*Sánchez apuesta por un gobierno progresista e Iglesias exige gobierno de coalición.

El PSOE pagó ayer cara la nueva llamada a las urnas. No solo no consiguió la «victoria reforzada» que pidió en persona el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para poder gobernar en solitario sino que ni siquiera logró repetir el resultado obtenido en abril. Gana las elecciones pero aquellos 123 escaños se convirtieron ahora en 120 tras perder más de 760.000 votos, en una cita en la que también bajaron todos sus posibles socios. En el bloque contrario, Vox se disparó hasta los 52 escaños (28 diputados más) y el PP alcanzó los 88 escaños (22 diputados más), al 100% de los votos escrutados. Cs se hunde a diez diputados.

La fragmentación política crece y complica la aritmética parlamentaria que afloró en abril, haciendo más difícil la gobernabilidad del país. Aun así, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, apostó por formar un gobierno «progresista» y «estable». Una fórmula que vuelve a depender de Unidas Podemos y del independentismo catalán. Bien por su permiso o por su voto positivo. Y ello pese a que los españoles también castigaron a la formación que encabeza Pablo Iglesias. El partido morado retrocede siete escaños para quedarse en 35 asientos después de perder 653.960 votos, aunque mantiene la cuarta posición. Sin embargo, el revés sufrido en las urnas no parece haber sembrado en Podemos una mayor flexibilidad para trabar un pacto. Iglesias arrancó su valoración de la cita electoral atacando a Sánchez y exigiendo el mismo gobierno de coalición que reventó las negociaciones entre ambos partidos y facilitó el bloqueo. Lo reclamó como una «necesidad histórica y la única manera de frenar a la extrema derecha». El líder morado, que hace tan solo siete meses coordinaba a 71 diputados incluyendo confluencias, lleva en caída continua desde 2016 pero realizó atisbo de autocrítica.

Rivera, en coma

Cs, que se había comprometido a trabajar por el desbloqueo, se desploma y se queda en diez diputados tras perder 47 asientos, equivalentes a unos 2,5 millones de votos. Una debacle que coloca a su presidente, Albert Rivera, al borde de su muerte política. El político catalán no dimitió ayer y convocó a su ejecutiva para hoy con el objetivo de abrir un proceso de primarias que elija al nuevo presidente, aunque sin aclarar si él volverá a presentarse. «Es un mal resultado sin paliativos y sin excusas», admitió. Su hundimiento elimina la posibilidad de una mayoría absoluta junto al PSOE que sí brindaron las elecciones del pasado 28 de abril. El otro aliado potencial de Sánchez, Más País, protagonizó el pinchazo de la noche al no lograr más que tres escaños, que ni siquiera le aseguran la creación de grupo parlamentario propio.

Casado, alternativa

La repetición de las elecciones trajo así ayer consigo un claro fortalecimiento del PP y Vox, que no podrán gobernar ante el hundimiento de Cs y la inexistencia de socios que puedan completar su mayoría hasta los 176 diputados. El PP se consolida como líder de la oposición al ganar 646.216 votos. «Este partido cuando alguien intenta sustituirlo siempre resurge a la altura de lo que España necesita», se felicitó su presidente, Pablo Casado, al valorar un resultado electoral que consideró bueno para su partido pero malo para España.

El líder popular advirtió que ni su programa ni sus ideas son compatibles con las de Sánchez y adelantó su labor como jefe de la oposición. «Ejerceremos nuestra responsabilidad y nuestra alternativa», subrayó antes de asegurar que este partido volverá a liderar el futuro de España «muy pronto». Pero vino a dejar la puerta abierta a cambiar su relación con el líder socialista al declarar estar a la espera de lo que éste vaya a decidir.

Sin embargo, la subida de los populares no alcanza el objetivo de cien escaños fijado en la precampaña y se ve ensombrecida por el fuerte crecimiento de la «alternativa patriótica» del presidente de Vox, Santiago Abascal. Esta formación protagoniza la mayor subida de la noche tanto en escaños como en votos y se convierte en la tercera fuerza de la Cámara Baja, un puesto que arrebata a Cs. «La mayor gesta y la más rápida de la política española», resumió Abascal, con el añadido de que la superación de los 50 escaños le permitirá recurrir las leyes ante el Tribunal Constitucional.

Crece el independentismo

No solo hay baile de cifras en los bloques de derecha e izquierda. Los números también cambian en el independentismo. Junts -el partido de Joaquim Torra- sube un diputado y se sitúa en ocho; mientras ERC pierde apoyos y retrocede dos escaños, hasta los 13, que pasan a manos de la CUP. La formación independentista radical irrumpe así en el Congreso y no es la única fuerza secesionista que se ve reforzada gracias a la repetición de comicios. Bildu también sube y pasa de cuatro a cinco escaños sin que baje el PNV, que también crece y alcanza los siete escaños frente a los seis obtenidos en abril. En Galicia el BNG vuelve a lograr representación parlamentaria y accede a un escaño. Paralelamente, aumenta la representación de los regionalismos. Teruel Existe, que logra entrar en el Congreso con un escaño; mientras el Partido Regionalista de Cantabria repite el escaño que obtuvo en abril. A ellos se unen Navarra Suma y Coalición Canaria que repiten el resultado de abril, con dos escaños.

El Senado, sin absoluta

Los socialistas se colocaron como la fuerza más votada en diez comunidades, cinco menos que en abril: Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Castilla-La Mancha, Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura, Baleares y La Rioja. Por su parte, los populares ganaron las elecciones en Cantabria, Castilla y León y Galicia. Vox dejó sentir su ascenso al convertirse en el partido más respaldado en Murcia y Ceuta, mientras en Cataluña, ERC volvió a ganar las elecciones frustrando las expectativas del PSC y en el País Vasco lo hizo el PNV. El desplome de Cs se tradujo en su desaparición parlamentaria en once autonomías. El castigo de los ciudadanos al PSOE también fue evidente en el Senado donde Sánchez perdió la mayoría absoluta que alcanzó en abril y el PP se reforzó como segunda fuerza de la Cámara.

En cuanto al transcurso de la jornada, transcurrió con normalidad pese al temor a que en Cataluña los radicales intentaron coartar el derecho a votar en libertad. La participación, se quedó unas décimas por debajo del 70 por ciento, unos dos puntos menos que en abril pero casi tres puntos superior a la registrada en la repetición electoral de 2016.

Ana I. Sánchez. Actualizado:11/11/2019.


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