Parlamento, y/o el 87 para azuzar la insurrección popular con fines del “restablecimiento del orden constitucional”, Bukele arremetió usando a la Fuerza Armada y a la Policía, un evento inédito en El Salvador.

¿Es sólo porque policía y fuerzas armadas se beneficiarían del préstamo solicitado para el plan de seguridad (el equipamiento en esta la tercera fase del plan) por Bukele que lo apoyaron el domingo? O porque el presidente es el comandante general de las fuerzas armadas. La confrontación entre ambos poderes tiene otras aristas, en varios temas.

No obstante, la Corte Suprema de Justicia de ese país Centroamericano prohíbe al presidente a convocar al Parlamento para la aprobación de dicho préstamo. Aparte, es claro que los sectores salvadoreña están en desacuerdo con el procedimiento.

Y de que el Plan de Control carece de objetivos y metas claras, a juicio de algunos legisladores, aparte torceduras como la designación a la empresa encargada de las 4 mil cámaras de videovigilancia y “desvíos” para fines ajenos a la seguridad.

El tema de la oposición legislativa y que Bukele no está atendiendo, pasa por la fundamentación adecuada, justificada, del plan de seguridad que requieren los legisladores; mientras tanto, izquierda y derecha están unidos bajo la misma presión: en contra de Bukele.

Lo principal es que nadie, ni adentro ni afuera de El Salvador, quiere golpe de Estado. La memoria del pasado, de militarismo y guerra civil pesa y duele. Bukele unió a los dos partidos contrarios en su contra, que se junten para dialogar, como principio democrático básico para cualquier país. (12 de febrero de 2020).

*) Director de geopolítica,com, @sal_briceo.

 

Por Salvador González Briceño*

El escenario preelectoral no pinta nada bien. Y por lo mismo plantea grandes retos. La derecha boliviana sigue amenazante, antes que gobernar para todos. Para muestra, se ha “reelecto” como “presidente” a Jeanine Áñez Chávez, para evitar el “vacío de poder” en lo que se realizan las elecciones presidenciales y legislativas de mayo.

Es claro que la derecha, en minoría, se sostiene por lo militares y la ayuda exterior procedente de Washington. Es la ocupación ilegal de la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, tras el golpe cívico y militar contra la presidencia en funciones de Evo Morales Ayma, so pretexto de fraude electoral de octubre pasado.

Fraude nunca probado, por los golpistas, por la propia OEA que preside Luis Almagro, el detonante del golpe. Todo lo contrario, entre quienes revisaron el tema, ninguno probó el fraude. Se sustenta que contra Morales se orquestó golpe de Estado al estilo tradicional del siglo XX.

Los militares se prestaron apoyando dicho acto de traición a la patria, para servir a intereses estadounidenses. Con ello traicionaron a los bolivianos, al presidente en turno y los éxitos alcanzados durante su mandato en materia económica y de política social, entre otros.

Ciertamente Evo se engolosinó en el poder, recién reconoció que su peor error fue haberse postulado para un cuarto mandato. “Pero la gente lo pidió”. Hay responsabilidades, desde luego, pero mayormente de los líderes que encabezaron la rebelión golpista, y el saldo de los 35 asesinatos registrados, los detenidos, golpeados, etcétera.

¿Golpe financiado por la USAID? Secreto a voces, desde siempre, cuando fue creada dicha Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo en 1961. Evo la habría expulsado en 2013, por intromisión en asuntos internos de Bolivia —como en otros países de la región latinoamericana—, financiando a los opositores golpistas.

Solo entre 2013 y 2018, la USAID gastó más de 70 millones de dólares en asesoramiento, entrenamiento y preparación de grupos para derrocar al gobierno de Evo Morales. Porque a eso se destinan sus aportes “por la democracia” de los pueblos, al derrocamiento de gobiernos legítimos cuando no responden a los intereses de Washington. Lo mismo con la Fundación Nacional para la Democracia, otro instrumento de política exterior estadounidense.

