Por José Luis Avendaño C.

(259 días de confinamiento)

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El presidente Andrés Manuel López Obrador llega, el 1 de diciembre, a su segundo año de gobierno, una tercera parte de su administración, en medio de una grave recaída sanitaria, económica y social.

No es una situación exclusiva de México. Es un fenómeno global debido, principalmente, por la aparición del virus Covid-19, con severas consecuencias en lo económico y social (tanto por el confinamiento como el posterior desconfinamiento, ya sea por necesidad o hartazgo), que prácticamente nos tomó por sorpresa y, lo que es peor, sin defensas o con las defensas bajas, además, en América Latina, con el problema no resuelto por nuestras frágiles democracias: la ancestral desigualdad. En la región, el 10 por ciento de la población concentra 55 por ciento del ingreso (CEPAL).

El día 30, la Organización Mundial de la Salud se refiere concretamente a México: que tomemos en serio la pandemia, con el uso generalizado del tapabocas, empezando por el presidente…

Sin embargo, le echa la culpa al maltrecho sistema de salud pública, producto, dice hasta el cansancio, del neoliberalismo/neoporfirismo, que hizo de las suyas durante seis sexenios, siguiendo el recetario del FMI (Fondo Monetario Internacional), cuyas secuelas aún se sufren, y del cual México fue un alumno destacado, con todo y estrellita en la frente.

La ideología de este modelo dice que el mercado es más eficiente que el Estado, que en todo caso limitar su presencia para no interferir en las fuerzas del mercado, que terminan por autorregularse, con lo que se restablece el equilibrio.

Se llevó a cabo un amplio proceso de privatización que culminó en la misma privatización del Estado, que idílicamente gobernaba para todos y que era el mediador de los conflictos de clase, entre trabajo y capital. Bajo el modelo neoliberal, no sólo el Estado se inclinó descaradamente hacia el capital, sino que éste tomó directamente las riendas del poder.

¿No dijo Vicente Fox que el suyo era un gobierno de empresarios para empresarios?

Memorable la frase de Fox, empresario del Bajío, representante de una empresa transnacional, que llegó a la presidencia (2000-2006), de la mano de Acción Nacional (PAN) rompiendo la hegemonía priista de 71 años, inaugurando la alternancia, aunque bajo la continuidad del modelo neoliberal, dando origen al régimen prianista.

Sin embargo, la aplicación de este modelo de capitalismo salvaje llevó a crisis cada vez más recurrentes y profundas, de las que casi nadie, donde se aplicó, se salvó.

Durante el periodo neoliberal (diciembre de 1982-noviembre de 2018), la economía mexicana creció a una tasa anual de dos por ciento contra el seis por ciento anual del periodo anterior del nacionalismo revolucionario (entre las décadas de los cuarenta y los ochenta), cuando se consolidó una intensa etapa de urbanización e industrialización, con una activa participación del Estado, de la emergió una extensa clase media, es decir, un fuerte mercado interno.

Lo que se criticó del modelo anterior –en nuestro caso, el nacionalismo revolucionario—, como la ineficiencia y la corrupción, escaló hasta dimensiones escandalosas hasta llevarnos donde estamos ahora. Se reveló que ineficiencia y corrupción no son privativas del Estado, sino que es producto de complicidades. El modelo neoliberal, excluyente, reconcentró el poder en unos cuantos.

A partir de esta circunstancia, Andrés Manuel López Obrador se volvió uno de sus más feraces críticos.

Al amparo de Enrique González Pedrero, su paisano tabasqueño y mentor, forjó su carrera política bajo esa bandera nacionalista, que a la larga se mostró desgastada ante el embate de la globalización (apertura), cuando la tecnocracia (jóvenes educados en Estados Unidos, según la predicción de Lansing en la década de los veintes) asaltó el poder.

López Obrador llegó alcanzó la presidencia en su tercer intento, en las elecciones de julio de 2018, bajo el lema: Primero los pobres.

