Por Salvador González Briceño*

*La multipolaridad avanza y se consolida en tanto la unipolaridad se descarrila con visión de Guerra Fría

Tratándose de los movimientos geoestratégicos entre potencias, cabe revisar la última apuesta por la reconfiguración geopolítica del mundo, por cierto, entre dos frentes claramente relanzados: uno del Occidente limitado, el otro; un Eurasiático ampliado o más allá del Heartland de Halford John Mackinder en suelo ruso.

El primero encabezado por los Estados Unidos (EE.UU.) que procede conforme a la estrategia ajedrecista de Guerra Fría —maniquea entre “buenos y malos”, pero al fin guerra—, esa herencia de la geopolítica de Zbigniew Kazimierz Brzezinsky y el “internacionalista” (?) y regente de la CIA para golpes de Estado en Latinoamérica, como en Chile el 11/S/1973, Henry Alfred Kissinger.

El otro erigido como frente por las circunstancias de acoso imperial, es conformado por China y Rusia en una lógica mayormente compleja —como el Go, Wei-ki chino de muchas fichas y arraigo japonés—, que lucha por ganar cada vez más territorio del que paulatinamente escapa al control del capitalimperialismo (o financiero-especulativo hoy en caos) anglosajón, siempre en el marco de una globalización neoliberal impuesta y decadente, también desde la óptica occidental.

Sendos frentes que no dejan de luchar por la hegemonía global, solo que ya no entre dos países como sucedió durante la Guerra Fría, uno capitalista y el otro socialista, sino ahora entre bloques o grupos de países. Para mayor claridad, la pugna que se está conformando ahora en la geopolítica mundial no será solo EE.UU.-China.

Por cierto, un paréntesis, que se trata de un escenario mundial más complejo, un reto mayor para la neogeopolítica o la geopolítica de la multipolaridad donde como en la perinola: “todos ponen”, pero también “todos ganan”.

Nuevos actores se están sumando, o vienen coincidiendo en el tiempo, para agruparse en torno al último que está feneciendo. Claro que China no está jugando el rol de la URSS en la situación de posguerra, o de Guerra Fría, frente a EE.UU. Por lo mismo, los polos ya no son únicos o bipolares hegemónicos.

A partir de ya, se trata de la participación de más actores en escena. Con metas similares, de luchar por la hegemonía sí, pero contra el viejo orden y desde un poder compartido donde cada país su juego, rol y participación inclusiva.

Porque cada vez queda más claro, con todo y el imperio estadounidense pretende dominar a sus aliados del nuevo bloque —como lo venía haciendo con la Unión Europea durante la segunda posguerra y aplicó vía el control de la OTAN—, que el dominio unipolar no será más.

El imperio no se recupera

Claro que se trata de alentar nuevamente los escenarios de la Guerra Fría entre dos sistemas económicos —el capitalista y el socialista—, pero incluso ese esquema está superado ya, principalmente desde el avance chino por las reformas económicas del presidente Deng Xiaoping y del empuje ruso de las últimas dos décadas con Vladimir Putin al frente.

Desde otro punto de vista, que coincide con los huecos que va dejando el imperio en su retroceso, sucede que desde la decadencia en la economía tras la crisis de 2008-09, el imperialismo estadounidense no se recupera. Ni internamente ni hacia afuera.

Peor con el desprestigio ganado a pulso desde la operación 11/S, donde el imperio quedó al desnudo y tras dos décadas por un retiro de Afganistán que lo derribó a ras del suelo en los escenarios globales.

Por lo anterior es que ha sido muy importante para el rompimiento de la hegemonía imperial de EE.UU. la “huida” (Putin) de Afganistán, porque marcó el quiebre al interior mismo de la Casa Blanca, entre el poder presidencial de Joe Biden y del brazo armado del Pentágono, los generales del Estado Mayor Conjunto.

La querella reciente (la última, porque viene de atrás) entre ambos poderes, el presidencial y el militar (¡disputa interna, división o pleito casado ya!, nada fácil para cualquier poder civil), sobre de quién recae la responsabilidad por tan lamentable “salida caótica y trágica” de Afganistán, quedó más que clara en la comparecencia ante el Senado de EE.UU. de la cúpula armada la última semana de septiembre: el jefe del Estado Mayor Conjunto James Mark Milley, el titular de defensa Lloyd Austin y el comandante del Mando Central del Pentágono, general Kenneth McKenzie.

