Por Salvador González Briceño...

Ninguna novedad, no hay tal acuerdo. Es un atropello. Se trata de la imposición del presidente estadounidense Donald Trump contra el pueblo palestino y su territorio en favor de Israel. Nada de imparcialidad. Contrario a toda lógica, a todo principio del derecho internacional. Más que un espaldarazo a Netanyahu por sus problemas de corrupción.

Y es que Trump pretende “legalizar” —que no legitimar— las invasiones del ejército israelí sobre territorio ajeno, que por otra parte les ha costado sangre a los palestinos; un conflicto que muestra inconformidades desde la creación en 1948 del Estado de Israel por Naciones Unidas.

Concretamente, los antecedentes se encuentran entre la Guerra de los seis días de 1967, y las intifadas: la primera (1987-93, reacción popular con piedras y granadas) y la segunda (2000-04, participación de Hamás con armas y misiles), de la mano de varios intentos de alcanzar acuerdos entre presidentes (como Barak-Arafat en 1990), donde las partes no han conseguido acuerdo.

Ahora, lo que se presumía ser una propuesta para una solución “imparcial y justa” de uno de los conflictos más añejos y difíciles del mundo, resultó en una tomadura de pelo para: los implicados palestinos y para el mundo; salvo para Netanyahu y Trump. O los acompañantes en la conferencia: Kushner, Ivanka, Greenblatt, Pompeo, Freedman, Dermer, entre otros.

No ha faltado quien califique el acuerdo como un resurgimiento del Apartheid por el toque racista y discriminatorio contra un pueblo entero, pero es más que eso, se trata de la imposición de una acción colonialista cuyo único sustento se lo da la fuerza, ni la razón ni el derecho internacional en ninguna de sus reglas.

Todavía peor, el anuncio que se hizo este martes 28 de enero 2020, no ha sido con la presencia de las partes, solo entre quienes lo están imponiendo: Netanyahu y Trump. Ah, pero para Trump es el acuerdo de “ganar-ganar” para israelíes y palestinos, el plan más detallado que se haya presentado hasta ahora, a decir suyo.

Jerusalén, en tanto, será la “capital indivisa” de Israel por la parte Oeste, en tanto compartirá la capital de la parte Este como capital con Palestina. Un acuerdo que bien sirve distractor para tapar los escándalos de corrupción de Netanyahu, así como el Impeachment de Trump.

Trump vería, conforme al “mapa conceptual”, la anexión para Israel del Valle del Jordán, las áreas alrededor del Mar Muerto que actualmente se encuentran en Cisjordania y el área “E1” entre Jerusalén y Cisjordania, con algunas partes de ésta que se convertirán en parte de Israel. Lo anterior no es más que la anexión de asentamientos ilegales de tierra de Cisjordania. ¿Y los altos del Golán? También.

Y de eso se trata, porque, al decir del embajador de Estados Unidos en Israel, David Friedman, Israel es “libre” de anexar asentamientos cisjordanos “en todo momento”. Un territorio fragmentado, para favorecer a Israel, dijo Trump, “para cumplir con los requisitos de seguridad del Estado de Israel”.

Aparte de tamaño avasallamiento, el “acuerdo del siglo”, pide el desarme de Hamas así como de la Jihad Islámica, con un “fuerte rechazo al terrorismo” como condición para que el Estado Palestino” obtenga lo que se llama “coexistencia pacífica”.

Se trata de poner fin al odio contra Israel, brindarle “seguridad”, no más derramamiento de sangre, con un plazo de cuatro años a Palestina para negociar con Israel.

En tanto, contento, Netanyahu alabó el plan de Trump como “excepcional”, por lo que el día 28 de enero es “un día histórico”, tanto como el día de la creación del Estado el 14 de mayo de 1948.

Ah, pero para Palestina es su oportunidad, porque habrá inversiones, empleos en los próximos 10 años, se reducirá la tasa de pobreza porque el PIB se duplicará o triplicará. Porque “ellos son personas muy capaces”.

Es, concluye Trump, una “oportunidad histórica para que los palestinos, finalmente, logren un Estado independiente propio”. “La última oportunidad que tengan” (sic).

Ese es el tono del atropello, de lo absurdo de Trump con su “Acuerdo del siglo”. Su plan de paz para Oriente Medio. Un agravio a la inteligencia. Una bofetada para Palestina que podría resultar en una “Tercera Intifada”.

Publicado 29/enero/2020).

Director de geopolítica.com.

Profesor universitario.