Su gestión, no obstante su buena voluntad, se ha desarrollado en un entorno difícil, entre críticas y resistencias, y no exento de contradicciones. El saldo en materia de seguridad y economía no es mejor que en el régimen anterior.

Su política social, en el que ha centrado sus esfuerzos, se aplica bajo condiciones tanto de escasez de recursos como de austeridad. Así, entre adversidades y polarizaciones, mantiene un relativo alto nivel de aceptación.

De allí que, en vísperas de cumplir su segundo año de gobierno, el presidente haya mandado un mensaje: “Agradezco que en estos dos años de gobierno hemos contado con el apoyo de la mayoría de los mexicanos. No ha sido fácil, porque enfrentamos la pandemia, la crisis económica y también a los conservadores que querían mantener el régimen de corrupción y de privilegios”.

Para desmarcarse del feo señalamiento de neoliberal, para no irse hasta el extremo, uno que otro simplemente se cataloga de liberal. Aunque recuérdese que, aun en la época de Juárez hubo de los dos tipos de liberales: moderados y radicales. A la larga, como se sabe, se impuso el políticamente moderado Porfirio Díaz.

Empero, el reciente neoliberalismo, que llevó al extremo la corrupción, como manifestación del capitalismo salvaje o de cuates, está lejos de haber desaparecido. Es un fantasma que actúa en las sombras. No se ha ido del todo, y conserva sus parcelas de poder, como el mediático y el económico, desde donde hacen y deshacen.

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“Jesús Armando Haro y Román Martínez Coria acaban de publicar Patrimonio biocultural y despojo territorial en el Río Mayo. Los guarijíos de Sonora y el proyecto de presa Los Pilares-Bicentenario, bajo el sello editorial de El Colegio de Sonora y la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Se trata de un minucioso y documentado estudio y crónica del proceso de despojo de tierras, aguas y mundos de la vida de la etnia de los guarijíos en la cuenca del río Mayo en Sonora.

“Esta prolija y detallada investigación es, y quiere serlo, un estudio de caso de nuestra época y nuestro tiempo: del despojo del patrimonio biocultural y territorial de la comunidad de los guarijíos y las vicisitudes de su largo camino de resistencia. Esa presa, advierten los autores, es un modelo que anuncia posibles escenarios de riesgo con rasgos que actualmente caracterizan el nuevo modelo de despojo territorial similares a otras experiencias donde se imponen megaproyectos.

“Como analizaron en su momento Marx y Rosa Luxembug, la acumulación por despojo no es episodio cruel del pasado sino una constante histórica; un momento constitutivo del capital en su proceso de reproducción ampliada. Esta nueva marea de despojo universal, sostenida en la violencia estatal y en las innovaciones científico-tecnológicas incubadas en la segunda posguerra (informática, microelectrónica, cibernética, ingeniería genética, biotecnología, nanotecnología), está rompiendo hoy sin embargo límites naturales antes inimaginables, restableciendo no sólo el dominio del capital sobre la tierra sino cubriendo todos los bienes naturales e incluso, como en México, bloques enteros del territorio nacional.

“En medio de la catástrofe ecológica que acompaña a esta mutación histórica, lo que otorga una nueva universalidad a estas rebeliones es que en la defensa de sus comunidades y territorios está también contenida la afirmación de la vida humana frente a la racionalidad inherentemente instrumental y depredadora del capital”. — Rhina Roux y Adolfo Gilly. Sin ley y sin piedad. El despojo de los guajaríos de Sonora (La Jornada, 26/11/2020).

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Y la cartilla moral se convirtió en guía ética…

Durante una mañanera, ¡dónde más!, el 26 de noviembre, se presentó la Guía Ética para la Transformación de México.

Es el número 99 de sus Cien compromisos de gobierno, y se presenta frente a la pérdida de valores morales, culturales y espirituales. El objetivo explícito es que el bienestar material se acompañe del bienestar del alma (sic).