Golpe de Estado prolongado, el uso de la fuerza para el control del 62 por ciento de la población indígena que tiene el poder para inclinar la balanza. Terror y violencia contra la mayoría que está con Evo Morales y los candidatos del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Es claro que la derecha golpista apuesta por las multinacionales estadounidenses. Y a favor del retorno de la USAID. Quieren el control del gas y de litio, de los 21 millones de toneladas, primera reserva del mundo.

En términos geopolíticos las disputas son entre el poder del terror, golpista, y el poder real, el popular. De ahí el reto, la batalla electoral entre tantos candidatos como los suficientes para la dispersión del voto.

Como para tratar de impedir el triunfo del MAS. Evo propuso a Luis Arce Catacora para la presidencia y a David Choquehuanca para la vicepresidencia. Disputarán también el candidato Carlos Meza (el principal instigador golpista y los comités cívicos), Jorge Quiroga, Félix Patzi, Chi Hyun Chung y Luis Fernando Camacho. Seis candidaturas.

Al parecer la estrategia de la derecha radica en apostar al voto fraccionado, como para generar confusión entre los electores. Para evitar el regreso del MAS, el partido que sacó de la miseria a las grandes mayorías, a los indígenas pobres del neoliberalismo del pasado y robusteció a la clase media.

Es por lo dicho que el MAS no la tiene fácil, con todo en contra. La voluntad de las mayorías será, finalmente, quien decida su futuro, el de su país y con ello también de los proyectos alternativos sumados en América Latina. La apuesta es, entonces, por la recuperación del poder desde abajo.

Por el futuro del proyecto antiimperialista, antiFMI, anticapitalista. Un proyecto por la soberanía y el rescate de los recursos naturales.

*) Director de: geopolítica.com. / Profr. UNILA Sur.

Escrito 23 de enero de 2020.

 

Por Salvador González Briceño*...

En tiempos “normales”, digamos de no tanta presión poblacional, en todo el mundo migrar —dejar su lugar de residencia— es cosa cotidiana.

Para ejercer la movilización “legal”, digamos, bastan unos ahorros; solo a la “ilegal” le cuesta más, andanzas y dinero que muchas ocasiones es “prestado”.

Ir de un país a otro, primero de paseo, por asuntos de negocios o de plano para cambiar de residencia es algo normal y “legal” en la historia moderna, incluso como parte del “progreso” individual o colectivo.

Países enteros se han beneficiado con este fenómeno de la inmigración (personas que van a otro país distinto al de su lugar de nacimiento), porque son otras caras, nuevas ideas, otras oportunidades, humanas e incluso de negocios.

Como sabemos, Estados Unidos (EUA) es un claro ejemplo, desde su fundación, el siglo XV al XVIII. Las corrientes migratorias que llegaron a estos lares, al país del “norte” del continente “americano” (por eso de Américo Vespucio), solo entre 1820 y 1930 significaron más de 30 millones de personas (32.5).

La migración reciente hacia el viejo continente europeo, procedente del norte de África, Medio Oriente, Oriente Medio y Europa Oriental, ha sido apabullante. Se trata de la migración forzada, por el hambre y la violencia.

Entre las varias causas del fenómeno están las estructurales, como las siguientes:

1) Por economías en crisis (oleada última de 2008-2009 a la fecha) frágiles y con bajo crecimiento, de tal manera que no alcanzan a satisfacer las necesidades;

2) La violencia desatada, que desestabiliza países enteros, con fines ajenos a los propios —regularmente geopolíticos—, y cuyos gobiernos derrotados o débiles, también incumplen con el “bienestar” de su gente;

3) Por bandas de asesinos a sueldo, los llamados terroristas o mercenarios que irrumpen territorios con fines invasores o apoderarse riquezas naturales;

4) Las bandas criminales internas, como del multimillonario negocio de las drogas, cuya presencia en Latinoamérica (Colombia y México), es brutal (por la violencia y desestabilidad creada).

