*Las medidas de choque del FMI echaron raíz en el repudio popular

*El presidente no aguantará la presión de los ecuatorianos, y se irá

Es la reacción de “los condenados de la tierra”, de F. Fannon.

Se anunció el 1 de octubre, pero entró en vigor el 3 del mismo mes el Decreto 883, donde se eliminaron subsidios a gasolinas, que redundó en aumento al transporte y los alimentos. La gente se molestó. Lenin reaccionó con golpes, gases lacrimógenos, carros blindados, cuando las marchas comenzaron de forma pacífica.

Avanzaron los días y aumentan las cifras de ciudadanos muertos y heridos. Pronto el presidente Lenin Moreno reprimió a su pueblo, tras el anuncio de las medidas de choque fondomonetaristas, que además incluyó reducir las prestaciones al salario a los empleados públicos que están bajo contratación temporal.

Con protestas por todo el país, la “turba de forajidos” están a punto de cobrársela al actual presidente, como cuando cayó el expresidente Lucio Edwin Gutiérrez Borbúa en abril de 2006. Es decir, parecen compartir la misma suerte: Lenin, tras la adopción de las políticas de choque neoliberal del Fondo Monetario Internacional (FMI), Borbúa por su giro a la derecha y su entreguismo a Washington que practicó durante su corta estancia en el poder, del 2003 al 06.

El primero se dijo de izquierda, el segundo que engañó hasta al presidente Rafael Correa, de quien recibió todo el apoyo para ocupar el cargo. Ambos, Lenin y Borbúa, se dieron a la tarea de traicionar “principios”, en pro de intereses primero de Estados Unidos de América, luego de los empresarios locales. Por lo mismo, el enojo del pueblo tiene sentido histórico, aunque se pronuncia como “país de paz”.

Lenin Moreno juntó al pueblo, en contra. A la fecha sostiene las imposiciones del FMI, y por ello las protestas lo echarán del poder. El dilema para él es que se sostiene garrote en mano, con la represión militar tras la imposición del Estado de excepción, o el toque de queda en la vecindad de instalaciones estratégicas.

Al cierre de esta nota las medidas de Lenin se han cobrado ya 5 muertos, 554 heridos y casi 1000 detenidos. ¿Cuántos más?

Por ello, si la rebelión continua el dictadorzuelo seguirá cobrando vidas. Seguro no aguantará la presión por el correr de sangre en las calles. El riesgo será mayor, en tanto se enquista. Por eso, al final se irá.

Rescate de gobiernos, no de pueblos

Aparte, queda claro que, si en su momento Lenin no pudo enjuiciar a Correa, por falta de pruebas y para quitarlo del medio, ahora éste se convierte en su mejor rival al asistirle calidad moral. Por lo mismo puede volver por la vía electoral y ocupar algún cargo popular, con o sin elecciones anticipadas.

El caso es que, mientras no se vaya Lenin el pueblo ecuatoriano mantendrá el enojo, por las medidas de choque del FMI donde los precios de combustibles ya superan el 100 por ciento. Las exigencias “clásicas” del FMI, a cambio de los préstamos para el rescate de gobiernos, más no de países. La gente no importa al FMI, como al Banco Mundial, a la OCDE, etcétera, organismos del libre mercado.

Entre los muertos destacan, por el movimiento indígena que también está en contra de las medidas, dos líderes sociales. Uno, Inocencio Tutumbi, dirigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie); otro, José Rodrigo Chaluisa, líder de la comunidad de Yanahurco en Pujil, según ha informado Leonidas Iza, el presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC).

Este último pide al ejército retirar el apoyo a Lenin. En tanto los partidos políticos también critican las medidas económicas de ajuste, y advierten que “o se cae el paquetazo o se cae el gobierno”. Lo cierto es que Lenin tiene los días contados. Luego, el juicio popular por la represión. Peor si se tarda y no recula en tiempo.

Qué decir del favoritismo a la empresa petrolera Chevron Texaco (que operó en el país entre 1964 y 1990), causante del daño ecológico de grandes proporciones por el derrame de petróleo en la selva durante varios años —denunciada en su momento por Correa—, por no menos de 71 millones de litros de residuos de petróleo y 64 millones de litros de petróleo bruto en más de 2 millones de hectáreas de la Amazonia ecuatoriana. Y las familias afectadas acusan a Lenin de negociar a sus espaldas, mientras la petrolera no acepta el daño ambiental.

Claramente Lenin busca justificaciones absurdas. Ha dicho que tanto Correa como Maduro están operando a la sombra el “golpe” en su contra. También que las FARC estarían en las protestas, algo que “no le asombraría”. Como inquietó su medida de trasladar el poder a Guayaquil y luego de regreso a Quito, tras percatarse del error.

Las reacciones, como las condenas, no se han hecho esperar, claro que internas, pero igual de afuera. A nivel internacional, Lenin está recabando el repudio de organismos independientes, como de líderes sociales del mundo. Como la ONU, que pidió ya la liberación de los detenidos.

Aparte se insta a respetar la libertad de expresión, el cese de la censura de los medios de comunicación y evitar las agresiones e intimidaciones a periodistas y comunicadores. Como la invasión policiaca a radio Pichincha universal, sin orden judicial “justificada”.

En tanto, Moreno cosecha el repudio de los ecuatorianos y el rechazo internacional a sus medidas, se resiste a dar marcha atrás para no quedar mal con el FMI que le prometió 10 mil millones de dólares y anunciada regodeado.

Más los inconformes seguirán en las calles pese a la represión y “en tanto no revoque las reformas”. Pero la resistencia no está de lado del presidente Lenin, como el balón que tampoco es suyo. Está del lado de la gente, ni siquiera del FMI, por supuesto, tan ajeno y repudiable por los pueblos. El tiempo de Lenin está cerca, como del FMI, de la globalización que representa, como el neoliberalismo también.

10-11 de octubre de 2019.


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