Su contenido, a casi dos años de gobierno, surgió después de una serie de consultas. En total, son 34 páginas, según la página web de la Presidencia de la República.

Dichos  principios y valores son: 1) Respeto a la diferencia; 2) De la vida; 3) De la dignidad; 4) De la libertad; 5) Del amor; 6) Del sufrimiento y el placer; 7) Del pasado y el futuro; 8) De la gratitud; 9) Del perdón; 10) De la redención; 11) De la igualdad; 12) De la verdad, la palabra y la justicia; 13) De la fraternidad; 14) De las leyes y la justicia; 15) De la autoridad y el poder; 16) Del trabajo; 17) De la riqueza y la economía; 18) De los acuerdos; 19) De la familia, y 20) De los animales, las plantas y las cosas.

En palabras de Pedro Miguel, uno de sus redactores, se trata de “un conjunto de preceptos para una vida satisfactoria y el comportamiento adecuado, armónico y beneficioso en sociedad” (La Jornada, 27/11/2020).

¿Cuál es la causa de la pérdida de valores? Es régimen neoliberal y oligárquico, predominante de los últimos 40 años, que derivó en “comportamientos corruptos y delictivos”, de la cual “buena parte de la actividad empresarial se contaminó” y que alcanzó a núcleos familiares, dando por resultado “un declive moral generalizado en el país”.

Por ello, “es obligado impulsar una revolución de las conciencias, esto es, construir una nueva ética humanista y solidaria que conduzca a la recuperación de valores tradicionales mexicanos y universales y de nuestra grandeza nacional”.

La experiencia histórica nos enseña que en cualquier cambio o revolución (no necesariamente de carácter violento), el primer reducto de resistencia y, por tanto, el último en transformarse es la conciencia.

Ningún valor o principio es nuevo, pues existen y se debaten desde hace siglos, y se consideran universales e inmanentes, pues son derechos adquiridos por el simple acto de nacer. Aunque, claro, hay diferencias, en el tiempo y el espacio, bajo qué sistema político y económico se aplica, es decir, a partir la formación del Estado, que es el punto culminante de cómo se organiza la sociedad.

No obstante ser universales, estos valores no se vierten en un vacío social, sino al contrario: poseen un fuerte contenido de clase, que hace que, por ejemplo, libertad, igualdad y fraternidad –lema de la revolución francesa, que marca el ascenso de la burguesía al poder— tengan un distinto significado, en razón de la posición de clase  de cada individuo.

Se nos dice que todos, al nacer, somos libres e iguales. Sin embargo, en una sociedad dividida en clases sociales, como lo es el capitalismo, hay gente más/menos libre e igual que otra.

En la presentación, de pasada, reaparece la categoría de la República Amorosa, donde la felicidad es el fin último del gobierno.

Es una guía que no obliga, que no se trata de imponer, a partir del principio, me imagino, de la diferencia. Es opcional a cada individuo, familia o grupo social. Sin embargo, es un buen recordatorio de principios que hemos olvidado, perdido y/o guardado. Pero, que muchas veces los sacamos a relucir, a conveniencia, cuando alguno de ellos es conculcado. Se reconoce, en la presentación, su carácter polémico y perfectible.

Los altos niveles de violencia y corrupción que se experimentaron a lo largo de los últimos dos sexenios, llevó una descomposición del tejido social, que ahora subsanar. 

Algunos de principios y valores, siendo universales, poseen una fuerte carga religiosa, en sintonía con la religión de la mayoría, como la del amor, el perdón y la redención.

“El amor al prójimo es la esencia del humanismo”. “Sé una persona amorosa, desde tu cama y tu mesa hasta la fraternidad universal”. “No hay mayor alegría que la felicidad de los demás". Nadie (o casi nadie, que nunca falta alguien que desentone) estaría contra estos postulados. El problema comienza en que conceptos como los de alegría y felicidad son términos relativos.