Como si de lavarse las manos como Pilatos se tratara, que lo es, pero claramente la responsabilidad es de todos, desde el presidente George W. Bush y su gabinete de halcones, al declarar la guerra al terrorismo sin mayor prueba que el autoatentado como lo fue el 11/S a las Torres Gemelas de Nueva York, a los presidentes siguientes hasta llegar a Biden y la sucesiva cúpula militar también.

Dicho lo anterior, por cierto que no se trata de los dos eventos últimos, de bongo y platillo, digamos las asambleas de los países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) realizada en México —hoy con presidencia pro tempore—, como de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) realizada en Nueva York entre los días 21 al 27 de septiembre.

La jugada, mejor dicho “jugadas” entre ambos frentes: 1) El del Occidente corto o limitado que busca recrear al añejo esquema de confrontación de la segunda posguerra, comandado por la unipolaridad de EE.UU. —no obstante, la alianza de los cinco ojos o el ciberespionaje, súmese Canadá y Nueva Zelanda, salga fortalecida—, y; 2) El Eurasiático que, apuesta a la creación de otras reglas con nuevas estrategias, ambos enmarcados y por arriba de sendas reuniones ONU-CELAC.

AUKUS versus OCS

Se trata de AUKUS (por sus siglas en inglés: Australia-United Kingdom-United States) y OCS (Organización de Cooperación de Shanghái), de Occidente el primero y Eurasiático el segundo.

AUKUS, alianza estratégica y militar conformada entre pares “occidentales”: Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, para la “seguridad” de la región comprendida en el Mar de China Meridional. Claramente para la contención de China (República Popular de China o China Continental), ese mar-territorial de por sí en disputa también por la República de China (Taiwán), Vietnam, Malasia y Brunéi.

Anunciada el 15 de septiembre por EE.UU., la nueva alianza del Indopacífico, es un “ambicioso pacto de seguridad para compartir tecnología avanzada de defensa”, lo que se asume como estrategia para contrarrestar los avances chinos. Biden anunció el “histórico” AUKUS por videoconferencia, en presencia del británico Boris Johnson y el australiano Scott Morrison.

Dijo Biden: “Tenemos que ser capaces de abordar el actual entorno estratégico de la región, y su evolución, porque el futuro de cada una de nuestras naciones y, de hecho, del mundo, depende de que el Indopacífico sea libre y abierto”, en referencia a China. Por lo que al nuevo socio, Australia, el acuerdo le permitirá construir submarinos nuclearas por primera vez con el apoyo de EE.UU.

El acuerdo AUKUS, sin embargo, tanto deja fuera a la Unión Europea como particularmente a Francia, país con el que Australia tenía firmado un convenio desde 2016 para la construcción de 12 submarinos por el país galo, para la armada australiana por un monto de 50,000 millones de dólares de ese país.

Por ello el presidente Emmanuel Macron protestó molesto: “El acto que hizo el señor Biden, es digno de lo que ha mostrado su predecesor, Donald Trump, al no avisar a sus aliados europeos y franceses.”

En tanto la reacción del gobierno chino consideró que se trata de un pacto que “amenaza con dañar gravemente la paz regional… e intensificar la carrera armamentista”, además advertir que los países están “dañando sus propios intereses”, con una acción “obsoleta de la Guerra Fría”.

Y es verdad. Con AUKUS, como alianza estratégica y militar, esta parte anglosajona de “occidente” da una muestra más de la decadencia en la que se encuentra, más que de fortaleza y la pretendida “contención” a China. Sobre todo, cuando los conflictos ahora no están en las “guerras directas” o de grandes combates, como en los escenarios de la guerra híbrida (ciberataques, terrorismo, campañas de desinformación y propaganda política, suma la “guerra económica”); por ello calificar de Guerra Fría entre EE.UU. y China, valida tipificar AUKUS “obsoleta” pero que sí representa una amenaza para la paz regional.

