Por Salvador González Briceño*...

Entre la libertad de expresión y el derecho a la información de la sociedad.

Crítica resulta la situación por la que atraviesan los periodistas en México en la actual coyuntura, entre un pasado reciente que se hunde y otro escenario presente, imbuido en la modernidad tecnológica.

La violencia que marca el contexto de vida o muerte, en los terrenos personal y profesional.

O se lucha contra la violencia que está asesinando periodistas y abandonando los casos al mar de impunidad, o se sobrevive de la crisis amenaza la profesión si no adopta y se adapta a la revolución que trajeron consigo las nuevas tecnologías y modificaron la actividad.

La violencia y los crímenes perpetrados contra periodistas en los últimos años, sigue como Espada de Damocles en 2020. Porque las políticas de seguridad pública no muestran cambios de fondo, ni compromisos claros desde los tres niveles de gobierno para atender el problema.

Con el cambio de régimen político que se dio en 2018 la situación de violencia de los últimos gobiernos no cede, incluso el actual se compara con los anteriores. Los 15 periodistas asesinados al cierre de diciembre 2019 delatan la gravedad de la situación.

La CNDH registra 147 periodistas asesinados desde el año 2000 a la fecha, pero las cifras cambian con la institución. Artículo 19 registra 131. Todos caídos en relación con su trabajo periodístico. México es el segundo país donde más se mata a los periodistas, como en Irak o Siria.

Los crímenes tienen como trasfondo el ambiente de inseguridad generalizada que se padece en el país en las últimas décadas, pero también de una carencia de justicia, de una impunidad rasante.

El gremio enfrenta un doble reto: 1) liberarse de las amenazas de los acosadores para salir vivo, y; 2) cuidarse de la desprotección del Estado, porque los procedimientos y los “mecanismos” entregan resultados a medias.

La impunidad de los gobiernos de Fox, Calderón y Peña, subsiste a un año de ejercicio del gobierno de López Obrador. Por la ineficiencia de la autoridad ministerial, pues las fiscalías estatales y la FGR no hacen el trabajo o no atraen los casos de los periodistas asesinados.

Es lamentable, entra otras cosas, que no se valore el papel del periodista en la sociedad.

Por lo tanto, como no hay justicia que no se conquiste, es al gremio periodístico a quien corresponde ganar los espacios, las leyes necesarias y las denuncias pertinentes también para resolver la grave situación.

Con la instrumentación del modelo neoliberal se generalizó la violencia en el país. La inseguridad pública ha sido la característica de los últimos tres sexenios, de Fox, Calderón y Peña. Pero las cosas no están siendo diferentes con López Obrador. Población en general y periodistas en particular siguen padeciendo los lastres de la “guerra contra el narcotráfico” de Calderón.

Las medidas aplicadas hasta ahora están resultando insuficientes. Con los periodistas más, porque criminalidad e impunidad van en aumento. Todavía más cuando desde el pupitre presidencial se azuza contra los periodistas, y ego enrarece el ambiente o clima con el gremio. Urge terminar don ese acoso.

A esa situación se agregan los despidos masivos, cierto desde los medios tradicionales, pero también desde los organismos del gobierno. El tema se agrava todavía más si a todo esto se suma el atraso en el manejo de las nuevas tecnologías aplicadas hacer periodismo desde Internet.

La capacitación (cursos de…) se hace más indispensable que nunca hoy. De igual manera atender el desempleo con programas de gobierno, porque el desempleo masivo —situación agravada— implica carecer de los recursos suficientes así sea para abrir una página web.

No se diga para emprender negocios más ambiciosos y necesarios para la sociedad. La diversidad de ideas, como la observancia crítica hacia el poder son tareas de los medios de comunicación masiva pero ejercida por los periodistas.

No es función de la prensa estar sometida al poder. La prensa está para servir a los intereses de la sociedad, y cualquier Estado está para facilitar dicha función. Pero la responsabilidad social es lo primordial. No la entrega, el sometimiento ni acallar los problemas. Ni de un partido en el poder (o del poder), mucho menos de la prensa. De una prensa de compromiso social.

Entre estas acciones están las prioridades para este 2020, pero muchas de ellas desbordarán el plazo de un año y seguirán vigentes lo que resta del actual sexenio. Eso seguro. Más bien es lo único seguro.

La defensa de los derechos de los periodistas se fundamenta en el derecho a la información de la sociedad. Más en un Estado que se jacte democrático.

Lunes 23 de enero de 2020.

*Director de geopolítica.com