Cuando se habla de la igualdad, se rescata un concepto de José María Morelos vertido en Los Sentimientos de la Nación: “Moderar la opulencia y la indigencia”. En este apartado se justifica por qué lo de Primero los pobres: “atenuar las desventajas de quienes se encuentran reducidos a la pobreza a fin de construir una sociedad más justa y más igualitaria”. Y enseguida:

“De la misma manera, se tiene que erradicar el machismo y la violencia contra las mujeres”, lo cual significa “procurar una plena igualdad, en la ley y en la práctica, de derechos y obligaciones entre mujeres y hombres y garantizar que las primeras tengan circunstancias favorables para su desarrollo, su integridad física y emocional y su seguridad”.

Al llegar a las leyes y la justicia, se nos remite a Juárez: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie. Todo, por la razón y el derecho; nada, por la fuerza”.

No sé si reflejan el criterio de sus redactores o del mismo presidente, si sólo recoge la opinión de la gente consultada, yse incluyeron para armonizar con las creencias de la mayoría de la población.

Parece más un catálogo de buenas intenciones o, mejor dicho, un catecismo, en particular cuando se refiere a las cuestiones del trabajo y la riqueza, cuya gestión es el corazón del neoliberalismo.

“La economía debe servir a las personas y no al revés. La riqueza que tiene mayores efectos positivos en la vida de los individuos y de los países es la que está mejor distribuida. Una economía que cumple con estos dos principios es una economía moral”.

Dadas las cifras y, sobre todo, las condiciones de vida de la gran mayoría de la población, la conclusión es inapelable: hoy, en México, la economía es inmoral (¿o amoral?).

“Defiende tus derechos laborales. No permitas que te exploten y si te explotan, busca remediarlo con organización y argumentos y con las leyes y los reglamentos en la mano.. Respeta los derechos de tus colegas y procura mejorar y ampliar los de sus empleados”.

Un llamado a la productividad: “No desperdicies insumos y no deseches cosas que aún puedan tener utilidad”.                                                                                                              

El punto 17, de la riqueza y la economía, abre con esta sentencia: “No es más rico el que tiene más sino el más generoso”.

En este apartado se incluyen estos dos párrafos:

“No es lícito enriquecerse mediante el engaño, a costa del sufrimiento de otras personas, a expensas de los bienes comunes o en detrimento del bienestar del prójimo. La riqueza mal habida es aquella que se logra mediante el engaño, el robo, el abuso de información privilegiada o privatizando lo que es de todos o lo que no debe tener dueño. Tales formas de enriquecimiento son corruptas”.

“Quien pretende hacer negocios mediante el tráfico de influencias, los acuerdos inescrupulosos que afectan a la hacienda pública o mediante la mera especulación, se hará merecedor de la reprobación y el descrédito”.

En fin: “No contamines el agua, la tierra y el aire”.

Sobre todo, la guía alude a un deber ser.

¿Era necesario una guía de ética para un pueblo, como el nuestro, mayoritariamente católico y guadalupano, y que ya posee una guía como son los 10 mandamientos?

¿Cómo se aplicaría esta guía en estos pandémicos días? ¿El lavado de manos, el uso del tapabocas y la sana distancia, entrarían dentro de esta guía de ética?

Con un  tiraje de 10 millones de ejemplares, se repartirán, en principio, entre las personas de la tercera edad, a fin de que sea ellos, como amorosos abuelitos, transmitan a sus nietos e hijos tales principios y valores.

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Como si no fuera suficiente el caudal de hechos alrededor de la corrupción que ya conocemos, y que rebasan la capacidad de la Fiscalía General de la República (FGR), salen a la luz otros casos, y otros dan un vuelco inesperado, como es el caso de Rosario Robles.

Después de un año en prisión por el asunto de la estafa maestra –ejercicio indebido del servicio público— y de una nueva acusación pendiente por asociación delictuosa, decidió seguir el ejemplo de los Emilios: Lozoya y Zebadúa, y ser testigo colaboradora, y confesar todo lo que sabe.