La reconfiguración del mundo es multipolar

Por otra parte, en la 21 Reunión de Consejo de Jefes de Estado de la OCS realizada el 17 de septiembre, organismo creado el 15 de junio de 2001 por países como China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, incluye a la India y Pakistán, se refrendó la organización multipolar entre los participantes.

Siempre en el “Espíritu de Shangái”, al decir del presidente Jinping, de confianza recíproca, beneficio mutuo, igualdad, consulta, respeto a las diversas civilizaciones, búsqueda del desarrollo común y comprometidos con la paz, el desarrollo mundial y el progreso de la humanidad.

Por tanto, reunión del organismo con algunas novedades para terceros países: 1) Conceder el estatus de “país socio para el diálogo” a Egipto, Catar y Arabia Saudí, 2) Como invitado de honor asiste Turkmenistán, como observadores Bielorrusia y Mongolia; 3) Con la presencia del presidente iraní, Ebahim Raisí, se anuncia “la decisión de poner en marcha el proceso de adhesión de Irán como miembro pleno de la Organización.

Este asunto lo anunció el presidente Xi Jinping: “Iniciaremos hoy los procedimientos para admitir a Irán como miembro de pleno derecho de la OCS”. En tanto el presidente Putin habló de la ampliación geopolítica de la organización: Asentado en el memorando de entendimiento entre la OCS y la Comisión Económica Euroasiática.

Un paso —aseguró— para la conformación más amplia que propone Rusia, de una Gran Asociación de Eurasia que incluya, con la OCS, a la Unión Económica Euroasiática (UEEA), la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la Belt and Road Initiative (BRI) —Iniciativa de la Franja y de la Ruta— de China que romperá fronteras y abrirá la inversión china en todo el mundo, como lo está haciendo ya.

Por estos anuncios que representan avances en el contexto de la multipolaridad y la importancia de los socios de la OCS —más que tres países o cinco, preparados para la vieja Guerra Fría, esa guerra del occidente corto de Biden que es AUKUS—, dicho sea, que se trata de la contraparte imperial, lejos del hegemón que pretende EE.UU. y el dominio de la unipolaridad, cuando el mundo tiene clara la decadencia imperial estadounidense.

Las reuniones de CELAC y Naciones Unidas, sí que han sido importantes, pero AUKUS y sobre todo OCS atrajeron la atención de los observadores de la geopolítica mundial.

Es decir, salvo algunas excepciones, en las primeras se abordaron los asuntos en el marco de Guerra Fría —de pesos y contrapesos: las demandas de siempre de los países reclamantes, y los oídos sordos de quienes nunca han atendido los problemas creados por ellos en el mundo como el cambio climático, y las vanas promesas de Biden que no tuvieron resonancia por su falta de credibilidad—; en las últimas, en cambio, por un lado se crea un ambiente de guerra desfasada (AUKUS), de guerra al fin, pero en la OCS se fortalece la multipolaridad.

Por lo anterior, aseguramos, que la reconfiguración geopolítica del mundo avanza hacia la multipolaridad, ajenos a la regencia o del hegemón imperial estadounidense. El tiempo lo dirá.

Por cierto —antes de cerrar esta nota—, decir que no se trata de adivinar el futuro, o “ver el futuro con varios días por adelantado” en “minutos, horas o días”, como lo anunció el general VanHeck del Pentágono el 3 de agosto de 2021, en su Global Information Dominance Experiments (experimentos de dominio de la información global).

Se trata de la prospectiva fundamentada tanto en el conocimiento del mundo como de los actores, los acontecimientos y de la información pública selecta como “fuente abierta”.

Nunca en la lógica que presume el Pentágono ¿Cómo fue que no advirtió, o desestimó demasiado, que el gobierno afgano que él creó, el ejército que él capacitó era altamente corrupto, y debió preparar mejor su “escape” de ese país (dejar sí o no los 2,500 o más soldados)? ¿Por qué no “vio el futuro” para evitar caer en el descrédito como ejército, como país, como potencia y como imperio que está perdiendo el control del mundo?

30 de septiembre 2021.


Director de geopolítica.com.