Para entender el fenómeno de la inmigración en general, más en particular para atenderlo en nuestra región (como la reciente oleada desde Honduras a México), con rumbo fijo hacia los EUA, baste mencionar la desigualdad, la pobreza extrema, frágil salud, servicios pésimos, sin oportunidades de empleo o pésimos salarios, entre otros.

En pocas palabras, la falta de inversión, el abandono de la población, los estados débiles y una clase política incapaz de enfrentar con éxito las causas.

Ahora es el problema de la última ola de inmigrantes procedente de Honduras y El Salvador, en su paso por México. Mientras el vecino del norte solo reparte odio, cuando siempre ha sembrado pobreza generalizada en la región por siglos.

Se trata de al menos unos tres mil jóvenes, mujeres y niños, que conforman la caravana de paso. Claramente se trata de un asunto regional, donde el país destino solo pone un “sueño americano”, hoy decadente como imperio que fue. (21/I/2020).

(*) Director de El Día (2009).

Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

Por Salvador González Briceño

Ningún medio de comunicación en México funciona o debería salir a la luz pública sin su Código de Ética respectivo. Tal vez la gran mayoría lo posea, pero cuántos lo siguen en todo momento y al pie de la letra.

Si esto era válido antes del advenimiento de las TIC, que trajeron consigo la modernización forzada de los medios de comunicación en general porque llegaron a cambiar las formas de hacer periodismo, más lo es ahora.

Es decir, la sociedad debe recibir la información bajo el cedazo de sus propios valores, ciertamente a partir del rigor autoimpuesto desde los medios de información que están para enriquecer todas las expresiones sociales y culturales.

Qué decir ahora, cuando dicha modernidad trae consigo el advenimiento, no siempre profesional —sin menospreciar—, de muchos ciudadanos que informan y se informan a través del internet, precisamente sin el rigor del profesionalismo periodístico que rige y vigila los contenidos puestos al alcance de la mano.

Justamente, porque la población que está consumiendo información es la que hoy oscila entre las edades de los 12 a los 35 años, y lo están haciendo a través del smartphone, el celular como principal instrumento de comunicación.

En otras palabras, los medios de comunicación y los periodistas deben poner el ejemplo sobre el control de lo que se publica bajo cualquier medio de comunicación.

***

Sobre todo ahora, que hay una alta probabilidad que cualquier información mediante las redes sociales es altamente difundida, y expuesta millones de lectores o consumidores. No se diga en todo lo referente a la violencia.

Es del conocimiento de todos que México está atravesando por uno de sus peores momentos en materia de seguridad. La inseguridad pública en este sexenio es mucho peor que en los últimos dos anteriores.

Ahí están las estadísticas del propio gobierno, que cualquiera puede consultar. La violencia es mayor bajo el gobierno de la Cuarta Transformación, en donde personas de carne y hueso están siendo víctimas.

No cabe duda que incluso sea planificada y promovida o hasta financiada por interlocutores o actores coludidos con el crimen organizado de los anteriores gobiernos de oposición. Más la responsabilidad de atender la problemática ya es del actual gobierno federal que cada vez debe revisar las políticas públicas al respecto.

Ajustar políticas y acciones —así sea bajo un plan nacional, pero con sus respectivas adecuaciones locales—, es lo mínimo que debe hacerse desde las instituciones públicas federales, cuando lo instrumentado no da los resultados ni cubre las expectativas esperadas.

Más cuando el actual gobierno prometió atender el problema de la seguridad pública y la violencia, enfocando a solucionarla desde la erradicación de la corrupción que reina en el país desde hace décadas.

Pero a la persistencia de los crímenes y asesinatos en general, y de las mujeres en lo particular, es claro que la estrategia adoptada hasta ahora no está mejorando la seguridad pública.