Más que criterio de oportunidad, que así se llama la posibilidad de aminorar la sentencia a cambio de la delación, parece más un criterio oportunista.

Centra su ataque en Luis Videgaray, ex secretario de Hacienda, y deja fuera a Enrique Peña Nieto, como si éste, como presidente, no tuviera la obligación de ser el mejor informado del país, no sólo en grandes cosas, sino en las pequeñas y cercanas, como es la conocer lo que hacen sus colaboradores más cercanos. “No podrá probar mentiras”, aseguró el ex coordinador de la campaña de Peña Nieto.

Es el caso de la propia Rosario Robles, quien, primero, desde la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), quien venía de la oposición (PRD, jefa de Gobierno del Distrito Federal, hoy Ciudad de México, recuperando su nombre original), muy cercana a López Obrador. En segundo lugar, desde la Secretaría de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu). En ambos puestos, tuvo a Emilio Zebadúa como su brazo derecho.

Si bien no habría participado directamente en el delito que se le imputa, sí carga a cuestas con un pecado: el de omisión (en el lenguaje de la 4T). Es decir, que a sabiendas de lo que hacía su colaborador, lo dejó hacer, se hizo de la vista gorda, dicho en buen español. Ahora, se le imputa el de delincuencia organizada, para justificar su largo encierro.

Allí está la estafa maestra: desviación de recursos, donde están involucradas universidades públicas y empresas fantasma; dineros que alimentaron campañas electorales del PRI (Partido Revolucionario Institucional), a favor de Peña Nieto y José Antonio Meade, bajo el concepto de financiamiento ilícito, en que también estaría involucrado Videgaray, hoy cómodamente instalado como profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).

El camino hacia el perdón y la redención se sabe (al menos para el político que es cachado en la maroma): peca, confiesa/delata, arrepiéntete y tu sentencia será leve.

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El presidente López Obrador anunció, el 24 noviembre –la mañanera 500—, que se revisará la regulación de la práctica de la subcontratación u outsourcing, a fin de que entre en vigor este mismo año.

La noche anterior se había reunido con los empresarios en Palacio Nacional, que se habían quejado de que no fueron consultados, a raíz de darse conocer la propuesta del Ejecutivo durante la mañanera del día 11.

“Nosotros lo que queremos es que se proteja a los trabajadores, se los hicimos ver anoche, no queremos que con estrategias que se crearon durante el periodo neoliberal se deje sin prestaciones a los trabajadores, se les liquide, se les cancele el contrato en noviembre para que en diciembre ya no reciban aguinaldos. Se nos hace no sólo injusto, sino inmoral”.

Recordó que debido a esa práctica, cada fin de año “se pierden 300, 400 mil empleos”.

Existen innumerables contratos que, por su propia naturaleza, terminan cada fin de año, no porque se quiera eludir el pago de aguinaldos. Con la reforma laboral aprobada de 2012, desde entonces la caída en el empleo ha sido en promedio de 1.6 por ciento en cada mes de diciembre, contra el dos por ciento antes de la reforma.

“Pero esa estadística no se le va a dar al presidente, porque sus asesores saben que AMLO busca datos que confirmen sus creencias y no que se las cuestionen”, afirma Enrique Quintana (El Financiero, 30/11/2020).

No deja de ser cierto que, junto con la creciente importancia del sector servicios sobre el de las manufacturas, la subcontratación es una práctica que se consolidó bajo el modelo neoliberal, que López Obrador caracteriza de neoporfirista. En el Porfiriato la estructura económica se movió dentro de los parámetros del liberalismo económico.

Lo que no quita que el presidente deje pasar la oportunidad, un día sí y otro también, de revivir la lucha entre liberales y conservadores, de hace más de siglo y medio, en tiempos de la gesta juarista.

