España 22 mil 524, Francia 22 mil 245, Reino Unido 19 mil 506. China, el país señalado origen de la pandemia: 4,642. De Latinoamérica México: 1,221 víctimas. Otros en situación lamentable, como Brasil o Ecuador, donde la tragedia vive en las calles.

No obstante la gravedad de la enfermedad, parece que la tendencia es ya a la baja. Y la curva tiende a ceder tanto en contagios como en fallecidos. Pasará, pero quedará como una pesadilla latente, incluso se esperarían rebrotes.

El caso es que no se mira con claridad ahora, pero el mundo será claramente otro desde la irrupción del coronavirus. Es decir, hablaremos del mundo antes y postcoronavirus. Como antes y después de 11 de septiembre. De esa plaga que llegó sospechosamente a todos los rincones del planeta afectando a los humanos en casi todos los países, a las sociedades y sus formas de vida.

Hacia otro “nuevo mundo”

Sobre el trastocamiento del orden mundial, hay que decir primeramente que la pandemia llegó para cambiarlo todo: a las economías, a los sistemas políticos, a las relaciones internacionales, a instituciones y organismos. Llegó para modificar estructuras de poder, incluso mayormente que las ocurridas en el pasado.

Es decir, los ajustes en puerta están por verse todavía, pero la prospectiva no tiene frente a sí un mundo color de rosa. Todo lo contrario: modificado radicalmente. Cuánto no se sabe, pero las diferencias no serán leves, como la polarización en las condiciones de vida, y enmarcado en mayor violencia.

Surgirá, como lo estamos padeciendo ya, un nuevo mundo. De todos depende, claro está, que sea un mundo para bien, de unidad (aunque prevalece la separación, la individualidad, ajena a la solidaridad). Es decir, habrá que estar atentos al rechazo del proyecto de las elites del poder anglosajón (EUA vs. Gran Bretaña) que pretenden imponer desde los años 90.

El llamado Nuevo Orden Mundial (NOM) —Henry Kissinger, dixit— donde ellos, los anglosajones con EUA a la cabeza y la OTAN como su brazo armado, pretenden controlarlo todo: la hegemonía para apropiarse de los recursos del mundo, la sumisión de regiones y países enteros.

Siendo que la globalización, ni el llamado orden neoliberal, como tampoco el sistema fiat especulativo de Wall Street que es apoyado por la reserva federal y el resto de los bancos centrales (como el BCE) tienen futuro. Como tampoco lo tiene el Estado neoliberal.

Para eso son los rescates anunciados por el presidente Trump y la Reserva Federal, en billones de dólares, para evitar que el viejo sistema caiga. Pero es insostenible en términos simples. Pero, claro está que no se darán por vencidos, los azuzadores del NOM, No.

Para eso quieren los elevados presupuestos, para rescatarse a sí mismos (corporativos, bancos, etc.), pero también para prolongar la guerra en todas sus expresiones. Mediante la fuerza los victimarios pretenden ser los policías del mundo.

Un sistema cerrado, autoritario

La novela 1984 de George Orwell se quedó corta (entre otras). Nada que ver con el sistema soviético o nazi de control total. Lo que pretenden los promotores del NOM será peor. Ah, y para eso quieren la vacuna contra al covid-19, para colocar el chip, como lo alega Bill Gates su principal promotor. Para el control total. Nada de conspiraciones. Es la realidad que pretenden imponer aprovechando la difusión del actual virus.

Un sistema que pretende alcanzar al mundo entero. No se ve por ahora todavía, pero es claro que habrá sorpresas, mayores que las novelas de ficción, pero todo dependerá del resto, de los que estamos en el círculo de las víctimas, que es el resto de la población del mundo.

No se olvide otro dato: que los agentes del NOM requieren reducir la población. De ahí que tanto Malthus como Darwin hayan resurgido, nuevamente. Por ello promotores como Christine Lagarde (la ex del FMI) quieren que se mueran los “viejitos”, porque se roban el oxígeno de los jóvenes, ella no. Curiosamente el covid-19 está afectando a la población mayor a los 65 años. Será la “selección natural” de los neodarwinistas o neomalthusianos.

Es claro que el imperio estadounidense se resquebraja, y por ello ruge como fiera que se resiste a morir, y trata de encontrar salidas donde otros sean los que paguen los platos rotos. De volverse realidad, el hundimiento no será sin secuelas de alto impacto.

Pero ese es justamente el juego geopolítico que está en curso. Donde al mismo tiempo las causales de la destrucción son profundas. Y, dicho sea, para eso el coronavirus es el gran pretexto. Y no al revés, como se dice corrientemente en los medios.

Es decir, no saldrá la basura debajo de la alfombra gracias o a raíz del coronavirus. La basura ya está podrida ahí. Porque las causas de la destrucción son anteriores, no son nuevas. Salen a flote con la pandemia, pero la pandemia no es el origen. Tienen carácter estructural.