No se tienen los resultados prometidos todavía y las expectativas no son muy alentadoras. Solo que la sociedad no espera todo el tiempo. Y quiere resultados.

La afectación por la violencia y el dedo en la llaga está puesto en estos momentos en los crímenes contra mujeres, los tipificados feminicidios por su condición de género, por ser mujeres y siempre perpetrados por un hombre, sea del círculo familiar o no. Se trata de violencia a las mujeres, desde golpes y maltratos que pueden llegar hasta el asesinato.

Por lo anterior es que, desde la manera de comunicar por parte de todos los medios de comunicación es que debemos adoptar la norma. Desde los códigos de ética hasta el respeto a los derechos humanos, vigentes y presentes en todas nuestras leyes, así como los compromisos internacionales suscritos por México.

6 de marzo de 2020.

Director de geopolítica.com

 

 

*Amenaza contra la libertad de expresión en el mundo, por el principal agresor

*Un proceso amañado, violatorio de derechos humanos, de un país invasor

Por Salvador González Briceño*

En tanto los medios tradicionales en el mundo se comportan ambivalentes, defendiendo primero los intereses del imperio, descuidan que con ello cavan su tumba al perder credibilidad ante la sociedad.

Duro golpe a la libertad de expresión y a la libre circulación de las ideas en Internet. Una amenaza para el periodismo de investigación en el mundo, de proceder la solicitud de extradición de Estados Unidos de América para Julian Assange desde Londres.

El proceso inició este 24 de febrero en contra del fundador de WikiLeaks, por difundir “información confidencial” de EUA en 2010. Los delitos son, entre otros, el espionaje, la conspiración, cometer “intrusión informativa”, para un total acumulado de ¡18 presuntos crímenes!, y una sentencia probable de ¡hasta 175 años!

Corresponde a la jueza Vanessa Baraitser determinar si es procedente la extradición, mientras el lapso para la sentencia no tiene tiempos, o desde una semana hasta dos años. De los delitos sexuales, los prefabricados, por los que fue detenido y procesado inicialmente nada queda, todo fue un show. Lo fue antes, lo es ahora. Pero un juego de ruleta rusa, peligroso.

La vida de Assange esta en manos de la justicia; mejor dicho, de quienes violan la justicia. El procedimiento es “político”. Nada qué ver con la ley, sino con el atropello de los procesos legales, con las leyes internacionales y los derechos humanos. Como ocurre.

¿Está por encima de la libertad de expresión e información de la sociedad (incluso desde la web; no obsta que el espionaje de los países tecnológicamente desarrollados es con fines de “seguridad nacional”)? Juicio amañado y tendencioso al que pretenden someter a Assange los tribunales estadounidenses.

No es falso lo dicho por su padre, del Sr. John Shipton: Si la extradición política de su hijo es exitosa, los periodistas, editores y publicaciones se expondrán a lo mismo que ha sufrido el activista. La opresión al periodismo, la incesante malicia dirigida contra Julian Assange por las autoridades; una detención arbitraria, la tortura, como atestigua el relator de la ONU, Nils Melzer.

De ocurrir la extradición, el ataque a la libertad de expresión será evidente, un precedente en contra de los medios de comunicación internacionales, y el consabido efeto negativo para el ciudadano común, para quienes trabajan los medios.

Más que en otros, en este se pretende juzgar al mensajero y no el mensaje. Así lo expresó —entre mucha gente inconforme— la eurodiputada de Izquierda Unida, Sira Rego, quien al asistir como “observadora” a la apertura del juicio dijo: Se pretende “matar al mensajero, prevalece aquí sobre el ver e investigar qué ha sucedido en la guerra” (fuente: https://tinyurl.com/u6f5vov).

En otras palabras: juzgar al mensajero y pretender enviar el mensaje a la impunidad, comenzando por los autores de los “crímenes de guerra contra el terrorismo”, derivados de la invasión a un país extranjero; gobernantes y gabinete de guerra, con Bush a la cabeza.