El 28 de noviembre, en el Valle de San Quintín, a punto de convertirse en el sexto municipio de Baja California, poblado de gran cantidad de jornaleros agrícolas de origen indígena oaxaqueño, insistió en el tema: “Están desesperados los conservadores, quieren a como dé lugar frenar, detener la (cuarta) transformación”, con pretensiones de restablecer el régimen de injusticias y privilegios”. Pero, “no van poder, porque nosotros tenemos una clave, una fórmula, que nos está dando resultados. Ésa consiste en combatir la corrupción y devolverle al pueblo lo robado”.

En San Quintín, López Obrador atestiguó la ampliación del Hospital del IMSS y anunció la extensión del programa que otorgará seguridad social a 167 mil jornaleros agrícolas hasta diciembre de 2023.

El presidente recordó la separación entre Iglesia y Estado que realizó gobierno de Juárez con lo que se pretende hoy con la 4T: “Así como a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, lo que se necesita ahora es separar al poder económico del político, para que el gobierno represente a todos, que no sea, una oligarquía al servicio de una minoría rapaz” (La Jornada, 29/11/2020).

Minoría que no deja de ser claramente visible y chillona.

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La recuperación, a cuentas gotas. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó, el 26 de noviembre, que en el tercer trimestre (julio-septiembre), la economía creció 12.1 por ciento respecto al segundo trimestre (abril-junio), que con todo lo espectacular que pueda parecer, resulta insuficiente para compensar la caída de 17.1 por ciento que hubo en ese trimestre, el peor de este virulento año.

De esta manera, la economía tiene un tamaño similar a 1994. Respecto a hace un año, (tercer trimestre de 2019), el Producto Interno Bruto se contrajo 8.6 por ciento, y en los primeros nueve meses del año (enero-septiembre), la caída es de 9.8 por ciento.

Las mayores caídas se han presentado en el sector servicios, concretamente los de cultura, esparcimiento y deportivo, que convocan a mayor número de personas. Prácticamente, toda la actividad económica ha mostrado caídas, menos el sector primario, que incluye la agricultura y  ganadería, es decir, el alimentario.

Llama la atención, que en plena pandemia, los servicios de salud únicamente hayan crecido 3.3 por ciento, respecto a un año atrás.

El buen fin, que se prolongó durante dos semanas, reportó ventas récord.

En un entorno difícil, de los 12.5 millones de trabajadores que salieron del mercado laboral al mes de mayo, debido a la pandemia, ya retornaron 10.2 millones. Más de la mitad, el 56 por ciento, se (sub)ocupa en la informalidad.

El 30 de noviembre, el Ejecutivo y el Consejo Coordinador Empresarial anunciaron un nuevo programa de inversiones. Con ello, se crearán 400 mil empleos, los que faltan, se precisa, para completar todos los perdidos por la pandemia. Son 29 proyectos por 228 mil millones de pesos, desplegados a lo largo de todo el país.

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Resuelta la elección presidencial y la transición en la Casa Blanca, muchos de sus actuales moradores y de los alrededores se aprestan a buscar nuevos aires, que los actuales son virulentos. Eso implica nuevos empleos o regresar a los antiguos, mejor pagados. En Estados Unidos, es natural el paso del sector privado al sector público, y viceversa (ya con el know how de las relaciones gobierno-empresa).

De momento me acuerdo del caso de Robert Mc Namara, director de la General Motors, en los tiempos en que decía: Lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos. De alto ejecutivo (CEO) saltó a ser secretario de Defensa, con John F. Kennedy (el 23 de noviembre, fue el 58 aniversario de su asesinato en Dallas), y terminó siendo presidente de el Banco Mundial (hermano gemelo del Fondo Monetario Internacional).

Por lo pronto, “las compañías de combustibles fósiles y los miembros del Congreso que se benefician de su generosidad ya están en el equipo de transición, al igual que los representantes de la industria química programados para ir a la Agencia de Protección Ambiental. Todos acabarán en la Casa Blanca junto con propagandistas confesos (Monthly Review, 11/27/2020).

