El 27 de enero de 1945, el Ejército Rojo de la Unión Soviética liberó el infame campo de exterminio nazi, poniendo fin a uno de los episodios más negros de la historia de la humanidad.

Hoy se cumplen 75 años del 27 de enero de 1945, fecha en que el Ejército Rojo de la Unión Soviética liberó el mayor complejo de campos de concentración y de exterminio de judíos de la Alemania nazi.

Auschwitz se convirtió desde entonces en el símbolo de una de las mayores atrocidades en la historia humana. En 2005, el 27 de enero fue proclamado por la asamblea General de la ONU como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

La trágica historia de este execrable lugar comenzó el 20 de mayo en 1940, cuando se finalizó la construcción del campamento en la ciudad polaca de Auschwitz.

75 años después, los últimos supervivientes del campo ofrecen sus testimonios sobre el infierno que tuvieron que sufrir. Como recuerda Malka Zaken, "quien no estuvo allí no puede entender lo que sucedió".

"Un infierno"

"No había compasión, ¿sabe? Era un infierno. Un infierno. Los prisioneros que llevaban más tiempo parecían locos, con sus ojos fuera de las órbitas" explica otro de los supervivientes, Shmuel Blumenfeld.

"Vivíamos con la amenaza de que cualquier instante fuera el último", añade Batcheva Dagan.

Trabajos forzados extremadamente duros iban acompañados de raciones escasas de comida. El hambre era uno de los enemigos contra los que tenían combatir diariamente los reclusos que intentaban luchar por su vida.

"No se puede imaginar el hambre que pasamos en Auschwitz. La sopa era agua con algunas papas pequeñas flotando. Era la única comida", relata por su parte Saul Oren.

"No dejo de vivir el pasado"

Todos los sobrevivientes coinciden en que su paso por el campo de concentración les marcó profundamente de por vida.

"Casi todas las noches [tengo pesadillas]. Sueño mucho y lo recreo todo", confiesa Menahem Haberman: "75 años después, todavía vivo con eso. Vivo en el presente, pero no dejo de vivir el pasado".

"No puedes olvidar, nunca lo olvidas. Ese sufrimiento no se puede olvidar", asegura por su parte Zaken.

"Vivir para contar"

Según afirman varios de ellos, lograron sobrevivir esa etapa tan dura porque no se rindieron y "lucharon" por su vida, además de establecerse unos objetivos que posteriormente pudieron cumplir.

"Quería vivir para contar al mundo [lo que ocurría allí]: ese era mi objetivo", señala Dagan. "Cuando me preguntan: '¿quién podía sobrevivir?', mi respuesta es 'quienes sabían sufrir'. Los que no podían soportar el sufrimiento se acercaban a la valla electrificada, estiraban la mano y morían".

"Sobreviví porque luché por mi vida, no fue un regalo que me dieron", defiende la anciana.

A muchos, el hecho de haber podido sobrevivir a sus torturadores -aquellos que entonces se veían con derecho de elegir quién podía vivir y quién no- incluso hoy en día les causa una sensación de satisfacción y victoria. 

"Todavía hoy siento que derroté a los peores asesinos, a todos. Yo estoy vivo y ellos se pudren bajo tierra", concluye Haberman su testimonio sobre uno de los episodios más negros de la historia de la humanidad.

Publicado:27 ene 2020.


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