El mundo debe estar exigiendo juzgar a los autores materiales e intelectuales de la guerra, como los autores de los videos difundidos por WikiLeaks en 2010, porque evidencian los crímenes ¡de12 a 15 civiles!, entre ellos dos periodistas de la agencia Reuters, hechos de julio de 2007 en Irak.

En su momento se justificó la agresión militar, porque “confundieron las cámaras de los periodistas (se trató de: Saeed Chmagh y Namir Noor-Eldeen) con armas, mientras ¡buscaban a insurgentes que habían disparado sobre elementos estadounidenses en esa área! (¿y cuáles habrían sido los daños?, ¿a qué “elementos” y/o ¿qué agresiones o bajas?).

“La brigada investigada y la investigación encontró que las fuerzas implicadas no estaban al tanto de la presencia de los dos reporteros, y que toda la evidencia disponible sostiene la conclusión de esas fuerzas de que enfrentaban a insurgentes armados, no civiles”, declaró en su momento Shawn Turner, el vocero militar estadounidense, en declaración por escrito a CNN.

Todavía más, el reporte de 2007 de la Armada acerca del incidente concluyó que los soldados no tenían “razones ni probabilidades de asumir que era personal neutral de medios de comunicación estaba cerca de las fuerzas enemigas”, según copia del documento proporcionado a SNN (fuente: https://tinyurl.com/vo8d5hc).

Ataques que conmocionaron al mundo, esos del helicóptero militar estadounidense que disparó a mansalva contra personas iraquíes, entre quienes se encontraban los reporteros. El ejército de EUA quedó en descubierto. En escaparate mundial a raíz de la publicación tres años después, filtrados por el soldado Bradley Manning —hoy Chelsea Manning— a WikiLeaks.

Es claro que eso no importa para los autores. No admiten responsabilidad alguna y el mundo está dejando de lado tanto a militares estadounidenses (invasores de países en Medio Oriente) como del gobierno de ese país, cuanto ellos deberán ser los procesados. Los auténticos generadores de las violaciones no son ciudadanos civiles de los países, Irak o Afganistán, ni Siria, son los estadounidenses. Solo hay que escarbar un poco.

Porque es claro que las imputaciones a Assange tienen que ver con los “Papeles de las guerras en Irak y Afganistán”, con la vida de los presos en Guantánamo; así como los cables diplomáticos filtrados entre 2010 y 2011, con la participación de medios internacionales como The Guardian, Der Spiegel, The New York Times y El País.

Los británicos van de la mano con sus aliados estadounidenses, que para eso son anglosajones. Ya en junio de 2019 —informó— el ministro del interior británico, Sajid Javid, suscribió la orden de extradición y la certificó, y ahora le corresponde a los jueces calificar, tras casi un año de mantener recluido a Assange en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, al sur de Londres.

Flagrante violación a la libertad de expresión, espada de Damocles para el periodismo en el mundo. Que de proceder se convertiría en un juicio contra el mensajero dejando impune al mensaje. Cuando son lastres del imperio, invasor de territorios, en donde violenta y desestabiliza; EUA derroca gobiernos y destruye países enteros, por sus intereses de por medio, donde su actuación es para robar recursos naturales como el petróleo y el gas.

En el juicio de Julian Assange, como lo ha dicho un experto en tortura de la ONU, se juega el futuro de “nuestras democracias”, o lo que quede de ellas. Mientras tanto, como lo expresó uno de los abogados del creador de WikiLeaks, Baltazar Garzón, con la extradición se pretende: “Blindar los servicios de inteligencia de Estados Unidos”. Para lo que sirven, igual para espiar a todo el mundo.

