*La historia del nuevo siglo comienza con la pandemia el 2020, y el país vencedor es China; se trata de la puntilla en el corazón del imperio.

Por Salvador González Briceño

La economía de EE.UU. está al punto del hundimiento, no por la pandemia sino de sus contradicciones financieras internas.

Para los Estados Unidos, como competidor China se ha convertido en la principal amenaza, comercial y hegemónica en el terreno internacional. Y geopolíticamente el país asiático se expande territorialmente cada vez con asociados y aliados, siempre en el marco del libre comercio aprovechando los vacíos (o ventajas) de la globalización.

El crecimiento económico, desde su incorporación a la Organización Mundial de Comercio (OMS), ha sorprendido a occidente —con PIB entre el 6 y hasta el 10 por ciento, invariablemente, en las últimas dos décadas—, especialmente para quienes el país pasó de ser manufacturero —por su mano de obra barata; productor de mercachifles—, al principal competidor en materia tecnológica, el último grito de la aplicación de la ciencia: biotecnología, robótica, 5G, la inteligencia artificial, computación cuántica.

De ese modo, los avances de China están a la vista de todos. Y, por si fuera poco, de la coyuntura de pandemia por covid-19 de 2020, se ha recuperado pronto del confinamiento en términos económicos. Es el único país con crecimiento del PIB en 2.3 por ciento promedio en el 2020, pero con repunte del 6.5 el último trimestre.

Por las ventajas que ha extraído de la globalización —libre mercado, inversión directa y hasta planeación de inversiones por el Partido Comunista Chino (PCCH)—, y condiciones favorables a los inversionistas, el dragón del Pacífico se convirtió pronto en un imán para los capitales golondrinos.

Así, con inversionistas en todo el mundo China goza de una fluidez de capital productivo que la economía estadounidense ya no tiene; una situación que ha aprovechado muy bien para avanzar en la conquista de los mercados en el mundo.

Por ello, es claro que China está superando a los EE.UU. en desarrollo económico, así como en: inversiones, producción interna, exportaciones, salarios, empleos —tan es así que técnicamente los chinos viven ya en otro mundo—, condiciones para una moneda fuerte y estabilidad económica.

Además, en el terreno militar, el mundo sabe que China cuenta con el potencial nuclear suficiente para disuadir al Pentágono y a la OTAN. El mundo sabe que la energía nuclear pende como espada de Damocles sobre “enemigos” y “competidores” de EE.UU., desde los crímenes de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y hablando de las guerras mediante las cuales EE.UU. ha sostenido su poderío hegemónico durante la guerra fría, baste recordar Vietnam, Oriente Medio y otras partes del mundo. Qué decir de América Latina, donde la historia está plagada de golpes militares, invasiones, represión, asesinatos masivos de población inocente, etcétera. Juicios pendientes al imperio que no ocurrirán en tanto EE.UU. tenga el control de instancias internacionales como la Corte Penal Internacional, o el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas.

Pero eso llegará a su fin. Y sus propios juicios Nuremberg, a presidentes y generales estadounidenses, los llevarán al patíbulo por sus crímenes de lesa humanidad y sus responsabilidades históricas.

Ah, pero si a las ventajas que los chinos le sacaron a la OMS le sumamos los planes en marcha de la Nueva Ruta de la Seda, de Xi Yin Ping —ese magno proyecto comercial, inversión y negocios; para infraestructura carretera, portuaria y empresarial—, la propuesta catapultará rápidamente a China hasta convertirlo en el principal promotor de la economía mundial.

De por sí, previo a la pandemia del 2020, la mencionada estrategia china en el mediano y largo plazo lo fortalecerá como potencia, motivo suficiente para que EEUU lo considere un potencial o el principal “enemigo” geopolítico porque le amenaza en supremacía.

El 2020, año del siglo chino

Pero llegó el año bisagra: el 2020, año del Covid-19 declarado “pandemia” el 11 de marzo por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y la presente coyuntura es preludio de otra situación histórica. Porque a partir del 2020 el mundo será otra cosa, anuncia cambio de época.

Sobre el antes del 2020. Es claro que la confrontación de EE.UU., desde que Donald Trump declaró guerra comercial, contra China la ganó el país asiático. Empresas como Huawei, tik tok, de robótica y 5G chinas —con algunos bemoles—, han salido abantes. Pero esto hablando de las últimas tecnologías, pero en inversiones reales queda más que claro —como lo indicamos ya.

Aquí cabe, dicho sea de una vez, una definición importante. Así como el historiador británico Erick Hobsbawm juzgó que el siglo XX —el llamado “Siglo Americano”— habría comenzado en 1914 con la Primera Guerra Mundial y terminado en 1991 a la caída de la URSS, ahora cabe señalar que el XXI ha comenzado este 2020 también con una guerra, “guerra bacteriológica”.

Una guerra que pronto pasará a la historia como el principio del fin, de la caída o del hundimiento de la economía estadounidense, y tras ello de Estados Unidos como potencia y país hegemónico. Porque tras el covid-19 dicha economía se estará hundiendo por sus propios fueros.

Es el comienzo de otra época, del XXI con China al frente, porque el covid-19 será el principio del fin de la supremacía estadounidense como potencia mundial. No la causa de la pandemia sino de sus propias contradicciones, porque la pandemia es secuela y no causal de crisis alguna, como nos quieren hacer creer.

Está claro que, con la “guerra bacteriológica” se decretó el cierre de las economías del mundo, de países que han sido obligados apresurar condiciones depresivas. Conducirlos al caos para decretar un nuevo Bretton Woods, el llamado viejo-Nuevo Orden Mundial que EE.UU. ansía imponer al mundo, como lo pretenden los hombres ricos de los países imperiales.

Pero EE.UU. carece de la fuerza suficiente ya para imponer el pretendido NOM. Pues en tanto la vieja potencia imperial avanza en la incertidumbre total y hacia la caída libre, la otra potencia que encabezará el nuevo siglo está lista: China.

Falta todavía, para atraer credibilidad de alcance global, saber cómo se comporta “occidente” (para no dejar solo a los estadounidenses) y otros países como China en el tema de las vacunas. Claro que el asunto puede revisarse desde la geopolítica.

Y la disyuntiva es por la competencia o la solidaridad. O el “negocio” de los laboratorios de Occidente —¿qué empresas tienen el control?—, o la solidaridad humanitaria de otros países fabricantes de vacunas para la población contra el Covid-19.

Baste decir que China será la potencia endeudada con el covid-19, porque será no la causa sino el pretexto para el estallido de la crisis estructural de la economía de EE.UU. Luego entonces, por lo mismo, sería esperar que China se encargara de donar al mundo todas las vacunas. Como se oye.

Y eso consolidaría a China con carácter hegemónico. No obstante, lo está logrando Rusia con la Sputnik V, probada experimentalmente y efectividad comprobada.

Aún así, si China desaprovecha esta oportunidad, de todos modos terminará sobreponiéndose a la economía estadounidense cuando ésta se hunda en el caos. Y para eso no falta tanto.

9 de marzo de 2021.


Director geopolítica.com