“Mi familia y yo, a pesar de todo, no nos equivocamos cuando regresamos a nuestro país en 1990. Teníamos razón de que la dictadura no había logrado contaminar irrevocablemente al pueblo.

“Le toca a ese pueblo, y a su juventud, escribir ahora la próxima página de la historia.

“Parece que Allende sigue vivo. Muy vivo” (*).

Así termina Ariel Dorfman su opúsculo (30 páginas), que define como reportaje/panfleto/manifiesto, con el que de explicarnos a los lectores lo que hoy pasa en Chile: “Por qué la juventud chilena se rebeló”. Para ello, Dorfman, a quien conocemos por ser coautor de Para leer al Pato Donald (1971) parte de la experiencia de su hijo mayor, Rodrigo, exiliado entre los siete y 22 años de edad.

El contexto es el golpe de Estado al presidente constitucional Salvador Allende, en septiembre de 1973 y la dictadura que le siguió, por el cual Chile fue el laboratorio de lo que es, todavía, el modelo neoliberal. Un modelo que se impuso a sangre y fuego y que significó, no sólo para la nación del cono sudamericano, “la sistemática privatización de las riquezas que pertenecían a todo Chile (y) la demolición de un Estado al servicio de las grandes mayorías”. La dictadura del capital, que sobrevive a la salida y muerte de Augusto Pinochet, entronizado en el poder, con el apoyo y la bendición de Washington.

Rodrigo regresa a Chile en 1990. Forma parte de una generación que se autodenomina, de forma burlona, Los hijos de Pinochet. Son jóvenes que retoman la bandera de quienes torturados y asesinados, o en el exilio, resisten y luchan porque, nuevamente, “se abran las grandes las alamedas”, a las que refirió, en su último mensaje, desde La Moneda, bombardeada, el presidente Allende.

No obstante el NO y la salida de Pinochet, así como el retorno a las elecciones presidenciales, el general de la muerte dejó de herencia el aparato militar, mediático, económico y judicial, coronado por “una Constitución aprobada fraudulentamente en 1980”, con el resultado, hasta ahora, de una democracia restringida y disciplinada, subraya Ariel Dorfman.

Apenas ayer fueron los estudiantes de la escuela secundaria, y hoy son los mismos y otros jóvenes, a los que se une todo el pueblo, contra un alza del precio del Metro, que sirve de detonador de rebelión. En fin, jóvenes chilenos y “su necesidad de salir a las calles a protestar contra un gobierno y una élite que no los incluye ni escucha o aprecia”, afirma Dorfman; población, víctima de una peculiar manera de represión: balas de goma, disparados directamente a los ojos.

En el hemisferio sur es la temporada de verano. Desde hace semanas, Chile está caliente. Allí queda la fotografía, de primera plana, de un manifestante prensado entre dos vehículos militares. Y ante la presión popular, el gobierno de Sebastián Piñera convoca, para el 26 de abril, a un plebiscito a fin de decidir si se vota una nueva Constitución.

*Ariel Dorfman. Chile: juventud rebelde. Fondo de Colección Económica (colección Vientos del pueblo. $12). México. 2019.


Colaborador de: geopolítica.com