Una locura políticamente motivada —agregó Garzón—, y más cuando los extranjeros en ese país, no están cubiertos por la primera enmienda de su Constitución, que protege la libertad de expresión. Proceso político, no legal. Mas bien ilegal y violatorio de cuanto delito se le imputa al agredido. Amenaza al mensajero, contra el periodismo de investigación y de los medios independientes, sobre todo. (24-25 de febrero de 2020).

*) Director de: geopolítica.com, @sal_briceo.

 

*Lastre, la desatención, desdén, y falta de políticas públicas comprometidas

*La política de seguridad pública dio un pasito adelante, pero es insuficiente

Por Salvador González Briceño*

La indiferencia. Esa es la principal actitud desde el gobierno, a la falta de sensibilidad por el problema de los crímenes de lesa humanidad que representa el asesinato de mujeres en México. No es nuevo, pero sigue.

Qué decir de los abusos, a los más deplorables niveles, cometidos en contra de niñas —sobre todo— al igual que niños. La pederastia en su máxima —pésima— expresión. Los curas de las iglesias ni se diga el cinismo con el que enfrentan su problema, que lo magnifican con sus declaraciones denigrantes como: es peor el aborto de la violación (¡recontrasic!).

Pura justificación, si la institución (sic) que representa la difusión de principios religiosos y morales (super sic), la iglesia católica ha perdido el piso; códigos de conducta y políticas de atención para la protección de las familias en cero, asunto que mina tanto sus cimientos como su propia existencia. Pero ese es un problema que tarde o temprano cosechará. Son los pederastas religiosos.

Pero otra es la función, la que debe adoptar —o debería tener— del gobierno federal, en este caso de Andrés Manuel López Obrador en México. Tema delicado, complejo y complicado, ciertamente. Eso no es novedad. Tampoco el machismo y Octavio Paz lo describió muy bien en El Laberinto de la Soledad.

Pero este no es espacio para hablar de literatura, sino de realidades. Los crímenes cometidos contra mujeres, jóvenes y pequeñas, no tienen calificativo. Son de lesa humanidad, llámeseles feminicidios, violencia extrema de género o violencia contra las mujeres. Es inaceptable en todas sus expresiones.

Duele, como cuando le han desaparecido a uno un integrante de la familia. No hay manera de expresar el sufrimiento. El dolor se lleva dentro. Cuantimás un hijo. Eso es para no encontrar paz interna el resto de la vida. Para cualquier madre o padre es como morir en vida. Si la muerte de un hijo es dura, tanco como la pareja, van de la mano.

De esa violencia se ha levantado la ola, por los crímenes —feminicidios— en México en estos días. El caso de Fátima, pequeña de 7 años, ha pegado hondo. Como de otras jóvenes igual. Más las niñas, las jóvenes cruelmente asesinadas, desolladas, violadas, denigradas.

Ante eso, algo que ha levantado fuertes críticas al gobierno de Obrador es que se victimiza en lugar de ponerse en los zapatos de las familias afectadas. Y de las mujeres, y la sociedad en general. Es el mismo trato, en la atención de los feminicidios, como el que se da para impedir los asesinatos de los periodistas.

Dos son las justificaciones del gobierno, de Obrador:

1) Que se está atendiendo el problema de la violencia, con las reuniones diarias del Consejo Nacional de Seguridad y el despliegue de la policía —la Guardia Nacional—; que se está arrancando a los jóvenes de los criminales con los programas sociales, salvo que eso está resultando, a ojos vistas, claramente insuficiente en tanto continúan la impunidad y la corrupción del sistema de procuración de justicia en el país;

2) La indiferencia desde el gobierno para atender asuntos específicos, los que se presentan el día a día, posición que deja el sentir molestia en los afectados, y en la sociedad por el desinterés.

En ambos casos resalta el desdén, lo que al mismo tiempo no es más que incapacidad —o falta de visión— para resolver este asunto de alto impacto social. En esto, los feminicidios están al punto del desborde, con el enojo de por medio, de las mujeres que se manifiestan y las que no pero apoyan desde redes sociales.