Con ello, el problema del cambio climático se agudizará, que finalmente se quedará en pura retórica.

(Babelia, suplemento literario de El País, en su edición del 28 de noviembre, reseña el libro de Andreas Malm: El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra social, editado por Errata Naturae).

Nada de conflictos de interés, cuando éstos son los mismos intereses y con el mismo objetivo estratégico: la hegemonía de Estados Unidos. Hoy, más que nunca, ahora que regresó a la globalización y multipolaridad.

En los primeros capítulos del libro de Bob Woodward sobre Donald Trump, Rage (Rabia), aparecen varios ejemplos de este tránsito natural –en  otros lugares, sería antinatura y hasta una herejía— donde no es tan fácil, como si fuera  un simple cambio de camiseta, y abandonar un lucrativo empleo en aras del llamado de la Patria, mejor dicho, del llamado presidencial. No es sencillo para el aludido ni para su familia. Pero, es irresistible dejar de escuchar: el presidente te necesita.

Fue el caso, por ejemplo, de Rex Tillerson, al frente de la ExxonMobil, con una amplia experiencia en el trato con empresarios y políticos de todo el mundo, quien, a semanas antes de su jubilación, fue llamado por Donald Trump para que se integrara a su administración como secretario de Estado.

8

¿Vale la pena seguir ocupándose de Donald Trump, ahora que va de salida?

Muchos lo consideran como una anomalía dentro de la política, más que de la democracia en Estados Unidos, ésta de por sí disfuncional por la presencia del Colegio Electoral.

Desde su nominación como candidato a la presidencia, su campaña, la elección misma, su estancia en la Casa Blanca, hasta su negativa a aceptar su derrota al buscar su reelección. Todo ello, rubricado bajo su particular estilo de ejercicio del poder.

El libro de su sobrina: Too much and never enough (Demasiado y nunca suficiente), nos ofrece muchas claves de su personalidad, caprichosa por no decir berrinchuda. “Hoy, Donald es mucho de cuando tenía tres años de edad”, afirma la Dra. Mary L. Trump.

Al final, se transitó de la sobrina incómoda, por escribir un libro sobre su familia, enfocado en su tío, con múltiples referencias psicoanalíticas, al tío incómodo para Estados Unidos y el mundo. Sin dejar desconocer los 71 millones de votos que obtuvo el 3 de noviembre, pero que “tienen poca o ninguna influencia independiente en la política”, según The Financial Times. Pero, con dos características: hacen ruido y portan armas.

Después de todo, nos encontramos frente a “un sistema manipulado a favor de los ricos y poderosos”, con lo que concluye que “la naturaleza de la economía política estadunidense (se halla) peligrosamente cerca de un oligopolio”. Desde sus orígenes (1776), Estados Unidos se planteó que el principal deber del gobierno sería “proteger a la minoría opulenta de la mayoría”, citando a James Madison (FT). Madison fue el cuarto presidente de Estados Unidos, entre 1809 y 1817.

Situación que continuará así, con ciertos matices, por algún tiempo más.

Además de seguir indagando en el fenómeno Trump (y la gente que lo hizo posible) para que no se repita, es tiempo de hacer un balance, un recuento de daños de su gestión, y vislumbrar una era post Trump, que al parecer será regresar a la política tradicional, que no significa que sea muy diferente en sus objetivos, a favor de los intereses de los más ricos.

Mientras tanto, citando al legendario yankee Yogui Berra: Esto no se acaba hasta que se acaba. Es decir, que de aquí al 20 de enero, cuando asuma la pareja Joe Biden-Kamala Harris, todavía pueden suceder muchas cosas. Comenzando que las crisis, sanitaria y económica, se agraven.

Trump y su enorme base social, le apuestan al fracaso demócrata, y preparar su regreso en 2025.

