Por: Carmelo Galindo López

Son tiempos de cautela en materia de económica dado que la salud de las personas está en riesgo debido al flagelo Covid-19, que continúa incontrolable tanto en México como Estados Unidos.  En este ambiente de incertidumbre, el Tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entró en una especie de receso publicitario y de efectos demostrativos de carencias y contradicciones.

LA FECHA CRÍTICA: el primero de junio del 2020, fue la fecha planeada para darse “el abrazo profundo” entre las economías de México, Estados Unidos y Canadá mediante el instrumento denominado T-MEC; en esas fechas, pesaba más aún,  el poder y personalidad del ex Presidente Donald Trump y el del Partido Republicano en el Senado estadounidense, pesaba tanto aún, que no se analizaron a profundidad los impactos mortales del Covid-19.

Por su parte, la Secretaría de Economía (SE) tampoco realizó los análisis necesarios para prevenir las graves consecuencias en materia económica, que podrían venir debido a la pandemia; aún que desde el 14 de mayo de 2020, la Secretaría de Salud había publicado en el Diario Oficial de la Federación un Acuerdo donde se establecían estrategias para la reabrir a la vida social, las actividades educativas y económicas mediante el establecimiento del semáforo regional o por entidad federativa.

Una evidencia al respecto, era que las autoridades de salud estaban tomando medidas para crear un ambiente de certidumbre ante la próxima entrada en vigor del T-MEC, aún cuando la pandemia no había cedido su fuerza de contagio. El resultado no fue el esperado, pues las disposiciones de las autoridades sanitarias de salvaguardar la integridad y la seguridad de las personas, depende de otras variables y no precisamente de los deseos económicos; en pocas palabras, se relajaron las medidas más estrictas de cero contacto social y comercial, con la finalidad de frenar los efectos negativos de la dependencia y que, había estado dando resultados positivos para contener la propagación del COVID-19 –Ver. DOF: 24/03/2020. El Acuerdo, que establece las medidas preventivas ante el virus SARS-CoV2 (COVID-19).

MAYOR BUROCRACIA ECONOMÓMICA EN TIEMPOS DE PANDEMIA: desde un primer momento, la SE, estableció una serie de correos electrónicos donde se atenderían solo de manera electrónica las demandas de los agentes económicos. O sea, nada presencial.

Bajo ese sistema de atención quedaron áreas de máxima prioridad como la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales; asimismo, todos los servicios de esta dependencia como son: solicitudes, consultas, certificados, permisos, reuniones y audiencias, se atenderían vía remota; incluso se llegó al extremo de imponer un horario para recibir dicha información -de 9:00 a las 18:00 horas, de lunes a viernes y, un límite de 20 Megabytes-.

Esto es, una de las dependencias más importantes para enfrentar los embates de debacle económica ante la pandemia, se volvió más burocrática rompiendo de tajo, el hecho de que las tecnologías disque inteligentes son para dar mayor eficiencia a los procesos laborales y productivos. Pero no solamente, se impusieron horarios de reciba de información electrónica sino también se estableció vigencia a sus servicios y productos; ciertamente, todo debe estar controlado y regulado administrativamente, no obstante, en tiempos de pandemia se requería ser más proactivos y menos reguladores en ciertos aspectos.

EL T-MEC: es el instrumento que por excelencia esta diseñado a dar certidumbre jurídica a los inversionistas y empresarios –por ejemplo: el primer semestre del 2020, la inversión extranjera registrada en México, el 39% fue estadounidense y otro 19%  procedió de Canadá, lo que nos arroja un saldo total de 58%; evidentemente, nuestra economía está anclada a los países del norte, al menos eso reflejan los indicadores de la inversión extranjera; pero lo más interesante sería ver, qué actividades están captando esos capitales; otro asunto es, que no se trata de nuevas inversiones, pues la reinversión de utilidades rebasó el 53%.

Sobre decir, que el T-MEC no es un instrumento que brinde la misma certidumbre al consumidor –aunque se asegure lo contrario- pues, su papel es netamente mercantil cuando se observa desde el lado de los consumidores, dado que el T-MEC tiene como propósito poner al alcance de éstos una mayor diversidad de productos.

Por eso, cuando uno escucha la frase salomónica sobre: que el proceso de integración económica en América del Norte es irreversible, uno debiera preocuparse más de lo que se aprecia; pues un instrumento que prioriza dar certidumbre a los inversionistas y empresarios, de entrada resulta contradictorio para el resto de los agentes económicos como son los trabajadores y los consumidores. 