Es decir, si la movilización social ya es una preocupación para cualquier gobierno, más lo es con actores molestos y altamente ofendidos. Como las feministas que están saliendo a las calles, en protesta por dichos asesinatos como por la insuficiencia en las acciones de gobierno y las políticas públicas.

Obrador está ante un problema nada fácil. Es verdad que se presta a que la protesta sufra la infiltración de actores violentos, y que la derecha intervenga para denostar al gobierno. Cierto. Pero el desinterés o incapacidad —más la indiferencia— saltan a la vista. Grave.

De pena ajena es el “decálogo del presidente de México vs la violencia hacia las mujeres”. Nada comprometido o comprometedor. Nada para resolver, menos apaciguar a las conciencias. Nada para resolver el feminicidio. Tampoco para no dar elementos a la derecha para encaramarse en la cuestión. Nada para atender un problema social de fondo como —insisto—, los asesinatos de los periodistas.

Que es un asunto del neoliberalismo, sí. Que es fruto de un pasado reciente, también. Que es tema para que la derecha se le vaya a cuello a Obrador, igual. Que se presta a la manipulación de quienes se manifiestan en contra, desde luego. Pero que es clara muestra de la ineficiencia, también. Que la violencia no para, qué decir.

El decálogo es muestra de lo anterior: “Estoy en contra de la violencia”, bien, pero lo estamos todos y eso no resuelve. “Se debe proteger la vida de hombres y de mujeres”, bien, pero el “se debe”, ¿quién debe?, el gobierno no puede eludir. “Es una cobardía agredir a la mujer”, lo es, pero qué se hace por ello; qué por la integridad de las familias, lo que sea es poco, menos cuando no se reconoce un problema está lejos de resolverse.

“El machismo es un anacronismo”, lo es, pero una declaración no basta; lo mejor sería erradicarlo de raíz, incluso de la cultura familiar, como evitar la preferencia por el hombre en atenciones, en cuidados, etcétera, y eso es un tema también de cultura familiar.

“Se tiene que respetar a las mujeres”, desde luego que se les debe respetar, pero la violencia está en todos los medios de comunicación, y no hay legislación en contra de eso, como balaceras y traiciones en comedias y películas gringas, mexicanas y colombianas, que solo propagan balaceras y asesinatos.

“No a las agresiones a mujeres”. “No a los crímenes de odio contra mujeres”. “Castigo a responsables”. “…Garantizar la seguridad de las mujeres”. “Nuestro compromiso…con la paz y la tranquilidad”.

Si no pasamos de las declaraciones a los hechos, el problema seguirá. Si no hay políticas públicas comprometidas no habrá acciones de gobierno efectivas. Sin legislación menos. El tema de la violencia en general no sube de la mera cuestión de policías y ladrones, y eso será la piedra en el zapato para el gobierno.

Lástima. Tan lamentable y deplorable como denigrante. Por último, cabe aclarar, que con el dolor no se juega. La sociedad no lo perdona ahora ni nunca, más allá que la derecha oportunista se monte en el tema. En lastre, eso sí, se convertirán los feminicidios para el gobierno si sigue el desinterés o la descalificación.

Como la carencia de legislación y de políticas públicas convincentes. (18 de febrero de 2020).

*) Director de geopolítica.com. @sal_briceo.

 

Por Salvador González Briceño*...

Entre la libertad de expresión y el derecho a la información de la sociedad.

Crítica resulta la situación por la que atraviesan los periodistas en México en la actual coyuntura, entre un pasado reciente que se hunde y otro escenario presente, imbuido en la modernidad tecnológica.

La violencia que marca el contexto de vida o muerte, en los terrenos personal y profesional.

O se lucha contra la violencia que está asesinando periodistas y abandonando los casos al mar de impunidad, o se sobrevive de la crisis amenaza la profesión si no adopta y se adapta a la revolución que trajeron consigo las nuevas tecnologías y modificaron la actividad.

