Por Salvador González Briceño

*El atentado contra los derechos de los periodistas sindicalizados de la agencia del Estado, hoy en huelga, quizá sea para “justificar” la desaparición de Notimex

Parece no tener otra explicación, como si falazmente no la hubiera. Pero se trata de los reporteros —en su mayoría mujeres aguerridas— en huelga, como trabajadores de la Agencia del Estado Mexicano (Notimex) desde hace ya poco más de un año, que se sostienen pese al ambiente de pandemia por covid-19 que se padece en la Ciudad de México.

Pésima, la política del Estado mexicano, como si tampoco la hubiera. En la versión clásica (hasta simplista si se quiere), el Estado se compone de la población que le da sustento y vitalidad, gobierno que le crea orden, territorio que es el soporte terrenal con todo y recursos naturales y, de colofón, soberanía por la autonomía e independencia frente a otros estados, y coerción por la identidad cultural y la unidad tan necesaria.

El actual gobierno no tiene claro qué es y para qué sirve una agencia de Estado, ojo, de Estado más no de gobierno. Porque la información del Estado es indispensable, y no solo la del gobierno en turno, cuando se presume democrático más no autoritario. Información clara sobre las tareas que se realizan en el Estado, en beneficio de la sociedad o su población; incluso una buena agencia informativa y, digamos, objetiva, echaría por tierra el manejo relativo, parcial y tendencioso de la información partidaria o partidista en México, como en cualquier parte del Mundo.

Un gobierno que no entiende esto, y está en cuestión más allá inclusive del caso Notimex pero la involucra, carece de institucionalidad o la atropella, sin respetar con ello la voz de otros, así se trate de la crítica propositiva. Por ello está prevaleciendo una visión maniquea, individualista, tendenciosa y por lo mismo calificada presidencialista.

Por eso mismo no se tolera la crítica y la disidencia, no hay más información que la del gobierno en turno y el partido en el poder. Lo cual se asemeja, o parece, al sistema autoritario y unipersonal que se critica y del que proviene el país, del viejo sistema.

Respetar a la crítica constructiva

Al mismo tiempo le da armas a la reacción, que no son toda la crítica, que representa la derecha entreguista y vil que solo llena sus bolsillos y le importa un bledo la población. Son traidores en potencia cuando están en el poder, así lo han demostrado hasta el cansancio los gobiernos del PRI y del PAN. Qué decir de un PRD convertido en grillete, con simulación discursiva izquierdista.

Pues bien. Sanjuana Martínez, la directora de Notimex, para desprestigio del gremio periodístico en México, se ha convertido en lastre. Señalada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, y no porque el imperio tenga calidad moral, salvo porque hablando de la libertad de expresión en el informe dado a conocer apenas por Blinken, pero desarrollado en el gobierno de Trump, se ha referido al tema.

Y les va como en feria, a Sanjuana y al propio presidente López Obrador por el desaseado trato a los periodistas en sus "mañaneras". A ella, por violentar los derechos humanos de los huelguistas y agredirlos desde cuentas de Twitter creadas ex profeso; a él, por generar un ambiente de rechazo y degradación del trabajo periodístico, lo cual que genera un ambiente mediático lo menos de linchamiento.

Sin olvidar que la directora de la agencia desacata las órdenes judiciales de reinstalar a los huelguistas, de reconocer sus derechos laborales y respetar la ley laboral. Qué decir, que violenta el derecho de la sociedad a estar informada y desconoce las funciones de una Agencia de Estado como tal.

Como si la finalidad sea otra, no la de respetar derechos laborales de los trabajadores, sino desaparecer la agencia. Sin política clara de comunicación social, también sale sobrando una Agencia de Estado. ¿Eso con qué se come?

Y del presidente, que discrimina al gremio, al meter a todos en el mismo costal calificándoles de "chayoteros", "prensa vendida" o traidores a la patria. Es claro que los hay, quienes protegen sólo sus intereses, y defienden el estatus quo del sistema de derecha, de los privilegios de unos cuantos, pasando por el dispendio de los fondos públicos, la propaganda bien pagada y otros servicios al poder.

El informe de Blinken no tiene más relevancia que la intromisión en los asuntos internos de terceros países —a México y al mundo—, haciendo el honor a su política injerencista como imperio rapaz. Antes bien el mundo deberá repudiar tales informes. Pero pone el dedo en la llaga, tanto el caso Notimex como del gobierno de AMLO.

Pero la falla está en la ausencia de una política de Estado, institucional y al servicio de la libertad de expresión, como del derecho a la información de todos. Sin chistar, por los entresijos que le caracterizan al actual gobierno contra la prensa.

Hacerle caso la crítica constructiva es lo mejor, pero ¿los sabe el presidente?; lo peor sería esperar alguna "sanción" desde el Washington metiche, en los temas de derechos humanos donde no respeta ni a los de sus propias minorías. Eso solito justifica tales informes de su autoría.

El tema es complejo, pero como en todo, encontrar el hilo es comenzar a desenredar la madeja.

30 de marzo de 2021.


Director de geopolítica.com