Por Salvador González Briceño

*Como en los viejos tiempos del PRI, ahora “no hay tapados”, dice el Presidente López Obrador

¿Es el estilo personal de gobernar?, o se le acabó el aire a la 4T.

El tema de la sucesión presidencial se impuso con insistencia, no precisamente a iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador, como por la presión política que surgió a raíz de las elecciones intermedias del pasado 6 de junio.

Además, el asunto subió de tono por algunas connotaciones, digamos que circunstanciales, como:

1) Que se trató del proceso electoral más relevante de la historia de las votaciones en México, por la cantidad de puestos de representación popular en disputa;

2) Ha flotado en el ánimo de la oposición, sin fundamento también, que el presidente tiene intenciones de reelegirse;

3) Porque fue la elección de mitad de sexenio, donde solo faltó presidente y Senado, y algunas gubernaturas;

4) Los imprevistos, como la pandemia y el derrumbe del tramo de la Línea 12 del Metro, metieron en aprietos a dos de los protagonistas y favoritos del presidente: a Marcelo Ebrard y a Claudia Sheinbaum, de Relaciones Exteriores y Jefa de Gobierno en la Ciudad de México, respectivamente;

5) La cercanía de la consulta ciudadana, a sugerencia del propio López Obrador, a realizarse el 22 de marzo de 2022, para la revocación del mandato la sociedad decida si el presidente sigue en el cargo o se va.

Esta coyuntura postelectoral obligó a hablar del tema de los “tapados”, con destapes. Además, para la derecha agrupada en torno al Prianrd que espera cualquier resquicio para denostar y presionar al presidente —muchas, disputas ideológicas—, la reelección y del “destape” son temas centrales para darle juego en los medios de comunicación aliados y atraer la atención.

Los medios, a los que critica el presidente día con día —las partes exponen sus razones, no obstante—, sacan a relucir este tema de los posibles candidatos que despierta la curiosidad de los ciudadanos y para llamar la atención de la opinión pública, además de la reelección y posible relevo presidencial.

Sin proponérselo, además de informar diariamente el presidente en sus conferencias de prensa, cierto que habla de todos los asuntos de interés nacional, pero también se expone al sacar la casta como buen polemista.

El estilo personal

Y así sean ideas y proyectos, hasta convicciones de lo que habla, se “desgasta” cuando habla de todo como si lo supiera. No acepta que no todo lo sabe, porque además nadie está obligado a saberlo: ni saberlo todo ni todo el tiempo. Pero es imposible.

Si bien esto puede verse como su “estilo personal de gobernar” en el concepto de Daniel Cosío Villegas, subirse al ring por todo y por nada, comienza a dejar la impresión de no respetar la Investidura.

También, que sigue polemizando como dirigente de partido, o candidato en campo como tanto que luchó durante tres candidaturas por la presidencia de la República. Como si olvidara que ya es el Presidente.

Un ejemplo es la subida de tono en algunos temas —el derecho de réplica no implica agarrar parejo—, le hace ganar “enemigos”, por mucho que el presidente diga que se trata de adversarios a vencer.

El caso es que, entre otras razones, hablar del tema sucesorio implica que: a) el presidente muestra fragilidad política, al meter el tema de la sucesión con mucha antelación, para él y sus “gallos”, a quienes pone nombres y apellido; b) el nombrarlos probables sucesores los incluye en un inevitable desgaste por ponerlos en el escaparate; c) el tiempo que falta para la elección del sucesor es suficiente para que cualquiera de los preferidos caiga, como Claudia o Marcelo, contra quienes pesa el derrumbe de la Línea 12.

Aparte, lo dicho del “relevo generacional” para la 4T carece de sentido. Los hay siempre. Incluso con el PRI. Lo peor es la “exposición” innecesaria a la crítica incluso destructiva de los favoritos. Y la exclusión, porque eso genera división. Por el favoritismo. Como si “destapar” al bueno ya la tenga segura como sucesor. Pero más bien es lo contrario.

Los tiempos, claro, que no son los adecuados. La reserva del tema hubiese sido lo mejor. Porque a partir de ahora seguirá el revuelo. Como sucedía al quinto año de gobierno, pero no en el tercero. Craso error. Sin saberlo o sin querer, eso le dará alas a la derecha, que está ansiosa por volver al poder, y por eso se agrupa en coalición.

Por tanto, cabe la pregunta, ¿lo que resta del sexenio será de cumplidos para la 4T?, o una larga agonía. Políticamente apunta a lo segundo, salvo que los tantos otros asuntos pendientes encuentren rutas de solución, en los hechos. Que son muchos, como la economía deprimida, con todo y pese a la pandemia. Como la seguridad, por ejemplo. Heredada, cierto, pero sin resultados claros todavía.

Como se dijo antes, las elecciones intermedias cambiarían el panorama político del país y tal vez del sexenio, Como está sucediendo y lo vemos ahora. Más lo que resta, para la 4T, que vale se propuso cambiar al país. Pero le falta más aire, para cumplirle a la genta, a los mexicanos.

Incluso del panorama político latinoamericano, de países que han puesto sus esperanzas en que México, ahora sí, voltee al sur y no solo al norte. No como instrumento del imperio, sino como hermano solidario. Por eso, porque el compromiso no es solo en casa, habrá que relanzar a la 4T. Lo contrario será el retorno de la derecha. Porque mal ejemplo es el acarreo, la escuela del PRI, como el evento último de Morena.

7 de julio 2021.


Director de geoplítica.com