No obstante, en lugar de buscar comprender las condiciones bajo las que se esta dando la integración económica, se nos dice: que por todos los medios habrá de llevarla a su máxima profundidad mediante el T-MEC; aún, en los tiempos de la 4T, el proceso continúa sin freno alguno, la única fuerza que lo está frenando, sin duda, es la pandemia.

Al respecto,  el discurso oficioso sobre que: la mayor integración económica entre los países de América del Norte garantiza un mayor bienestar para la sociedad, dista mucho de corroborarse en los hechos. En México se ha profundizado la pobreza y en Estados Unidos los grupos sociales compuestos por latinos y afroamericanos están dando visos de profunda inconformidad ante sus autoridades y con actitudes de revanchismo contra su gobierno corporativo. 

LOS CLARO-OBSCUROS DEL T-MEC: las exportaciones mexicanas seguirán gozando de acceso preferencial –sin aranceles-; la modernización y mayor competitividad de la planta productiva nacional; esquemas de certificación de ciertos procedimientos productivos; mayor facilidad para transitar por las fronteras; desregulación administrativa y comercial; mayor protección de la propiedad intelectual –derechos de autor, mercas, patentes, resguardo y protección de datos, diseños industriales, secretos comerciales, garantizar servicios de internet, etc-; combate a la corrupción y fortalecimiento del estado de derecho regional.

Si vemos desde la óptica de la conveniencia nacional estas dádivas, en realidad ni siquiera tendrían que suscribirse mediante un tratado como el T-MEC, pues son obligaciones internas de todo gobierno para garantizar el mejor desarrollo económico y social de los connacionales.

ENSEÑAZA ECONÓMICA DE LA PANDEMIA: la región norteamericana solo representa un  6.5% de la población mundial –493 millones de personas-;  sumando los tres países solo representa un 18% del producto mundial –unos 26 billones de dólares-; ni siquiera somos la región que más exporta con un 16% del comercio global.

Ahora mismo, en esta crisis de salud, nuestra pertenencia regional no nos ha significado ninguna ventaja; pues, las autoridades de México están buscando medicamentos y vacunas en todas las latitudes del planeta: Rusia, Alemania, China, Argentina, Israel, etc.

Entonces ¿Por qué la SE como cabeza del Grupo Intersecretarial de Alto Nivel para la Implementación del T-MEC junto con las Secretaría de Hacienda, Relaciones Exteriores, Trabajo y Previsión Social, Agricultura y Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Recursos Naturales; están tan preocupados por llevar al máximo nivel la implementación del T-MEC?

Salvo Relaciones Exteriores, que sin ser su ramo de responsabilidad desde que inició la pandemia ha mostrado visión y solidaridad con la sociedad que sufre y se abate en un ambiente de carencias. Qué desgracia, que ni en estas circunstancias se unan las elites para atender el dolor del pueblo mexicano.

Por lo menos, todos los entes gubernamentales, sin excepción, debieran estar implicados al máximo en atender a los agentes económicos y sociales internos; que finalmente son las razones por las que fueron electos como gobierno; no es posible, que haya escasez de tanques de oxígeno, de medicamentos tan simples como dexametasona, invermectina, prednisona, azitromicina, entre tantos otros de básica manufactura.

¿De qué ha servido a los mexicanos llevar a su máxima expresión la integración económica, dejar en manos extranjeras la minería, la manufactura y la industria, cuando ni siquiera se pueden producir aspirinas?

¡Qué la crítica no duela! ¡Es el sentir de todo buen mexicano!

INCITACIÓN: NicolásRomerense, por cierto en el Estado de México emprendió algunos esfuerzos en materia económica para hacer frente al Covid,  entre los que podemos citar: seguir puntualmente las indicaciones del semáforo rojo, restringir la vida social cerrando negocios, otorgar seguros de desempleo a quienes perdieron su fuente de trabajo y créditos blandos a microempresas y empresas grandes.

Aquí, el problema fue que se corresponde con una política central del gobierno federal para bajar las tasas de interés por parte de la banca comercial. Así no habrá dinero que alcance a un gobierno estatal o municipal para atender la quiebra de las empresas locales.

Por otra parte, en la medida de sus posibilidades financieras, los ayuntamientos se dedicaron a: sanitizar calles, regalar gel antibacterial y cubre bocas.

En este tipo de situaciones, es cuando más hace falta disponer de una real organización social, económica y política en toda la geografía nacional. Es muy vergonzoso comprobar en los hechos, que mientras los bancos cobran lo que se les antoja en comisiones –sin restricción alguna- y dan una miseria a los tenedores de ahorros, miles de personas estén muriendo por falta de un tanque de oxigeno. 

¿A ti, nicolasromerense de que te está sirviendo el T-MEC, en épocas de pandemia? 

Hasta la próxima.