Por Salvador González Briceño

*De la crisis controlada generada por la pandemia se esperan resultados poco fiables

Vivimos en un mundo cada vez más complejo, incierto e inseguro, gracias a las ambiciones desbordadas de unos cuantos que se creen dueños del destino de la humanidad.

 

Hay un desconcierto generalizado porque nadie sabe bien a bien lo que está sucediendo en el mundo, en estos tiempos de la segunda década del siglo XXI, con una pandemia que amenaza la vida, se decreta el confinamiento domiciliario de la población, y obliga al uso de las mascarillas.

De igual manera se impone el cierre de las economías, con la consabida inestabilidad que ello genera en materia de: desempleo, carencia de ingresos para trabajadores y familias, así como enfilamiento de millones de personas al abandono sanitario —el sistema de salud en crisis neoliberal— y la generalización de la pobreza.

Es el covid-19 causante de cientos de miles de fallecidos —falta revisar la autenticidad de las cifras—, más no de la crisis económica, salvo por la obligada parálisis de las actividades económicas por el “miedo” a la pandemia; empresas de todos tamaños fueron presionadas a dejar de producir, condenando a todos al home office, se adapten o no, tengan o no las condiciones técnicas y educativas.

Las economías capitalistas e imperiales, principalmente occidentales encabezadas por la economía estadounidense, vienen arrastrando un largo proceso de crisis, de letargo, cuya primera manifestación es la sacudida de 2008, la más reciente. Y de entonces a la fecha no se recupera, el contrario, se profundiza gracias a la voracidad del sistema financiero y especulativo.

Por ejemplo, el creciente endeudamiento de la economía estadounidense amenaza ahora los valores a futuro —al carecer de soporte en la economía real; de casas ni becas—, además la devaluación del dólar por el manejo ficticio de su poder adquisitivo, o la impresión a granel de billetes verdes para financiar a las grandes empresas y evitar su quiebra, con el apoyo de la Reserva Federal.

Por el miedo a la devaluación de un dólar cada vez más ficticio, por eso resurgen metales como el oro y la plata, acompañados por las criptomonedas, por los inversionistas que buscan opciones de inversión lejos cada vez del dólar estadounidense.

Es decir, el daño que genera la sobre impresión de dólares desde la Reserva Federal de Jerome Powell, con el apoyo de la secretaria del Tesoro Janet Yellen es para evitar la caída de los especuladores —“tan grandes que no pueden caer”—, como ocultar que la economía apenas sobrevive porque se resquebraja.

Vacunas y vileza

Con una economía cada vez más volátil y un dólar más débil se caen las expectativas, así como el respaldo y la credibilidad en la moneda. No obstante, seguirá sostenido por el anclaje en el pasado, como las deudas en dólares de los países —siempre por las condiciones impuestas bajo presión—, víctimas del sistema financiero usurero y el comercio que no cambiará de inmediato. Pero el dólar ya pierde peso en el comercio internacional.

El manejo perverso de la distribución de las vacunas que se concentra en unos cuantos países, no deja de ser de esas medidas de presión y miedo generalizado, tanto como de control que esa sequía trata de imponer a la población del resto del mundo que carece de vacunación.

Vileza que, procedente de los países que tienen las condiciones para investigar y producir los antígenos —recursos y laboratorios avanzados—, aceleran la descomposición social y un futuro incierto de quienes carecen de lo necesario.

Peor aún, que los países occidentales siquiera apoyan a su propia gente, no les interesa y menos el resto del mundo, salvo finas excepciones. De la mano que los grandes medios, en clara fabricación de fake news y mera propaganda, solo meten miedo sobre el virus, las vacunas, los fallecidos, los contagios, los síntomas, etcétera, para los fines a que haya lugar de los jeques del poder.

Primero, porque el modelo económico capitalista-financiero y especulativo en franco hundimiento, requería una situación de crisis “controlada” para evitar el caos, por es la pandemia.

Mas no se percataron que los costos serán todavía mayores, por varias secuelas:

1) La pandemia no es la causante de la crisis económica, como lo asumen desde la cúpula del poder;

2) Cuando se destape la verdad sobre el covid-19, su creación y propagación, el descubrimiento causará irritación social por tamaña injuria y criminalidad;

3) No está claro que los fines perseguidos por las cabezas visibles de esta propagación pandémica se conviertan en realidad, como la imposición del Nuevo (viejo) Ordeno Mundial, el “gran reset”;

4) Con la pandemia Estados Unidos no podrá ocultar el pasado de conflictos creado por sí mismo frente al resto del mundo, como las guerras comerciales contra China la ofensiva en contra de Rusia;

5) Los conflictos geopolíticos previos resurgirán, no se pueden ocultar bajo la alfombra, como las agresiones estadounidenses a Irán, Venezuela, Iraq, Afganistán o Siria;

6) Sin olvidar los asuntos europeos que, con todo y las presiones desde EE.UU. y la OTAN, están emprendiendo políticas propias sin el yugo estadounidense de posguerra: Alemania, Francia, un tanto Italia, etcétera.

Una política exterior imperial sostenida por la fuerza militar, las amenazas o guerras permanentes y la voracidad por los recursos, como parte del control geopolítico de los países.

¿Que las cosas cambian?

En estos días nos aseguran que esa política estadounidense de agresiones y guerras, presuntamente cambiará con el muevo presidente Joe Biden. Así lo anunció recién el secretario de Estado, Antony Blinken, quien prometió cambiar el rumbo de las “costosas intervenciones militares”, así como las políticas destinadas a un cambio de régimen en otros países (¡sic!); por la “mala fama” a la “promoción de la democracia” que han perdido la “confianza” en el pueblo estadounidense (?).

Lo que no dice, pero acepta Biden, es que como imperio y hegemonía EE.UU. se encuentra en situación de calle, descrédito total en el mundo, por llevar la guerra a todas partes e imponer el control por todas las vías posibles, fake news, falsa bandera, legislación senatorial injerencista, etc. Acciones de política exterior que han desnudado al rey en la pasarela global y un escaparate a la vista de todos: el internet y la difusión de la información en tiempo real.

Lo anterior, sin desdeñar que EEUU tiene frente a sí a China, como el país que amenaza desplazarlo, y lo está logrando en varis sentidos. Destaca, en primer orden, la situación económica entre ambos países.

El imperio en plena decadencia, la segunda economía boyante. La estadounidense con problemas estructurales profundos, la segunda con grandes oportunidades creadas por los planes del PCCH, así como el aprovechamiento de las ventajas o vacíos de la propia globalización occidental.

China es la amenaza real para EE.UU. En tanto la hegemonía del dólar se pierde, el tigre asiático avanza terreno negociando y comercializando con otros países bajo condiciones diferentes como en sus monedas. Porque el abandono del dólar es realidad, prioridad inclusive, en acuerdos como entre China y Rusia.

8 de marzo de 2021.


Director de geopolítica.com