Claramente que nadie quiere el desastre, sobre todo los propios implicados en el desfalco. Pero la situación ya es insostenible y los cambios llaman a la puerta, mismos en los cuales el mundo apenas estamos entrando.

Serán, eso sí, peores o más profundos que los generados en otras crisis del pasado. Mayores a las secuelas de la crisis de 1929 en las economías del mundo; más profundas que las generadas con las dos Guerras Mundiales donde los países participantes fueron vueltos en cenizas.

Seguirá la disputa

Peores en materia geopolítica —y esto por la reacción ofensiva, y puramente agresiva, de EUA contra el mundo—, que tras los atentados del 11/S de 2001, que el golpe terrorista (autoatentado para justificar el apoderamiento de los pozos petroleras en Medio Oriente). Incluso mayor que la polarización generada por la crisis financiera del 2008-09.

De origen presuntamente chino, Trump ya tiene pretexto para irse nuevamente contra el país asiático. Que es el país que disputa fuertemente en el control geoeconómico a EUA. Más con su proyecto de la Ruta de la Seda que geopolíticamente inclinará la balanza por China en el terreno internacional.

Por eso la disputa comercial de Trump, que no obstante ha perdido frente a China. Por lo mismo el propio presidente Trump y Pompeo ya han declarado que el enemigo es el PCCH. Y pretenden castigarlo, porque es la estructura que se esconde tras el poder

Por lo mismo, pronto comenzará la ofensiva mediática contra los chinos, para seguir los golpes. Desde el punto de vista económico, pero también con la amenaza militar. Porque EUA no consiente la disputa, desde el punto de vista geopolítico, de ningún otro país.

Pero el covid-19 es como un arma de doble filo: o es utilizado para imponer el NOM como quieren los anglosajones, o es el fin del propio sistema neoliberal que sostiene a la actual etapa del capitalismo imperial.

Los estadounidenses quieren lo primero. Pero el resto del mundo, insisto, quiere lo demás: el fin del capital-imperialismo, así como de la hegemonía de los EUA que sobrevive siempre mediante el uso de la violencia. Para imponer sus “valores” de “democracia y libertad”, que para ello se presumen los principales promotores.

Como sea que resulte, el saldo del covid-19 es la amenaza de un mundo diferente al actual. El trastocamiento mencionado, incluso, podrá quedarse corto. Pero como sea que se presente llegará.

El desaseo de los medios

Mientras tanto, de la mano de dudas como las siguientes: ¿Cómo es que un virus surgió de pronto tan letal?, ¿desde cuándo la naturaleza es tan cruel?, ¿acaso no hay intervención humana —¡las investigaciones científicas!— en la creación o proceso de estas toxinas que acechan al hombre?

Comienza a imponerse la llamada guerra psicológica como instrumento para lograr lo que se pretenda, como el NOM. La muerte que genera miedo, más cuando proviene de un “enemigo” invisible.

Claro que la letalidad es por el virus. La otra parte es por los medios de comunicación dominantes, donde prevalece la desinformación. O donde los medios son los responsables de magnificar la crisis.

No olvidemos que el rol de dichos medios está de lado de los poderosos, de los instigadores, de los infractores, de los interesados en difundir todo menos la verdad. Pero aún, los medios son parte del propio falso sistema.

En esta campaña de guerra mediática, destacan entonces las mentiras para justificar políticas que a resumidas cuentas forman parte de los grandes intereses que están en el fondo; es la política en forma de propaganda para manipular a las “grandes masas”.

Sin embargo, a esas “grandes masas” no les resta más que generar la oposición necesaria, contra los proyectos de los promotores del NOM. Seguir la pista del dinero será útil para descarrilar cualquier cloaca, llámese golpista o militar, desde donde se protege el interés privado.

Atentos apoyar la multipolaridad

¿Qué pasará entonces? ¿Depende del imperio y del resto del mundo lo que suceda? Una cosa u otra. Debemos estar alertas. La idea del cambio hay que meterla en las agendas de los principales promotores, tanto global como local. Tanto a nivel macro como micro; es decir, tanto en las potencias de la disputada geopolítica mundial, como al nivel de las sociedades en general.

Tanto en las potencias promotoras de la multipolaridad (China y Rusia) —únicas fuerzas para contraponerse en todos los terrenos a EUA—, como en la acción política de los trabajadores organizados del mundo. Por cierto, en esta crisis serán los primeros y principales golpeados.

En resumen, el mundo está cambiando. De todos depende que sea en términos de una mayor opresión o una mejoría en la calidad de vida. Para cuando pase la tormenta, que es lo faltante todavía.

*) Director de geopolítica.com, @sal_briceo.