Por Salvador González Briceño*

*Frágil, la UE ahora recibirá mayor presión anglosajona, con EUA al frente

Como dicen, la firma del divorcio llegó. El 1 de febrero de 2020 entró en vigor la separación de la Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), tras la confirmación de la Eurocámara por amplia mayoría, a más de tres años del referéndum británico —claramente direccionado— que dio el sí con apenas el 50 más 1,9 por ciento en pro de la salida.

Hace años que un servidor viene diciendo que la mencionada UE es más bien desUE, porque no funciona como unión; ni es “fusión, cohesión, adhesión, nexo…”, nada. Porque cada país jala conforme a sus intereses, como era de esperarse además desde Maastricht en febrero de 1992-1993, firma y entrada en vigor, respectivamente.

Ni cumple, la UE con los principios de dicha unidad, como tampoco convienen siquiera en materia comercial para el interés común. O es Alemania, más que Bruselas, quien encabeza como economía más fuerte, o la propia Bretaña —acaso Francia o tímidamente España—, dejando fuera de las decisiones clave a los países del segundo círculo, al que pertenecen los desplazados, los de las penurias como Grecia, Italia o Portugal.

Lo que ha dejado en claro la separación es que no hay, ni había, tal unidad desde su arranque en 1973. Los asuntos de unos no son de todos, como la amenaza migrante a la que ahora rehúyen los británicos, entre otros temas, como la crisis de las “vacas locas” de 1996, intereses de unos y otros.

Luego entonces, a partir de ahora, las peores decisiones se tomarán allende las fronteras. O Bretaña o, en la práctica será la política estadounidense (EUA) que se imponga, dirija, a no ser que las cosas cambien en ese sentido.

EUA será el guardián del faro, el que decida las políticas a seguir en lo porvenir. ¿Hasta cuándo? Hasta que lo decidan las políticas nacionales, o que por países tomen sus propias directrices, tanto internas como hacia afuera, incluso hacia los estadounidenses. En otras palabras, la UE tiende a desbaratarse.

Más en este mundo de cambios acelerados. Y ahora que el gobierno de Donald Trump presiona a la UE a seguir sus lineamientos y a que apoye sus políticas, como las referentes a la OTAN, o hacia países como la región del Medio Oriente.

Al final de cuentas, será la geopolítica de EUA la que siga en la línea de no perder la hegemonía, como lo viene haciendo frente a los países promotores del multilateralismo, como son Rusia, China, Irán, India y otros.

Ante esto, la UE —o lo que quede de ella tras el Brexit— o define políticas propias, o queda al albedrío de la propia Bretaña o de los EUA. Seguir como desUE será permitir las imposiciones, o el sometimiento a los nuevos acuerdos comerciales que estarán empujando tanto Boris Johnson como Trump. Pero apunta a eso.

Otra cosa sería que, por ejemplo, se redefina como Unión frente a Rusia y China, o Siria e Irán, sin seguir precisamente las directrices imperiales anglosajonas. Sería definir, en su caso, lo conveniente como UE, sin sometimiento.

Deberá tomar decisiones propias. O, en su caso, acordar, unidos o por países, temas como la relación con Rusia en materia energética —abastecimiento del gas—, en seguridad por aquello que EUA presiona a todos los países para que contribuyan con sus cuotas para mantener a la OTAN, así como a presionar a Rusia en caso de confrontación (lo hacen ya desde los ejercicios militares conjuntos en las fronteras).

También lo relativo a las guerras en contra de Siria, Irán, Irak, Afganistán; conflictos como el de Libia, de Israel con Palestina, y en general del problema con los “terroristas”. Qué decir del asunto de la inmigración provocada tras las guerras atizadas con el terrorismo yihadista, con fines desestabilizadores de países para apoderarse de las reservas energéticas.

Ni hablar de la toma de decisiones en materia económica. Qué y/o ¿cómo decidir los temas de la imposición neoliberal del FMI? ¿Qué con las enormes deudas contraídas con el BCE, Banco Central Europeo? ¿Cómo hacer para la recuperación del empleo, del poder adquisitivo, del sistema de pensiones, del bienestar social, cuando se presume era uno de los objetivos de la Unión Europea y el euro?

La presión que ha venido ejerciendo, con y sin la UE, Estados Unidos seguirá latente. Peor ahora que se sumará el acoso de Bretaña, el añorado imperio presente todavía bajo la monarquía.

Lo único cierto es que la Bretaña seguirá trazando las directrices y los gobernantes estadounidenses también continuarán mandando obedeciendo al poder inglés. Sabemos quién manda en esa dupla anglosajona.

El tiempo dirá si la relación es de otra manera. Se ve difícil un reacomodo. Debería, por el bien de la hoy metida en camisa de fuerza Unión de las Europas. Queda hasta el fin del 2020, cuando el proceso concluya, para que las cosas se acomoden o descompongan. (4-febrero-2020).

*) Director de http://xn--geopoltica-p8a.com/.

@sal_briceo.