China y Rusia pueden bloquear cualquier intento de ejercer más presión global sobre Irán a través de las Naciones Unidas.

El pacto entre China e Irán, adversarios estadounidenses unidos para promover sus planes estratégicos, incrementan las preocupaciones en Estados Unidos, cuyos políticos pensaban que con la ida de Donald Trump las aguas volverían a los niveles de antaño, considera The Wall Street Journal.

Las dos partes firmaron lo que describieron como una “asociación estratégica” de 25 años que equivale a una profundización significativa de los lazos.

China invertirá varios cientos de millones de dólares en una variedad de proyectos que incluyen energía nuclear, puertos y desarrollo de petróleo y gas.

A cambio, China obtendrá un suministro constante de petróleo.

Los dos también profundizarán su cooperación de defensa ya que China transferirá de tecnología militar.

Los defensores del acuerdo nuclear de Irán de 2015 dicen que esto no significa más que el status quo y, por lo tanto, no debería interferir con el renovado cortejo de Estados Unidos a Irán.

No les crea. Este es un gran asunto que promueve los intereses estratégicos de ambas partes, a expensas de Estados Unidos y la estabilidad en Medio Oriente, arguye The Wall Street Journal.

El acuerdo ayuda a Irán a eludir sanciones estadounidenses y la inyección de efectivo aliviará la presión económica sobre los gobernantes. Irán tendrá un comprador durante mucho tiempo para sus exportaciones de petróleo reducidas por las sanciones de Estados Unidos.

Los ingresos en divisas, si es así como se realizan los pagos, financiarán el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y las fuerzas de poder en Yemen, Siria e Iraq; son los temores del periódico neoyorkino difusor de criterios y opiniones de los ricos estadounidenses.

También formarán un banco chino-iraní con el objetivo de evadir el dominio mundial del dólar estadounidense, romper el cual es uno de los objetivos de Rusia, China e Irán.

China cree que el despilfarro fiscal de Estados Unidos está poniendo en riesgo el papel del dólar como moneda de reserva mundial, y aspira a que el yuan chino lo reemplace.

El acuerdo expande la influencia económica de China en Medio Oriente, en tanto que corteja a los estados del Golfo con señuelos comerciales, dice The Wall...

Dado que la revolución del esquisto ha hecho que Estados Unidos sea menos dependiente del petróleo de la región levantina, esos exportadores de petróleo necesitan acceder al mercado de China.

Si se considera a Estados Unidos no confiable, esos países pueden cubrir sus apuestas con China; la influencia estadounidense en el Golfo no es un derecho de nacimiento, advierte el diario.

El vínculo China-Irán también complica los intereses estratégicos de Estados Unidos.

El presidente Joe Biden y Europa quieren que Irán se vuelva a unir al acuerdo nuclear de 2015, pero un Irán respaldado por China tendrá menos presión para hacerlo.

Lo mismo ocurre con la ayuda a sus representantes hutíes que luchan por la independencia en Yemen.

China y Rusia pueden bloquear cualquier intento de ejercer más presión global sobre Irán a través de las Naciones Unidas.

El presidente Biden y su equipo de presuntos liberales internacionalistas dicen que quieren revivir el orden internacional "basado en reglas" que creen que Trump desmanteló.

Es una ficción agradable. Ese orden comenzó a erosionarse con el surgimiento de esos adversarios regionales, quienes extendieron su influencia con poco desafío estadounidense durante la presidencia de Barack Obama.

La idea de que la ONU y otras instituciones multinacionales que incluyen a estos adversarios van a hacer cumplir las reglas globales contra sus aliados rebeldes desafía la experiencia. Socavarán esas reglas cuando sirva a sus intereses.

Si Biden quiere restaurar el orden global basado en reglas, Estados Unidos y sus aliados tendrán que hacerlo, un peligro por los métodos que podría adoptar, incluido el de la fuerza militar o violencia, su preferido.

Por Mayadeen Español / 30 Marzo de 2021.


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