Por Salvador González Briceño*

Pese a que todos los rituales de los invitados al Foro de Davos —en los Alpes Suizos, el hermoso escenario de La Montaña Mágica de Thomas Mann— siguen siendo los mismos de otros años: los autos blindados, los guardaespaldas (nada qué ver con Kevin Costner), los hoteles de lujo, salones relucientes y suculentas comilonas, la expectativa no lo fue.

Las preocupaciones afloraron en las caras de los representantes de los más poderosos: presidentes, banqueros, empresarios, políticos, líderes de opinión, periodistas. Incluso de personalidades invitados como el mismísimo Donald Trump de los Estados Unidos o Angela Merkel de Alemania, como Trudeau y Modi de Canadá e India, respectivamente. Entre otros personajes de la “elite global”.

Klaus Schwab, creador y anfitrión del Foro alertó sobre la necesidad de un “capitalismo sostenible”. Pero, ¿cuál es el futuro del capitalismo, de cara a un EU —con Trump a la cabeza— ocupado solo en sí mismo, y con el proteccionismo de bandera, cuando el resto del mundo apunta hacia otro lado, Europa incluida pese al Brexit, es decir, hacia el multilateralismo en el marco mismo de la globalización?

Porque los temas de ahora tuvieron que ver con la salud, el cambio climático, la tecnología, la multipolaridad (con el tema de la “cooperación internacional”), el rol de las empresas, el empleo desde el smartphone y la esperanza de vida. Y los requerimientos de inversión, espejo en el que extendió sus redes Estados Unidos. Se trata de las tensiones en materia comercial, así como por la predominancia tecnológica.

Sí, porque Donald Trump llegó a transmitir las maravillas en las que ha convertido a su país desde que llegó a la presidencia, particularmente en temas como el “bienestar social” (impuestos, comercio, legislación, inmigración, educación; hoy son “los trabajadores primero”) y en los éxitos en materia comercial, como si la “guerra” contra China le hubiese relanzado hacia el primer lugar del anhelado desarrollo y con ello del liderazgo casi a nivel mundial. Lo que sí, ignoró el impeachment en su contra que sigue su curso en el Senado de su país.

Voceros del viejo continente, Macron y Merkel lo hicieron a contracorriente. Abonaron en su compromiso por reformar al sistema europeo, desde la globalización y el multilateralismo frente a Trump. Para Macron, hay que decir a la gente que la globalización “es buena”, como en alusión a las demandas de los aguerridos chalecos amarillos, que siguen sus demandas de menos impuestos y por la agenda ecologista.

Para Merkel, apostar a las lecciones de la historia y aprender de las catástrofes del siglo XX, para declarar que con el proteccionismo no hay salida. Por ello, hay que abrir las puertas a China, India, EUA y otras grandes economías, porque solos o separados —se saben— irán al “fracaso” o dependientes de EUA.

Modi también aludió al modelo incluyente y abierto al mundo, contra quienes imponen tarifas y se apegan al proteccionismo, por lo que la vuelta a la globalización es clave. En tanto Trudeau alude a un comercio que tenga en cuenta los beneficios de las mayorías y no de unos pocos. Para el presidente indio la globalización está perdiendo su “brillo”; en tanto para el segundo, el escepticismo debe ceder a cerrar acuerdos con beneficios para los muchos.

Por tanto, mientras que Trump insiste en su modelo de “América primero”, aplaude el acuerdo T-Mec, con Canadá y México, y el presunto nuevo acuerdo comercial con China, en tanto la sigue presionando con más aranceles, así como arremete contra Corea del Sur.

Luego será lo mismo con otro país. Trump no modificará sus estrategias para romper todo lo que no traiga beneficios para “América”. Recuérdese que va por la reelección, y ahora anda de campaña desde Davos.

Sobre el clima, Trump habló del “catastrofismo climático”. En tanto la activista Greta Thunberg sobre el tema sostuvo que “nuestra casa se está incendiando. Su falta de acción está alimentando las llamas cada hora”, lo que le valió el “catastrofismo” de Trump.

Lo cierto es que, hablando del clima, sí se trata de una suerte de catástrofe apocalíptica, donde el mundo cierra los ojos de cara a la destrucción del planeta.

En fin. Con esa suerte de neoglobalización el mundo no cambiará. El capitalismo solo ha generado escenarios de destrucción. De nada sirve el nuevo enfoque del Foro sobre “construir un mundo más sostenible e inclusivo”. El capitalismo anida en su seno la exclusión, la división de clase, la explotación y con ello la bipolarización riqueza/pobreza; la competencia entre ricos y pobres, desarrollados y “en desarrollo”. Aparte la tecnologización profundizará todavía más las diferencias.

Los lujos seguirán en pie para unos pocos. Lo que en realidad hace falta es un modelo económico. Eso no se propuso en el Cincuentenario; ni desde la mágica montaña, a pesar de Mann. (27/I/2020).

*Director de geopolítica.com. Profesor universitario.