La violencia y los crímenes perpetrados contra periodistas en los últimos años, sigue como Espada de Damocles en 2020. Porque las políticas de seguridad pública no muestran cambios de fondo, ni compromisos claros desde los tres niveles de gobierno para atender el problema.

Con el cambio de régimen político que se dio en 2018 la situación de violencia de los últimos gobiernos no cede, incluso el actual se compara con los anteriores. Los 15 periodistas asesinados al cierre de diciembre 2019 delatan la gravedad de la situación.

La CNDH registra 147 periodistas asesinados desde el año 2000 a la fecha, pero las cifras cambian con la institución. Artículo 19 registra 131. Todos caídos en relación con su trabajo periodístico. México es el segundo país donde más se mata a los periodistas, como en Irak o Siria.

Los crímenes tienen como trasfondo el ambiente de inseguridad generalizada que se padece en el país en las últimas décadas, pero también de una carencia de justicia, de una impunidad rasante.

El gremio enfrenta un doble reto: 1) liberarse de las amenazas de los acosadores para salir vivo, y; 2) cuidarse de la desprotección del Estado, porque los procedimientos y los “mecanismos” entregan resultados a medias.

La impunidad de los gobiernos de Fox, Calderón y Peña, subsiste a un año de ejercicio del gobierno de López Obrador. Por la ineficiencia de la autoridad ministerial, pues las fiscalías estatales y la FGR no hacen el trabajo o no atraen los casos de los periodistas asesinados.

Es lamentable, entra otras cosas, que no se valore el papel del periodista en la sociedad.

Por lo tanto, como no hay justicia que no se conquiste, es al gremio periodístico a quien corresponde ganar los espacios, las leyes necesarias y las denuncias pertinentes también para resolver la grave situación.

Con la instrumentación del modelo neoliberal se generalizó la violencia en el país. La inseguridad pública ha sido la característica de los últimos tres sexenios, de Fox, Calderón y Peña. Pero las cosas no están siendo diferentes con López Obrador. Población en general y periodistas en particular siguen padeciendo los lastres de la “guerra contra el narcotráfico” de Calderón.

Las medidas aplicadas hasta ahora están resultando insuficientes. Con los periodistas más, porque criminalidad e impunidad van en aumento. Todavía más cuando desde el pupitre presidencial se azuza contra los periodistas, y ego enrarece el ambiente o clima con el gremio. Urge terminar don ese acoso.

A esa situación se agregan los despidos masivos, cierto desde los medios tradicionales, pero también desde los organismos del gobierno. El tema se agrava todavía más si a todo esto se suma el atraso en el manejo de las nuevas tecnologías aplicadas hacer periodismo desde Internet.

La capacitación (cursos de…) se hace más indispensable que nunca hoy. De igual manera atender el desempleo con programas de gobierno, porque el desempleo masivo —situación agravada— implica carecer de los recursos suficientes así sea para abrir una página web.

No se diga para emprender negocios más ambiciosos y necesarios para la sociedad. La diversidad de ideas, como la observancia crítica hacia el poder son tareas de los medios de comunicación masiva pero ejercida por los periodistas.

No es función de la prensa estar sometida al poder. La prensa está para servir a los intereses de la sociedad, y cualquier Estado está para facilitar dicha función. Pero la responsabilidad social es lo primordial. No la entrega, el sometimiento ni acallar los problemas. Ni de un partido en el poder (o del poder), mucho menos de la prensa. De una prensa de compromiso social.

Entre estas acciones están las prioridades para este 2020, pero muchas de ellas desbordarán el plazo de un año y seguirán vigentes lo que resta del actual sexenio. Eso seguro. Más bien es lo único seguro.

La defensa de los derechos de los periodistas se fundamenta en el derecho a la información de la sociedad. Más en un Estado que se jacte democrático.

Lunes 23 de enero de 2020.

*Director de geopolítica.com