Para el prestigiado lingüista y activista social Noam Chomsky, con Trump se mostró la extrema fragilidad de la democracia estadunidense, “cuyo mayor logro legislativo es una estafa fiscal diseñada para enriquecer a los muy ricos mientras impone una carga fiscal más pesada a la mayoría que no lo merece (y no lo sabe)”.

Con una subestimación de las cifras, “la Rand Corporation dio recientemente una estimación del costo monetario para la población en general: 47 billones (millones de millones de dólares) transferidos de las clases trabajadoras y medias (90 por ciento de la población) a los súper ricos. El 0.1 por ciento superior duplicó su participación en la riqueza total al 20 por ciento desde Ronald Reagan (1981-1989).

“Reagan y su socia Margaret Thatcher actuaron de inmediato para socavar al movimiento obrero, poniendo en marcha las campañas para privar a los trabajadores de los principales medios para resistir el asalto. El grave declive del funcionamiento de la democracia es un corolario virtual de la concentración radical de la riqueza y el envío de gran parte de la población en general al estancamiento y la precariedad.

“El empleo en la industria manufacturera disminuyó desde su pico de 1979 de casi 20 millones a menos de 13 millones 40 años después. El declive fue en gran parte resultado de decisiones políticas: acuerdos bipartidistas de derechos de los inversores, mal etiquetados de ‘acuerdos de libre comercio’, que proporcionaban una protección incomparable y otros derechos al poder empresarial, al mismo tiempo que ponían en competencia con los trabajadores peor pagados y reprimidos del mundo (¿México?, pregunto yo). Ese ha sido un factor importante en la devastación de la América rural” (Truthout, 11/25/2020).

De esta devastación surgió la base social del trumpismo.

9

Gracias a la pelota, le recuerda a Maradona el niño Diego Armando.

Se comienza por patear una piedra del camino…

En un instante, la zurda del Pelusa se convirtió en la mano de dios.

“Diego jugaba al futbol como dios, pero mejor. Con la pelota esquivaba el hambre y la tristeza. Repartía alegría, ilusiones, fantasías y belleza. Diego no abandonó nunca a la gente de su barrio, de su clase social. Y siempre alzó la voz. Denunció las injusticias, se encaró con los que mandan para defenderse y defenderlos. Por eso, Diego vivirá siempre en su pueblo y en el recuerdo de todo el mundo que supo apreciar, disfrutar de su arte y compartir su rebeldía. Lo mató Maradona. Y a Maradona lo mataron quienes lo explotaron hasta el último día”. Ángel Cappa y Marcos Roitman. ¿Quién mató a Diego? (La Jornada, 27/11/2020).

Maradona: el más humano de los dioses, lo definió Eduardo Galeano.

“… les recordaba a los ingleses los dos famosos goles de 1986, cuatro años después de la guerra de Malvinas de 1982, cuando todavía no habían cicatrizado las heridas de una guerra entre una potencia colonial y un país dependiente. La alegría de ese triunfo/revancha permitió un cierto alivio a la población que había sufrido una tremenda dictadura militar, que –además—, se despidió con una guerra”. —Pedro Briger, citado por Ángel Guerra, Mirar al sur (La Jornada, 29/11/2020).

“Para la élite italiana, África comienza  en Nápoles y siempre hubo un olor a África en Diego Maradona. La condescendencia de la élite italiana se convirtió en un odio ardiente cuando Maradona llevó al Nápoles a títulos y trofeos nunca antes alcanzados. Siempre fue el desvalido y amado por los desamparados en todas partes.” —George Galloway (Monthly Review, 11/28/2020).

Un Maradona que tenía tatuado a Che.

“Siempre le tuve muchísimo miedo a mi muerte, pero hoy ya no… Porque sé que ese va a ser el momento que voy a volver a verte y abrazarte de nuevo! Ya te extraño pa! Voy a aguantar acá sin esa parte del corazón que te llevaste ayer con vos!” –Dalma Maradona.

Colaborador de http://xn--geopoltica-p8a.com/. 1 de diciembre de 2020.